Capítulo 15: La Trampa Se Cierra

1030 Palabras
Capítulo 15: La Trampa Se Cierra  Nunca había imaginado que las negociaciones tomarían un giro tan extraño y cargado de hostilidad. Desde el momento en que entré en la sala y vi a Melissa sentada allí, supe que estaba en problemas. Pero aún no entendía cuán profundas eran sus intenciones hasta que la conversación comenzó a desarrollarse. El primer golpe llegó cuando nos presentaron. Melissa, con una sonrisa calculada, respondió a mi educación y amabilidad con burla. Sus palabras eran afiladas y cargadas de desdén. —Vaya, Emma. No esperaba que alguien como tú llegara a este nivel —dijo, fingiendo sorpresa—. Debe haber sido una suerte increíble, ¿no? Aunque… —hizo una pausa para observarme de arriba abajo—, no sé si realmente tienes lo que se necesita. Cada palabra me hizo estremecer por dentro, pero mantuve la calma. Sabía que no podía permitirme mostrar debilidad frente a ella. Si lo hacía, perdería no solo la negociación, sino también todo lo que había estado construyendo en mi vida profesional. Melissa, sin embargo, continuaba lanzando indirectas, poniéndome a prueba, como si quisiera ver hasta dónde podía llegar antes de romperme. Quise responderle, pero me obligué a morderme la lengua. Tenía que mantener la compostura, por difícil que fuera. A pesar de todo, el objetivo era concretar la negociación. Tenía que ser fuerte y aguantar. —Vamos, querida. No te pongas tan seria —dijo Melissa, cambiando su tono a uno más ligero—. Solo estoy bromeando. Pero su tono mordaz hacía que sus palabras fueran cualquier cosa menos una broma. Yo sonreí tensamente, aún decidida a no caer en sus provocaciones. A la mitad de la conversación, Melissa hizo algo que no esperaba. —Siento que esta negociación podría ir mejor en un ambiente más relajado —dijo, jugueteando con su copa de vino—. ¿Qué te parece si hablamos en un bar? Me recuerdas a una vieja amiga, y creo que estaríamos más cómodas en otro lugar. La sugerencia me dejó desconcertada. ¿Un bar? ¿Qué tipo de negociación se discutía en un lugar así? Todo dentro de mí me decía que no debía confiar en ella, pero también sabía que, si me negaba, perdería el trato. No había venido hasta aquí para rendirme, especialmente no ante alguien como Melissa. —Está bien —respondí, tratando de sonar casual—. Podemos ir al bar si eso ayuda a que avancemos con la negociación. Melissa sonrió ampliamente, pero en sus ojos brillaba algo más que simple satisfacción. No podía leerla del todo, pero algo en su actitud me hizo sentir que esta situación iba a empeorar. Cuando llegamos al bar, supe de inmediato que algo no estaba bien. El lugar estaba oscuro, con una atmósfera cargada, y no era un sitio donde se discutieran negocios formales. Había algo sombrío en el ambiente, y cada paso que daba me hacía sentir más insegura. No pasaron ni cinco minutos antes de que lo que había sospechado se hiciera realidad. Dos hombres se acercaron a nuestra mesa poco después de que nos sentáramos. Eran grandes y corpulentos, con miradas que no dejaban lugar a dudas sobre sus intenciones. Melissa los presentó con una sonrisa. —Ellos son directivos en mi empresa —dijo, con una dulzura forzada—. Y creo que les gustará ayudarte a cerrar este trato, Emma. Sentí un nudo formarse en mi estómago. Los hombres no se comportaban como directivos. Uno de ellos se acercó demasiado, invadiendo mi espacio personal. El otro me miraba con una sonrisa que no era amigable. Había caído en una trampa, y Melissa lo sabía. Había orquestado todo para hacerme sentir vulnerable y acorralada. —¿Por qué no te relajas un poco? —dijo uno de los hombres, su voz goteando de insinuación—. Estás demasiado tensa para alguien que quiere cerrar un trato importante. Mi corazón empezó a latir con fuerza. Miré a Melissa, esperando algún tipo de intervención, pero en lugar de eso, ella simplemente sonreía, observando todo con calma. —Una vez que ellos estén contentos, el trato será tuyo, Emma —dijo Melissa, con una satisfacción evidente en su tono—. Solo tienes que asegurarte de que pasen un buen rato. Todo mi cuerpo se tensó. Era una trampa. Una vil trampa. Sentí el asco crecer en mi interior, pero sabía que no podía quedarme allí. No iba a someterme a lo que Melissa pretendía, pero también sabía que escapar no sería fácil. Los hombres me rodeaban, y aunque mi mente gritaba que debía huir, no veía una salida clara. —Creo que ha habido un malentendido —dije, tratando de mantener mi voz firme, aunque estaba temblando por dentro—. No vine aquí para… esto. Uno de los hombres rió suavemente y se inclinó hacia mí. —Vamos, Emma. Sabes exactamente para qué viniste aquí. Sentí la desesperación apoderarse de mí. Melissa me observaba con esa mirada fría, como si supiera que había ganado. Me había tendido una trampa, y yo había caído sin darme cuenta. Pero en ese momento, algo dentro de mí se encendió. No iba a permitir que me humillaran. No iba a permitir que Melissa ganara. —Voy a irme —dije, levantándome lentamente—. Esta negociación se ha acabado. Uno de los hombres intentó detenerme, poniendo una mano sobre mi brazo, pero me zafé rápidamente, sin importarme ya las consecuencias. Melissa me observaba con una sonrisa torcida, pero no hice contacto visual. Tenía que salir de allí antes de que la situación empeorara. Con el corazón latiendo a mil por hora, me dirigí hacia la salida del bar. Sentía las miradas de los hombres y de Melissa sobre mí, pero no me detuve. Sabía que no podía dejar que me vieran temblar, aunque por dentro estaba aterrada. Cuando finalmente salí del bar, el aire fresco de la noche me golpeó el rostro, y sentí que por fin podía respirar de nuevo. Me alejé del lugar tan rápido como pude, tratando de calmarme. Sabía que Melissa no dejaría esto aquí. No había terminado conmigo. Pero yo tampoco había terminado con ella.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR