Todavía intentaba comprender como era que había llegado a esa situación, como me había convencido, ahora estaba aterrada, mientras me mordía las uñas en mitad de la noche con Isabella, Olivia, Alex, Noa y París esperando a que Damien terminara de despedirse de Joyce, mis piernas vibraban ante lo arrepentida que me encontraba, ¿En verdad yo había aceptado? O Damien se había invitado solo, por la consternación ya no lo recordaba, pero lo que si sabía era darme cuenta del peligro en el que me había metido, si se suponía que Damien no debía estar junto a mis compañeros de trabajo, no junto a Noa, por lo que no sabía si salir corriendo o quedarme clavada en el suelo como la estúpida que era, los nervios invadían, incluso entre mis amigos reinaba, Damien era un cliente y no uno cualquiera, además estaba todo ese misterio que nos rodeaba, dude de mis facultades en ese momento ¿era correcto lo que estaba pasando? Por dios, me desmayaría, claro que no estaba en lo correcto, Damien era toda una experiencia, no estaba preparada para darles a descubrir aquel mundo retorcido que era el poderoso heredero de la casa Romanov.
- ¿Alguien más está nervioso? -Preguntó Olivia abrazándose a sí misma.
Nadie le respondió, el frio y la expectación les calaban, pero no como a mí que sentía que estaba por tener un paro cardiaco.
Me aclaré la garganta, luego lo vimos salir en silencio del local que ya había cerrado con aquel hermoso porte, el aire frio de la noche le abrió el abrigo revelando su bien trabajado cuerpo cruel que arrancó un sutil gemido a las mujeres presentes, si, ese era Damien.
-Perdón por la tardanza-. Dijo él caminando con las manos en los bolsillos hacia el grupo, quien se sacudió ante él.
-No pasa nada-. Respondió Olivia mirándolo con antojo.
Noa se aclaró la garganta.
-Iremos a comer comida china-, dijo el barman tomando la mano de Paris - ¿no tienes ningún problema con eso? – se dirigió específicamente a Damien, era claro que él era jodidamente rico, y el resto, apenas empleados.
Damien estiró sus labios mostrando su perfecta sonrisa blanca.
-Claro que no, Stella y yo solíamos pedir comida donde a ella le gustaba-. Me evidenció, sonreí débilmente.
-Entonces vámonos-. Intervine moviéndome.
-Oh, pero-, París nos frenó - ¿Tienen dónde irse? – Ella le preguntó directamente a Damien, él asintió con la cabeza.
-Mi auto esta estacionado cerca-, dijo -puedo llevar a quien no-.
-Nosotras no tenemos en donde irnos-. Saltó de pronto Olivia rodeando el brazo de Isabella, la que se sonrojó, Damien asintió con la cabeza, yo me relamí los labios sacando mi celular para pedir un Uber.
Pero Damien me tomó por el brazo con firmeza.
- ¿A dónde vas? Tú vienes conmigo-. Me arrastró comenzando a caminar conmigo bajo el brazo.
-Puedo tomar un Uber, Alex puede irse conmigo-. Repliqué mientras éramos seguidos por ambas chicas.
- ¡Basta Stella! -Me reprendió mientras los ojos sorprendidos de Noa, Alex y París nos miraban de pie en medio de la calle.
-Damien-. Me saqué el agarre firme, él se giró para mirarme, sus ojos estaban llenos de disciplina, por lo que me silencié.
Olivia he Isabella se nos emparejaron.
- ¿Cuál es tu auto? -Le preguntó Isabella poniendo las manos en su espalda.
Damien estiró un largo brazo hacia un costoso auto n***o.
- Es el Maserati de allá-. Dijo silenciándola.
-Ah-.
Olivia me alcanzó sonriendo completamente emocionada, solté aire agotada.
El camino me resultó incómodo como pocos, Damien me había obligado a sentarme en el copiloto, y de vez en cuando me preguntaba sobre que calles atravesar, yo era la que le indicaba el camino al restaurante, de vez en cuando escuchaba cuchichear a Olivia he Isabella, no haciendo más que ponerme más nerviosa de lo que ya estaba.
Los ojos de Damien iban y venían de vez en cuando a mí, yo lo esquivaba lo mejor que podía.
-Abre la guantera-. Me ordenó, pestañeé.
- ¿Qué? –
-Stella-, musitó en tono severo -ábrela-.
Lo que menos quería era un conflicto, por lo que obedecí, una bolsa plástica me recibió junto con una botella de agua, tomé la bolsa mirando el interior, dentro, un grupo de cajas de medicamentos me regresó la mirada, fruncí los labios.
-Son analgésicos-. Habló, poniéndome los pelos de punta.
Tragué saliva con dificultad.
-No-, lo miré, él me regresó la mirada fugazmente -no era necesario-. Parpadeé con los nervios picando desde la boca de mi estómago.
Él dibujó una sutil sonrisa mirándome de reojo.
Pero, le tomé la palabra, necesitaba esos medicamentos, no podía conmigo misma en esos momentos, por lo que, abriendo las cajitas, me las tomé con la botella de agua, luego, hice bola la pequeña bolsa de plástico y mordiéndome los labios, metí la bolsa en el interior de mi bolso.
Olivia me erizó la piel cuando se acercó desde el asiento trasero, para hablarme;
- ¿Para que necesitas esos medicamentos? ¿Dijiste que no estabas enferma? -Dijo con un toque de resentimiento en la voz, Damien parpadeó dibujando una sonrisa traviesa.
Apreté los ojos, no quería seguir dando explicaciones, pero, me reprendía, yo misma me había metido en esa situación, no debí de haber aceptado que Damien se involucrara, pero, mi débil voluntad, siempre me traicionaba, por lo que por mucho que no quisiera explicar nada y dar a saber la relación que tenía con Damien, había momentos en que no podía fingir que el guapo heredero y yo, no teníamos nada.
Sin embargo, muy convenientemente, fue cuando Damien llegó hasta el modesto estacionamiento, donde la visión del luminoso establecimiento apareció frente a nosotros, suspiré.
-Que bien, ya tengo hambre-. Musité sonriendo.
Se hizo el silencio, Olivia se cruzó de brazos con los ojos entrecerrados, pero, más pronto que tarde, bajamos del lujoso auto que no quedaba nada con la escena que teníamos alrededor, Isabella me miró fijamente cuando bajó del coche mientras Olivia le pasaba el brazo por los hombros.
El auto de Noa no tardó en aparecer, lo vimos aparcar junto al lujoso auto de Damien, Alex bajó con la emoción tatuada en su rostro, este, trotó junto al par de amigas quien lo miraron en complicidad, Noa y París vinieron después, tomados de la mano, me mordí los labios fijando mi atención en Damien quien miraba la luminosa pantalla de su celular con interés.
- ¿Entramos? – Preguntó Noa mirándonos a todos, Olivia asintió con la cabeza arrastrando a Isabella con ella.
Fue cuando nos preparamos, pero Damien me miró fijamente, trayendo mi atención.
-Entraré con ustedes en un momento, solo tengo que hacer una llamada-. Musitó colgándose el celular en la oreja, asentí y seguí a mis compañeros quienes comenzaron a buscar una mesa libre entre un bullicio de emoción, mi corazón galopó, los comprendía, estaban emocionados por tener a alguien como Damien.
Y, soltando un cansado suspiro me senté junto a Noa, dejando un asiento vacío para mi amante, sonreí mirando al frente, sorprendiendo a mis compañeros de trabajo mirándome con interés, parecía que se contenían para no bombardearme en preguntas, todas al mismo tiempo.
-Si que eres un misterio Stella-. Dijo Alex cruzándose de brazos.
-No lo soy-. Contesté tomando el largo menú acomodado en la mesa, para fingir que no me importaba.
Olivia soltó unas sonoras risotadas.
-Si si, lo que tu digas querida amiga-. Dijo ella cruzándose de brazos, mientras una malacarienta mesera se acercaba a nosotros.
- ¿Puedo ofrecerles algo? – Preguntó la mesera.
-En un momento más-. Le respondí con los ojos de mis amigos bien fijos en mí, pero ellos asintieron con la cabeza a la mesera, ella soltó un bufido y se marchó.
-No te preguntaremos nada Stella-, París me sonrió junto a Noa, quien parecía estar silenciosamente incómodo -no te preocupes-. Le forcé una sonrisa a la hermosa chica.
-Bueno, sabemos que tú eres una tumba-, interrumpió Alex al mismo tiempo en que Damien entraba en el local, llamando la atención de los clientes y empleados del establecimiento, si, las miradas y cuchicheos indiscretos no tardaron en aparecer, Damien era siempre todo un espectáculo hermoso de masculinidad sexy, además que su altura y apariencia resaltaban de todos los que estábamos en aquel lugar tan fuera de lugar a comparación de él -pero quizás tú amigo, si conteste-. Finalizó Alex mientras Olivia se cubría los labios con una mano, Isabella se cruzó de brazos susurrándole algo a mi amiga.
Abrí los labios mirando a Alex con sorpresa, ¿Cómo se atrevía?, sin embargo, tuve que callarme, Damien se disculpó sentándose a mi lado.
-Perdónenme-. Se excusó él apenas entrando en la pequeña mesa redonda.
-Descuida-. Le contestó Isabella acomodando los codos sobre la mesa mirándolo con un brillo enamorado en los ojos, una punzada me atacó el corazón, “pobre Isabella, si tan solo supiera que Damien podía ser un monstruo depravado”.
La mesera completamente fuera de aquella actitud fastidiada de un principio, se acercó a nuestra mesa con una sonrisa en los labios para dirigirse a Damien, con exagerados aires serviciales.
- ¿Puedo ofrecerles algo? -Musitó la chica mirando a Damien, para después pasar los ojos en Noa, en un camino entre ambos muchachos que denotaban que ambos chicos la habían interesado, París frunció el entrecejo mirando con incomodidad a la inoportuna mesera, apreté los labios ocultando una sonrisa divertida.
-Oh-, masculló Damien mirando a mis amigos - ¿alguien ya está listo? -Les preguntó con su acento ruso sobresaliendo de su inglés muy marcado, derritiendo a la mesera que se sonrojó ante aquel detalle que resultaba tremendamente sexy.
Suspiré, mis compañeros de trabajo ordenaron, luego la mesera se dirigió a mí, parpadeé, pero ordené, la muchacha apuntó de renovada buena gana y miró a Damien entre pestañeos.
-Lo mismo que ordeno ella-. Contestó él apuntándome con desinterés, la mesera se pasó la lengua por los dientes entrecerrando los ojos, pero apuntando el pedido se apartó sin antes volver a mirar con descaró a ambos muchachos quienes no la tomaban en cuenta, dejándonos de nuevo entre nosotros.
Se hizo el silencio, pero yo sabía que en cualquier momento alguno rompería con la tensión que reinaba, miré con ojos de advertencia a Olivia y a Alex, pero ellos me regresaron la mirada con jocosidad, “no pregunten nada por favor”, Alex me sonrió luego, miró a Damien con unos imaginarios cuernitos pintándole la frente.
-Y Damien-, lo llamó, mi corazón martilló en mi pecho, mi amante le regresó la mirada - ¿De dónde conoce a nuestra Stella? -Preguntó él, saciando la pregunta que mis amigos tenían atorada en la garganta.
Damien parpadeo por unos cortos momentos, pero inevitablemente sonrió, lo miré en advertencia.
- Ambos somos de Montefiorelle, es un pueblo pequeño, todos se conocen-. Contestó él mientras la mesera se acercaba con nuestras bebidas en una charola, sonreí asintiendo con la cabeza.
- ¿Entonces se conocen desde siempre? -Preguntó para mi sorpresa Isabella apuntándonos a ambos, trague saliva con dificultad.
Damien estiró mucho más su sonrisa, la mesera se marchó luego de acomodar las bebidas sobre la mesa.
-Desde niños-. Confesó, el rostro de Isabella se puso pálido.
-Oh-, parpadeo la encargada -Stella no lo había mencionado-.
-No tiene por qué decirlo-. Interrumpió Noa mirando a su amiga de infancia, ella lo miró entrecerrando los ojos, entreabrí mis labios asombrada de la contestación de mi amor platónico.
Alex rompió en carcajadas.
-Bueno a mi si me importa-, interrumpió el mesero -yo si quiero saber de todos mis amigos-. Dijo cruzándose de brazos, Olivia lo manoteo entre risas.
-Eres medio perra Alex-. Musitó la mesera entre risas.
Noa puso los ojos en blanco.
-Stella puede decirnos lo que ella quiera amigos-. Me defendió París mirándome entre pestañeos.
Alex negó con la cabeza.
-Descuiden, tampoco es la gran cosa-. Respondió Damien sacándose el abrigo por los hombros, los ojos de Olivia, Isabella e incluso de París repararon en la camisa pintada de Damien.
- Entonces-, Olivia se dirigió a él - ¿Ustedes son…amigos? –
Solté un largo suspiro nervioso.
Me preparé para contestar, pero Damien se giró levemente hacia mi pasando un ancho brazo por mis hombros, para mirarme fijamente.
- ¿Qué somos Stella? -Me preguntó él con un brillo malvado en sus ojos claros, mis nervios hicieron que tuviera un leve temblor que evidenció mi nervio, parpadeé mirando su rostro lleno de seguridad, su temblé inquebrantable, su dominio acaparador que me hacía temblar las piernas.
Resoplé entre los temblores.
-Aa-amigos-, me perdí en el vacío verde que eran sus ojos poderosos -po-por supuesto-.
Él se pasó la lengua por los labios, distrayendo mi atención en el movimiento de su lengua por su labio rosado.
-Muy buenos amigos, eso está claro-. Damien rozó sutilmente un dedo cálido por mi hombro cubierto por la gruesa chamarra, caricia que sentí viva y latente en mi piel como si tocara directamente mi piel que ardió - Amigos de infancia-. Dijo Damien rompiendo con la tensión entre nosotros al momento de apartar su mirada hechizante de mi para dirigirse a mis amigos, los que hicieron un silencio ante la evidente tensión que reinaba entre el heredero y yo, el alma se me fue a los pies, había sido una estúpida, me mordí los labios mirando mi regazo, estúpida mil veces, ese era mi castigo por ser tan tonta, por haberme metido en esa situación yo sola, pero, me daba cuenta además, que, aquella estupidez era un mero disfraz de lo que verdaderamente sentía, me daba cuenta que sentía una tranquilidad al liberarme de la carga de los secretos, en mi inconsciente quizás, el que la verdad se cayera de mis hombros me había arrojado a aceptar que Damien viniera, sin embargo, pese a que podría ser esa la verdadera razón en la que me estaba poniendo en esa situación, no dejaba de sentirme incómoda al estar expuesta a algo que estaba fuera del entendimiento de mis amigos.
Isabella tomó aire, parecía un auto consuelo a lo que su mente la torturaba.
-Ok-, sonrió con picardía Alex -parece que nos da una idea que sí, son muy buenos amigos de infancia-.
Noa se aclaró la garganta al mismo tiempo en que tomaba de la mano a París quien sonreía sonrojada.
La mesera interrumpió al acomodarnos la comida frente a nosotros, nerviosa me puse a comer para calmar mi rostro avergonzado y mi corazón acelerado, consecuencia de verme posiblemente descubierta.
Afortunadamente, una animosa conversación me salvó de morir de vergüenza, desviando la atención de mí, una conversación que incluso Damien fue partícipe, a excepción de mí, pues, como siempre, él se volvió parte de la atracción, una lluvia de preguntas sobre su clase social lo invadieron, mientras mis amigos se sorprendían de la humildad de Damien al responder, al comer con ellos pese a que él venia de un privilegio que la mayoría de las personas no podían espirar, además de que claro, Damien era simpático, alegre y agradable… todo, claro estaba, una mera fantasía de lo que él verdaderamente era, un malestar en el estómago me hizo parar de comer, era demasiado, aquella fachada de seguridad que él estaba manejando me causaba náuseas, por lo que tragando saliva con dificultad me puse de pie de la mesa, trayendo la atención de los presentes.
-Perdón, pero tengo que ir al baño-. Mascullé saliendo lo más rápido que pude de allí, lejos de la máscara de estabilidad mental de Damien, mi amante me miró con ojos poderosos, pero dejó que escapara.
Corrí al lavamanos del baño del local para calmar el rojo en mi rostro encendido y el malestar en mi estómago, jadeante me miré en el sucio espejo del baño vacío, la chica en el reflejo me regresó la mirada, una patética mirada a punto de explotar, apreté los puños sobre el lavamanos tomando las fuerzas para continuar aparentando lo que no era, para fingir una seguridad que claramente no tenía, cerré los ojos soltando el aire en mis pulmones, luego, unos sutiles llamados en la puerta trajeron mi atención.
- ¿Stella? -Me llamó Damien desde el otro lado de la puerta - ¿Estás bien? -Me preguntó él con un tono de seriedad.
Alice mi ropa abriendo la puerta para encontrarme con los ojos de él bien fijos en mí.
-Estoy bien-. Contesté limpiando mi rostro con la manga de mi abrigo, sonriéndole con la máscara de seguridad marcada en mi cara.
Damien entrecerró los ojos, recargado en el marco de la puerta con los brazos cruzados contra el pecho.
-Ya todos terminaron, algunos ya se irán-. Dijo en susurro, asentí con la cabeza aliviada de ya salir de esa situación de una vez por todas.
-Bien-. Contesté empujándolo sutilmente con mi cuerpo para que se apartara, pero él me detuvo por un brazo, trayendo mi atención, pestañee sintiendo que mis nervios se rompían.
-Olvidaste esto anoche-. Musitó metiendo las manos en uno de los bolsillos de su abrigo, para luego, extenderme frente a mis ojos, mi hermosa pulsera de oro, entreabrí los labios, tomándola con necesidad.
-Te agradezco Damien, iba a ir por ella en cuanto me dieran luz verde-. Contesté acoplándome de nuevo la pulsera en su lugar.
-Se que es especial para ti, por lo que no esperé a que me la pidieras-. Sonrió cruzándose de brazos, me relamí los labios ansiosa.
-Entonces, iré a pagar mi parte-. Me aparté de él caminando de regreso a la mesa, con el cosquilleo de la incomodidad en el estómago.
-Descuida, yo pagué todo-. Dijo él, me frené a mirarlo.
-Supongo que terminaste de maravillarlos con ese gesto-. Musité mirándolo con los ojos entrecerrados, Damien sonrió.
- ¿Está mal? -Dijo
Suspiré volviendo a apretar los ojos.
-Basta Damien-, mis ojos lo contemplaron con irritación -se lo que estás haciendo-.
Él se encogió de hombros.
- ¿Hacer qué? -
Apreté los dientes sin dejar de mirarlo.
- ¿Todo es un juego para ti? -
-No estoy jugando-.
Levanté una mano para silenciarlo.
- ¿Entonces porque viniste? -él me miró con atención – dime sino es para jugar-, escupí -tal como lo hacías antes, todo ese estúpido jueguito que no trajo más que pura mierda-.
Damien frunció los labios con amargura.
-Debes estar bromeando Stella-, frunció el ceño -o definitivamente te has vuelto loca-. Damien se cruzó de brazos, la ira subió por mis venas calentándome la carne, quería golpearlo, abofetearle el rostro, pero también, quería hacerme de sus labios, devorarme su lengua y probar el sabor de su saliva, mi frustración retorcida me hizo apretar las manos en puño.
-Me largo de aquí-. Me moví, quería irme, sino lo hacía mi instinto y mi resentimiento se apoderarían de mí, haría una locura, pero Damien, me detuvo tomándome por el brazo, quise apartarme de su mano firme, pero me contuve.
-No digas eso, te llevo a tu departamento-. Lo miré con los impulsos apoderándose de mí, sentía las ganas casi incontrolables de tomarlo del pelo con fuerza para lamer sus labios hermosos.
Me aparté sutilmente de su brazo y sin contestarle me dirigí hacia mi asiento, donde estaban mis cosas, sin embargo, descubrí a mis amigos tremendamente felices, caminando a la salida, con Olivia sosteniendo mis cosas y lo que quedaba de mi comida reservada en un bol de plástico, ella estiró el brazo libre para que la mirara, bufé acercándome para tomar mis cosas.
-Iremos a un bar ¿Vienen? -Preguntó mi amiga mirando llegar a Damien tras mío, me esforcé por sonreírle.
-Tengo que ir a casa-. Contesté despidiéndome de todos, los que notaron mi irritación, Damien se despidió de mis amigos y me siguió fuera del establecimiento.
-Stella súbete al auto-. Dijo él cuando las luces del Maseratti iluminaron la noche al él activar los seguros de las puertas con las llaves, lo miré irritada, él se detuvo a mirarme fijamente -No dejaré que te vayas sola-. Dijo con la irritación subiéndole por el rostro.