Capítulo 14: Una Trampa Bajo la Superficie

1111 Palabras
Capítulo 14: Una Trampa Bajo la Superficie Los días siguientes a la brutal confrontación entre Alexander e Ian transcurrieron en relativa calma, pero la tensión persistía en el aire. No era la primera vez que alguien intentaba hacerle daño a Alexander, pero esta vez la implicación emocional me había afectado más de lo que esperaba. Sin embargo, Alexander parecía seguir con su vida sin ningún tipo de preocupación visible. Su frialdad ante los problemas, aunque a veces reconfortante, también me hacía sentir insegura. Sabía que este mundo en el que me había involucrado, lleno de amenazas y juegos de poder, nunca sería completamente seguro. Mientras Alexander lidiaba con sus asuntos, yo me concentraba en mi nuevo trabajo en Olivetti Enterprises. Las cosas parecían ir bien, y aunque las sombras del pasado y los secretos aún colgaban sobre mí, me esforzaba por avanzar y construir algo para mí y para Martín. Fue durante esos días tranquilos cuando llegó una noticia que me llenó de emoción y orgullo. Mi superior me llamó a su oficina un lunes por la mañana, y aunque al principio pensé que se trataba de algún tema rutinario, lo que me dijo me tomó completamente por sorpresa. —Emma, he recibido una oferta interesante —dijo mientras revisaba algunos papeles—. Una empresa importante quiere negociar con nosotros, y han pedido específicamente que seas tú quien maneje la negociación. Mis ojos se agrandaron de sorpresa. Sabía que estaba haciendo bien mi trabajo, pero no esperaba que me confiaran algo tan importante tan pronto. No podía evitar sentir una ola de satisfacción y emoción ante la idea de que finalmente, después de tanto esfuerzo, alguien estaba reconociendo mi valía. —¿De verdad? —pregunté, tratando de ocultar mi emoción—. Eso es… increíble. Mi superior asintió con una sonrisa aprobatoria. —Están muy interesados en trabajar contigo. Es una gran oportunidad para la empresa y para ti. Si manejas esto bien, podrías ganar una buena cantidad de dinero y, quién sabe, tal vez incluso una promoción. La idea de ganar dinero, de poder asegurar un futuro más estable para mí y Martín, llenó mi mente. Sabía que esta negociación podría ser un gran paso adelante. Me sentía lista para enfrentar el desafío. —Voy a prepararme cuidadosamente —dije, con determinación—. No los decepcionaré. Salí de la oficina sintiéndome ligera, casi eufórica. Después de todo lo que había pasado, esto parecía una recompensa merecida. No podía esperar para sumergirme en los detalles y hacer que esta negociación fuera un éxito. Pasé los días siguientes inmersa en la preparación. Revisé cada documento, estudié cada aspecto de la empresa con la que íbamos a negociar. Quería asegurarme de que todo saliera perfecto, que no hubiera margen de error. Estaba decidida a demostrar que podía manejar esto y, más importante aún, a aprovechar la oportunidad para asegurar un futuro mejor. Finalmente, llegó el día de la negociación. Me dirigí al lugar acordado con confianza, lista para enfrentar el desafío. Sin embargo, lo que no sabía en ese momento era que todo había sido una trampa cuidadosamente tendida. Al llegar, me encontré con un entorno mucho más lujoso de lo que había imaginado. El lugar estaba adornado con detalles opulentos, pero algo en el ambiente me puso nerviosa. Había algo extraño en la manera en que todo estaba dispuesto, como si alguien hubiera planeado cada detalle con un propósito específico. Decidí ignorar mis dudas iniciales y centrarme en el objetivo. La puerta del salón donde se llevaría a cabo la negociación se abrió, y ahí estaba ella. La madre de Melissa, la misma mujer que había intentado arruinar mi vida, me esperaba al otro lado de la mesa, una sonrisa afilada en sus labios. Mi corazón dio un vuelco al verla. —Vaya, vaya, Emma —dijo con una voz cargada de veneno—. Qué sorpresa verte aquí. Mis pasos se detuvieron en seco, y de repente, todo comenzó a encajar en mi mente. Esta no era una simple negociación empresarial. Esto había sido planeado desde el principio. Melissa había descubierto dónde trabajaba, y en lugar de intentar enfrentarse a mí directamente, había decidido tenderme una trampa. Sentí cómo la confianza que había traído conmigo empezaba a desmoronarse lentamente. —¿Qué es lo que quieres? —pregunté, intentando mantener la compostura. Melissa se levantó de la mesa con elegancia calculada y caminó hacia mí, su sonrisa nunca desapareciendo. —Oh, querida, no es lo que yo quiero. Es lo que tú quieres. Y sé que, de una manera u otra, siempre terminas recibiendo lo que deseas. —Su tono era dulce y falso, como una serpiente enredándose en mis pensamientos. Por un momento, no supe cómo responder. Mi mente estaba trabajando rápidamente, tratando de encontrar una forma de escapar de esta situación sin que afectara mi trabajo, sin que afectara lo que había logrado hasta ahora. —Si crees que puedes intimidarme, te equivocas —dije finalmente, recuperando un poco de control sobre mis emociones. Pero Melissa solo rió suavemente, como si mi desafío no significara nada para ella. —Oh, no, Emma. No quiero intimidarte. —Se inclinó un poco hacia mí, sus ojos brillando con malicia—. Quiero destruirte. Sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo. La forma en que lo dijo, con esa calma aterradora, me hizo darme cuenta de lo serio que era todo esto. Melissa no estaba jugando. Esta negociación no era más que el primer paso en su plan para vengarse. —Tú me quitaste algo que me pertenecía, y ahora es mi turno de quitarte lo que tú amas —continuó, mientras volvía a su silla. Por un momento, me quedé paralizada. Sabía que estaba hablando de Alexander, aunque nuestra relación no fuera lo que ella creía. Pero también sabía que, más allá de lo que sentía por él, Melissa estaba dispuesta a destruir todo lo que había construido. Y eso incluía a Martín. No podía permitírselo. No podía dejar que me arrastrara a su juego. Tenía que encontrar una manera de salir de esto sin perder todo lo que había ganado. Melissa se sentó de nuevo, sonriendo de manera despreocupada. —Así que, Emma, ¿estás lista para la negociación? —preguntó con una dulzura que me revolvió el estómago. Respiré hondo y me obligué a sentarme frente a ella. Sabía que no podía mostrar debilidad. Si lo hacía, ella ganaría. —Sí, estoy lista —respondí, intentando sonar más firme de lo que me sentía. La batalla estaba comenzando, y sabía que tendría que luchar con todo lo que tenía para proteger lo que más me importaba.
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