Te mueres por mi

1062 Palabras
POV VALERIA —Deberías descansar, Valeria —me advirtió Ethan, con un tono de preocupación—. Incluso tu padre lo dijo. Esa tarde, Ethan y yo regresamos a mi apartamento. La sensación en mi pecho era opresiva, como si algo me aplastara por dentro. Me dejé caer en el sofá, intentando calmarme. —Estoy bien —mentí, sin siquiera molestarme en disfrazar mi falta de emoción mientras limpiaba uno de mis cuchillos. —No, no lo estás. Se nota en tu cara. Estás completamente pálida —me contradijo, con esa mirada insistente que me hacía sentir descubierta. —Ethan, por favor… —murmuré, deseando que soltara el tema. —Vamos, quiero que descanses. Sin darme tiempo a replicar, Ethan tomó mis manos con firmeza y me ayudó a ponerme de pie. Sosteniéndome con delicadeza, me guió hacia las escaleras y subimos juntos hasta mi habitación. Al llegar, me dejé caer boca arriba en la cama, agotada. Sentía que mi cuerpo apenas podía soportar su propio peso. Ethan se sentó a mi lado y me miró con intensidad. —¿Por qué estás siendo tan amable… y tan cariñoso? —pregunté en voz baja, mirando fijamente al techo. —Valeria, eres mi esposa. ¿Por qué no iba a hacerlo? —respondió él, con esa facilidad. —Bueno… este fue un matrimonio forzado, después de todo. Me sorprende —admití, apoyándome en los codos y mirándolo de reojo. —Te cuidaré de todos modos. Ethan se levantó y, tras traerme un vaso de agua, salió de la habitación. De nuevo estaba sola. Me acurruqué bajo las mantas, sintiéndome extraña. No sabía cómo comportarme con él, qué debía sentir… o cómo debía sentirme. * Al día siguiente me desperté tarde, con el cuerpo aún pesado. Hice mi rutina matutina sin prisa y bajé las escaleras, esperando encontrarlo. Pero la casa estaba en completo silencio. —¿Ethan? —pregunté en voz alta, aunque ya intuía la respuesta—. ¿Estás ahí? Nada. Suspiré y, para evitar darle más vueltas al asunto, saqué el móvil y me senté en el sofá. Marqué el número de papá. —Buenos días, cariño —respondió su voz al otro lado de la línea, cálida como siempre. —Buenos días —dije, intentando sonar animada—. ¿Tienes alguna misión para mí? Estoy aburrida, papá. —¿Cómo dices? Valeria, ¡se supone que estás descansando! —me interrumpió, en ese tono severo que tanto odiaba. Solo pude suspirar. —Tienes razón… Colgué poco después. El aburrimiento se apoderó de mí y, sin nada mejor que hacer, empecé a realizar tareas domésticas. Aspiré, limpié un poco, y entre pausas me quedé dormida. Más tarde vi una serie y cociné algo sencillo. La tarde se hacía eterna. Finalmente, escuché la puerta principal abrirse. Me enderecé en el sofá, sintiéndome extrañamente aliviada. Ethan entró. —Hola —dije, intentando sonar casual—. ¿Dónde has estado? —Hola, pequeña —respondió él, con un tono diferente. Algo en Ethan no estaba bien. Lo noté en sus movimientos, en la forma en que me miraba. Se acercó y me rodeó la cintura con sus manos. Está borracho. —Ethan… —murmuré, apartando la mirada—. Estás borracho. No puedes pensar con claridad. Para. —Oh, vamos, Valeria. Todavía puedo pensar con claridad —respondió, mientras su agarre en mi cintura se hacía más fuerte. Intenté zafarme, pero de pronto, sus labios se estrellaron contra los míos. Me sobresalté. Por un instante, mi mente se nubló, pero luego recordé: estábamos casados. Cerré los ojos, confundida. ¿Esto es amor? Mi corazón latía con fuerza. Aunque no sentía nada real por Ethan, algo en aquel beso me hizo dudar. Tal vez solo era mi mente buscando un significado donde no lo había. Cuando el beso se volvió más intenso, Ethan me dio la vuelta y me empujó suavemente hacia el sofá. Me aparté, incómoda. —No, para… —susurré, intentando mantener el control. Pero él no escuchó. Sus labios volvieron a buscar los míos, y sus manos sujetaron mi cintura con más firmeza. El pánico comenzó a subir por mi pecho. —¡Basta! —grité, empujándolo con fuerza. Me incorporé rápidamente, alejándome de él. —¿Cuál es tu problema? —replicó, con irritación y confusión—. Sé que tú también lo quieres. No te hagas la inocente. Respiré hondo, intentando calmarme. Solo está borracho, se olvidará de todo esto por la mañana… —Me voy a la cama —dije en un murmullo, girándome para subir las escaleras. No llegué lejos. De repente, Ethan me sujetó del brazo y me empujó contra la pared. Mi espalda chocó con fuerza, arrancándome un jadeo. —E-Ethan… —tartamudeé, levantando las manos en un intento de detenerlo. —¿Qué vas a hacer ahora, eh? —siseó, acercándose más. El miedo se apoderó de mí. No era algo que sintiera a menudo, pero en ese momento, me aterrorizaba lo que Ethan podía hacer. El olor fuerte del alcohol en su aliento me mareaba. ¿Cuánto había bebido? De repente, me soltó. Me desplomé en el suelo, temblando. Sentía la garganta arder y el calor subir por todo mi cuerpo. —¿Sabes qué? —dijo, en un tono despreocupado—. Sé que en el fondo me quieres, Valeria. No necesitas ocultarlo. Lo miré con los ojos llenos de lágrimas. Su sonrisa me provocó rabia y tristeza. —No sé de qué estás hablando —susurré, con la voz rota. —Siempre puedo tenerte. Sobrio o borracho —afirmó con una sonrisa arrogante.— Soy un hombre que incluso te pone a dudar y estando en mi estado, ¿Crees que no puedo notar como me quedas viendo y como te muerdes los labios? —En tus sueños. —Hm, eso es lo que tú piensas… Te voy a demostrar que lo que digo no es broma. Se acercó de nuevo, pero esta vez reaccioné. Lo empujé con todas mis fuerzas, el pánico dando paso al instinto. Las lágrimas corrían por mi rostro. —¡Vete! —grité, con la voz temblorosa. —Valeria… —intentó decir algo más. —¿Eres sordo? ¡VETE! —grité nuevamente. Ethan finalmente retrocedió. Lo vi salir, tambaleándose. Cerré los ojos, dejando que el llanto saliera sin contención. Estaba sola de nuevo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR