Estaba por colapsar, todo había sido un fiasco, un error, una consecuencia de mi desesperación por liberarme del peso que se apoderaba de mi cuerpo cansado, era absurdo, mi reacción quizás era exagerada, pero, mis emociones pendían de un hilo desde hace mucho, por lo que mirando a Damien me abracé a mí misma para mantener el calor en mi cuerpo ante el frio del clima, y, caminé sin obedecerlo, él apretó los labios caminando hacia el interior de su lujoso auto, él entró dando un portazo sin importarle que mis amigos se dieron cuenta al salir del local, arrecié el paso saliendo del estacionamiento pisando fuerte, mis nervios se sacudían dentro de mí, en un inminente ataque de ansiedad, uno que ya me era bien conocido, pero me mantuve, continué con mi camino apretando el bolso en mi cuerpo y los restos de comida en una mano temblorosa.
Ignoré cuando el Maserati se acopló junto a mí en la calle medio vacía, y fruncí el ceño cuando Damien bajó el vidrio del auto para hablarme desde el interior.
- ¡Con una mierda Stella, sube al auto! – Gritó apretando el volante mientras el coche andaba junto a mí, a la velocidad de mis pasos.
- ¡Vete a la mierda Damien! -Contesté con el llanto picando mi nariz, Damien maldijo.
- ¡Sube al maldito auto o bajo por ti! – Aulló él acelerando el coche, haciendo que el motor rugiera en medio de la noche, provocando que me frenara de golpe ante el estridente poder del motor de maserati, lo miré de reojo con los labios apretados.
- ¡Joder! -Grité tirando los restos de comida sobre la calle, y, completamente molesta tomé la puerta para abrirla sin el menor cuidado, hasta ese punto me importaba un cuerno si dañaba el costoso auto y, molesta azoté la puerta cuando me subí en el interior, Damien me miró con los labios apretados, pero en cuanto estrellé la puerta, él aceleró el auto haciendo que mi corazón se saliera de la boca, pero no le daría el gusto por hacerle notar que me sorprendía, por lo que apretando los dedos de los pies, Damien me llevó por las calles despiertas de Nueva York esquivando autos a una velocidad que asustaría a cualquiera.
Lo miré fijamente.
- ¡Mierda Stella, deja de mirarme de esa manera! – Gruñó mientras serpenteábamos a gran velocidad sin un rumbo en específico.
- ¡Eres un idiota! -Contesté, Damien aceleró mucho más, cerré los ojos, el heredero chasqueo los labios con el entrecejo fruncido y de un volantazo viró hacia un lugar solitario por los muelles.
- ¡He tenido suficiente contigo! -Musitó frenando frente al borde de la orilla de la calle que desembocaba a una caída libre al helado mar oscuro, grité aferrándome al tablero entre jadeos, mientras la gravedad tiraba de mi hacia adelante, que si no meto las manos me hubiera estrellado contra el frio parabrisas, rechiné los dientes abriendo las puertas para salir a gran velocidad, seguido por Damien quien como yo, no le importó la puerta de su propio auto, azotándola sin remordimiento, para rodearlo y llegar hasta donde estaba entre bufidos de ira.
- ¡Suficiente idiota, suficiente! -Le grité arrojándole mi bolso con fuerza, él se protegió poniendo los brazos sobre él –¡Suficiente he tenido contigo! –
- ¡¿Qué mierda te pasa?! – Gritó.
- ¡Estoy harta de esto Damien! – Contesté con las lágrimas escapándose de mis ojos, él chasqueó los labios en medio de un suspiro de cansancio - ¡Y ni siquiera he podido buscar a mi padre! -. Grité con el rostro cubierto de todo el peso del dolor y la verdad, mientras lo contemplaba con los ojos brillosos y tremendamente convertidos en auténtico resentimiento.
- ¡Basta ya Stella! ¡estoy cansado de esa mirada tuya! – Gritó el heredero golpeando el capote del auto lujoso, estremeciéndome mientras lloraba completamente rota.
Tenía ganas de tomarme de los cabellos, tirar de ellos y, sobre todo, de desaparecer, mi mente colapsaba y no sabía que más hacer, me volvía loca y parecía que solo estaría consciente de que eso pasaría, me abracé a mí misma, consolándome ante la pena que llevaba invadiéndome por casi dos años.
-Es que, “lo extraño”-, dije apenas en un hilo de voz -además, me hace falta mi madre, quiero que me abrace-, soltaba con las lágrimas escurriendo como cascadas, Damien se restregó el rostro -por dios, solo quiero despertar, siento que esta pesadilla ya duró demasiado-.
-Cállate Stella-, contestó el rubio con la mirada y la mente al límite, apreté las manos en mis brazos -no quiero que sigas-. Pidió más como un imploro, pero yo estaba tremendamente quebrada, no había voluntad en mi dolor.
- ¿Por qué maldito Damien? -Volví a levantar la voz, él levantó la mirada consciente de mi derroche - ¡Joder, por qué! -. Mi corazón se salía de mi pecho, las palabras se acumulaban en mi lengua, había sido tanto tiempo en que no lo había llamado por su nombre que sentía que la verdad se me acumulaba en el corazón, pudriéndolo, lastimándome mucho más de lo que ya estaba herida, Damien me miró en advertencia, pude notar el dolor en sus ojos y, sobre todo, en el odio que sentía al saber que mi lengua se hinchaba por gritar la verdad.
-No lo hagas, no lo digas…- Advirtió con voz quebrada.
- ¡ESTÁ MUERTO DAMIEN! -Grité sintiendo como la coraza en mi corazón se astillaba - ¡SE SUÍCIDO, LO HIZO!, ¡IVÁN ESTA MUERTO!, ¡Y MI MADRE TAMBIEN LO ESTÁ! ¡ME HE QUEDADO SOLA! -Aullé - ¡Y PARECE QUE TE IMPORTA UN CUERNO, NI SIQUIERA LO MENCIONAS! – Estallé, terminando de destruir lo poco que quedaba, Damien me miró como el peor villano que haya conocido, sentí como mis palabras calaron como cuchillos dentro de su alma rota.
- ¿Qué no me importa? -Preguntó con el rostro desfigurado de dolor, pestañee contagiada de su ponzoña - ¿Dices que no me importa? -Repitió mirándome desde el otro lado del auto - ¡ERA MI PUTO HERMANO STELLA! – Las lágrimas empañaron su visión mientras despotricaba - ¡COMO MIERDA TE ATREVES! -Me apuntó con resentimiento.
- ¡Acéptalo de una maldita vez Damien! – Continué, él apretó los labios con la ira contenida en todo su cuerpo, apretó los ojos con fuerza mientras sentía que estaba por estallar, luego, gritó, soltando todo el dolor contenido en un poderoso alarido de agonía, mientras yo no contenía mis lágrimas escapando de mis ojos irritados, mi corazón se contrajo en medio de la escena, aquel veneno se colaba por mis venas quemándome, envenenando lo que quedaba, miré hacía el cielo con el rostro mojado de llanto y la mente fragmentándose, las estrellas plateadas pululaban hermosas en medio de la noche fría y solitaria, al mismo instante en que exhalaba un denso vapor de mi boca -Dios-, susurré en voz rota, apenas en un hilo de voz entre los jadeos del llanto, mis lágrimas y los gritos de Damien -por favor, has que esto se detenga-. Imploré arrojando mi rezo hacia el universo, quería ser escuchada y bendecida, mi mente ya no lo soportaba más, necesitaba ayuda.
Damien jadeó entre lágrimas, agotado y roto mientras que yo, me aventuré a mirarlo fijamente, sus ojos brillaron mientras nos mirábamos, resoplé apretando mis puños con fuerza, tanto que me hice daño, y, me mantuve quieta mientras el atractivo heredero rodeaba el hermoso Maserati para llegar hasta mi como una locomotora, el vapor salió de mí y solo cerré los ojos cuando me tomó por la quijada con ambas manos para alcanzar mi boca helada, dejándome probar el sabor salado de sus lágrimas empapando sus labios, aquel vacío debía ser llenado, sino moriría, moriría sino lo tenía de nuevo invadiendo alguna parte de mi cuerpo, por lo que lo rodé con ambas manos trayéndolo más a mi cuerpo ansioso y sumamente necesitado, pese a que el alma dolía y que en nuestras mentes, los ojos azules de Iván invadieran cada pensamiento, Damien me arrojó con desespero en la parte trasera del auto, caí de panza sobre el blando asiento mientras permitía que él se sentara a horcajadas sobre mi trasero para tomarme por el pelo con fuerza, el tirón hacia atrás me hizo gemir sonoramente, haciendo que Damien hirviera, sentí su entrepierna endurecida puesta sobre mi trasero mientras se inclinaba para pasarme la lengua por mi mejilla derecha, para lamer el camino salado de mis lágrimas.
-Admite que amas esto-. Me susurró en la oreja mientras me daba la vuelta con una habilidad de pocos, entrecerré los ojos, pero no le respondí, en cambio, me atreví a alargar un brazo para abofetearlo con fuerza, incitándolo, Damien jadeo cegado de lujuria y procedió a reventarme la modesta blusa de mi trabajo con una mano, los botones salieron disparados por todos lados mientras los ojos de bestia de Damien inspeccionaban mi pecho cubierto solo por mi simple sostén n***o, quise evitar que me tocara pero él logró hacerse de mis manos para aprisionarlas por sobre mi cabeza con solo una mano, para luego, con la mano libre, manosearme a libertad, gruñí y logré levantar una pierna, lastimándole la cadera con la rodilla, Damien me miró con un incendio en los ojos mientras la escasa luz mortecina del vacío muelle, iluminaban los caminos descendentes de sus lágrimas en las mejillas, el brillo rojizo de mi cachetada resplandecía doloroso en su rostro, pero el dolor no impedía que yo lograra apagar sus ganas, sin embargo, no estaba dispuesta a detenerme, logré sacar una mano de su agarre y sin que lo previera, le golpeé la nariz tan fuerte que sentí como el hueso de su puente chasqueo ante mis nudillos, Damien se detuvo un poco sometiéndome ante su fuerza, él pestañeo, al mismo tiempo en que sonreía con enfermizo deseo, mi corazón casi me bota del pecho cuando un delgado hilo de sangre escapó de su nariz lastimada para gotear sobre mis pechos, caliente y cosquilleante, me relamí los labios, Damien hizo su esperado movimiento, solo que dejé que hiciera lo que quisiera, por lo que le permití que me sacara los pantalones por una pierna, mi cuerpo protestó mojándose todavía más, él entornó los ojos en mi rostro y, ahora sí, sin esperarlo, enrolló mi delgado cuello con una mano, para mantenerme quieta, parpadeé sintiendo como el aire se me cortó, Damien nunca jugaba, siempre lo hacía en serio, por lo que contemplé mientras el aire poco a poco se me cortaba, como llevaba su mano libre por la cremallera de sus pantalones, para a continuación, exponer su hombría bien despierta y enorme ante mí.
No pude prepararme para recibirlo, pues, se introdujo en mí de un brusco empujón sin soltarme del cuello, sentí como se acomodó entre mis piernas para comenzar a hacerse de mí sin ninguna consideración mientras sus manos me estrangulaban, que, hasta ese punto, no podía sacarme de encima y mucho menos, me dejaban respirar.
Damien me contemplaba casi sin parpadear mientras entraba y salía en mi con velocidad, sus ojos inspeccionaban mi rostro que poco a poco se enrojecía he hinchaba por la falta de oxígeno, llevé mis manos sobre las suyas, estaba por desmayarme luego de un rato, pero Damien era implacable, estaba desorbitado, envenenado por la retorcida lujuria que nos caracterizaba, luché por aire pero era inútil, la mente se me nublaba y mi cuerpo se sacudía, me ahogaba y, en cambio mi cuerpo lo disfrutaba, no tarde en sentir como el inminente espasmo poderoso del orgasmo crecía con creces en mi vientre, haciendo que Damien entrara con mayor facilidad en mí, él me regresó la mirada fascinado por la reacción de mi cuerpo, al fin tendría mi consolación, al final tendría el dulce ante mi llanto y todo lo que me lastimaba; cerré los ojos sintiendo que estaba al borde del desmayo y del orgasmo, el que llegó primero, explotando en mi interior tan poderoso como una bomba, un grito ahogado fue lo único que pude expresar ante las sacudidas deliciosas que invadieron mi cuerpo, mis ojos se fueron detrás de mi cabeza mientras la sensación recorría todo mi cuerpo quemando mis nervios, pero, Damien me soltó, dejándome respirar, una enorme bocanada de aire entró a mis pulmones que ardieron mientras un desagradable mareo me invadía, desplomada en el asiento jadee con los brazos lánguidos y el corazón saliéndose de mi pecho mientras Damien salía de mi respirando con fuerza y sin quitarme los ojos de encima.
-No sé qué debo decirle a papá ahora-, musitó -mañana estará en el restaurante-.