Fernando No dejo de observar a Ana, desde que entramos a la habitación, no hago nada más que observar su rostro, sus gestos, cada movimiento, cada palabra que dice para mí es como si me perdiera en un mundo mágico, la noto un poco nerviosa, se que esta noche por fin va estar entre mis brazos, lo mejor es que ella quiere, que está dispuesta a entregarse a mí sin ninguna predisposición, no obstante, quiero ser lo más cariñoso posible debido a las malas experiencias que tuvo quiero amarla y borrar todo mal recuerdo de su cuerpo, la sigo viendo como un bobo que hasta se puso tan roja que pareciera que estuviera compitiendo con un tomate. — Perdona mi Ángel si te veo de tal forma pero es que me muero por quitarte ese pequeño vestido rojo que me está volviendo loco —, ella me regala una sonri

