Helena regreso al castillo, tras haber sido llevada por Mau, el lobo se intrinco al bosque y se perdió al paso de la neblina, ella subió hasta su recamara, quería descansar un poco, se escabullo por el pasillo tras entrar por el pasadizo de la biblioteca y miro para ambos lados antes de abrir la puerta, mantenía su ricilla de niña mala haciendo una travesura. Cuando entro miro la alcoba de pies a cabeza, estaba oscuro pero sus ojos de vampiro le facilitaban el caminar.
—Uki he regresado… Fue fenomenal…—Nadie respondió— ¿Uki?—Helena camino hasta la cama y se lanzó a ella con los brazos extendidos—, ¿estás aquí Uki?
Helena echo un vistazo a su habitación. Algo se movía al lado de la chimenea, era un bulto, entonces quiso averiguar que era. Cuando se levantó de la cama con intenciones de ir al lugar, fue interceptada por cinco guardias que la tomaron de los brazos y pies. Helena grito y también se intentó liberar pero ante la fuerza de cinco vampiros, la chica no podía hacer nada.
Helena desfiguro su cara de ira y frustración, mientras el corazón iba a mil palpitaciones, sin razón Helena intento llamar a su padre.
—¡Ayuda!—Grito—, ¡Motín! ¡Motín!—Helena tenso su cuerpo para no ser doblegada por los guardias.
De la oscuridad broto la silueta del comandante Paco.
—No es un motín querida princesa… es un arresto.
—Paco, ¿sabe usted lo que está haciendo?
—Su padre lo ha ordenado.
A Helena le hirvió la sangre cuando supo eso.
—¿Cuál es el motivo?—Los ojos de la vampira chispeaban llamaradas de ira.
—Rompió la peor de las reglas, guardas una relación con un hombre lobo.
Helena abrió los ojos de par en par.
—¡Llévensela!—Ordeno el comandante, y los soldados empezaron a hacer caso, Helena se contenía, y quería escapar ahora si tenía que irse a su aldea con Mau.
Trato de usar la telequinesia y empujar a un guardia contra la pared, resulto, Helena voló un poco por el pasillo tratando de escapar, Pero el comandante también voló por los aires, y la atrapo con sus brazos en un parpadeo, la coloco contra la pared y le puso un cuchillo en el cuello para amenazarla.
—Mejor no se vaya my lady, su padre estaría más molesto entonces. Acompáñeme a la celda sin otra vacilación o tendré que verme obligado a usar la fuerza.
Ella se controló, pero aún tenía ganas de matarlos a todos usando sus colmillos, sabía que la celda que decía era una única pieza en donde entraba el sol a la perfección.
El comandante la escolto hasta que llegaron a una torre del basto castillo, allí resguardaron a Helena, la colgaron de los brazos y la elevaron un metro sobre el suelo, las cadenas magullaban sus manos, y las muñecas de la princesa después de esta aventura estarían destrozadas, aquellas cadenas cumplían dos tareas, una era de tortura, zafando los huesos de los brazos lentamente con el propio peso del cuerpo, y la segunda mantener inmóvil al prisionera, Helena mascullo sus maldiciones mientras sentía el hierro frio de las esposas.
—¿Donde esta Uki ella no tienen nada que ver, solo le di órdenes?
El comandante escupió en el suelo de la celda para aclarar su garganta, entonces después se dirigió a la salida y cerro con llave la cerradura de los barrotes.
—No lo sé… de eso se encargara tu padre, lo que el disponga será bueno.
Cuando Paco abandono la sala, Helena se echó a llorar, sus sollozos se podían oír claramente en la otra torre, ¿Cómo pudo pasar esto? ¿Cómo pudo entretenerse tanto en Mau que no tuvo cuidado de quien la seguía? Tenía rabia pero por ella misma por no ser capaz de controlar la gente a su alrededor.
Mau cuando encontró a Víctor, casi lo mataba por ella, mientras que ella solo se quedaba en la prisión a llorar esperando que alguien la rescatara.
Era una decepción.
Al cabo de una hora el Conde se mostró en la prisión, Helena intentaba escaparse de las cadenas, pero nunca conoció algo tan bien hechos como las susodichas.
La cara de Indignación del conde dejaba de que hablar, Miro fijamente a su hija, con aquella mirada de deshonra, pero a Helena no le afectaba desde siempre había recibido aquellas miradas. Desde que era niña, así que no podía sentir más que costumbre.
El conde dio unos pasos para ponerse al frente de su hija, los ojos claros de su padre se cerraron, y luego inspiro la fragancia de Helena.
Ella lo miro fijamente.
Cuando abrió los ojos nuevamente, abofeteo a Helena. Haciéndola soltar un quejido.
—¡Canalla!—Amadeus entro en cólera— todo lo que he hecho por ti, y me sales con esa maldita traición—Extendió sus brazos para darle otra bofetada pero se contuvo— eres peor que una ramera, sabes la ofensa para nuestra r**a lo que significa esto.
Helena intento hablar, pero El conde tomo su mandíbula entre sus manos y la callo, luego le dio otra bofetada esta vez más fuerte que la anterior.
—No tienes ni idea de la vergüenza que me has hecho pasar. Con un humano hubiera sido menos vergonzoso—Helena quería llorar pero contuvo las ganas, no se dejaría ver de esa manera ante el desolador conde— ahora te pudrirás aquí por los próximos cien años… no quiero verte por ese tiempo y espero que no envejezcas tanto, porque no me servirás de nada.
—Por eso mandaste a matar a mi madre ¿cierto? Porque no te serbia de nada.
El conde cerró el puño y luego le pego a su hija con mucha fuerza, dejándole un moretón en el pómulo.
—¡Cállate!—tomo el cuello de su hija y la asfixio hasta que parecía que iba a perder la conciencia, el conde estaba lleno de furia e iba castigar los errores de su única hija— no sabes nada.
Helena se aclaró la garganta un poco.
—Lo único que sé, es que el amor no tiene forma.
El conde tenso su mandíbula, luego la abofeteo por última vez, se echó para atrás y le mostro los colmillos, los ojos rojos dilatados y su rostro desfigurado por tanta ira. Rojo de la grima y con ganas de torturarla para hacerla recapacitar, la pobre Helena solo era víctima de un hechizo.
—Estas embrujada. Se pasara con el tiempo.
El conde más calmado se dirigió a la puerta de la celda, sin decir ni una sola palabra, luego cerró con una llave la cerradura y dio la espalda hasta que los barrotes finalizaban, justamente allí, se detuvo y luego volvió a mirar a su hija pero con aquella mirada de decepción.
—Espero que este tiempo quede como lección para que recapacites.
Helena volteo la cabeza rápidamente apartando la mirada de su padre, lo odiaba y no quería saber más de el por los últimos dos o tres siglos, solo quería estar solo, y ahora iba a tener más tiempo para pensar, estando en una celda era la mejor forma de pensar.
Imaginarse en Mau.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Helena, si su lobo se enteraba que estaba presa en una celda, iba a movilizarse por ella.
El temor invadió la mente de la chica.
Tenía que avisarle de algún modo que estaba bien, solamente eso.
Los grilletes a la que estaba atada, empezaron a elevarse más, hasta que llego a estar a una altura de dos metros, ella se arqueo del dolor proporcionado en sus muñecas.
—¡Maldición!—Musito casi masticando las palabras.
Helena pasaría la noche más inhóspita que había pasado en su vida, con el frio de aquella celda nada acogedora y la cadenas destrozando sus huesos, temía por sus manos, no querían que quedaran como las de un trol y su figura femenina se arruinara.
Mau seguramente no la iba a querer como una chica trol o tal vez si, en esos momentos nada era exacto en su cabeza solo buscaba la forma de liberarse del dolor en sus muñecas.
Era desgarrador.
Intento moverse un par de veces y luego cayo desenfrenadamente, hasta que estuvo lista para chillar del dolor, las esposas se aferraban a la piel de la vampiresa y casi la magullaban, la aplastaban con parsimonia no le daba ni un segundo e descanso.
Helena siguió así toda la noche, tratando de escaparse de una prisión casi imposible de escapar, no durmió nada y para la llegada del día, estaba tan cansando que cerró los ojos sin importar que sus muñecas chorrearan sangre, durmió plácidamente.
Al rato despertó con un ardor en la pierna que la penetraba del modo más feroz que pudiera, Helena inmediatamente movió la pierna, cuando se dio cuenta estaba siendo quemada por el sol, inmediatamente trato de arreglar su posición, no quería que su cuerpo terminara siendo deshecho por él, el dolor en la pierna siguió creciendo y también el de sus muñecas, no había ni un poco de agua y aunque no muriera de la deshidratación, tampoco quería pasar años sin probar algo.
Era una sensación horrible. Que desgarraba la garganta.
—¿Demonios como paso esto?
Aun no podía darse cuenta de cómo paso.
Helena siguió durmiendo hasta que llego la noche, ese día fue tan duro como el veneno de serpiente, amargo y doloroso.
Al cabo de las nueve de la noche Uki llego a la celda con algo de comida, Helena se alegró tanto que dejo que un suspiro de tranquilidad saliera de su boca.
—¿Estas bien Uki?—Dijo con la voz algo ronca y desgastada, ya estaba ronca, el calor en esa celda era sofocante y sin algo de agua era una tortura más grande, que las propias cadenas que magullaban sus muñecas.
—Si—Ella abrió la celda con las llaves de la prisión y también bajo el guinche que sostenía a Helena en el aire. Cuando las piernas de la vampira tocaron el suelo, se sintió tan raro y pesado, que se desplomo inmediatamente.—¿Helena estas bien?—Uki corrió a auxiliarla, y paso un brazo por encima de su espalda llevándola hasta la banca de penatorios en donde el sol sí que daba de lleno, los vampiros la utilizaban para torturar a los rebeldes, y quitarles partes del cuerpo utilizando al sol.
—¿Uki no te hicieron daño?—Volvió a preguntar Helena aclarándose la garganta.
—Si pero, me costó mucho fingir que solo te iba a traer comida.
—¿Trajiste agua?
Ella afirmo con la cabeza y de la canasta saco una cantimplora llena de agua. Helena la arrebato casi inconscientemente como si fuera sangre y la tomo toda. Cuando finalizo, se recostó en los barrotes y entre cerro los ojos para disfrutar del agua, también estaba tan cansada que podía desplomarse a dormir nuevamente.
—Tu padre está furioso, ha mandado a buscar a tu lobo Helena.—Uki saco una manta en donde yacían dos muslos de pollo que pudo sacar de la cocina sin que nadie dijera nada—, es lo único que pude conseguir nadie quiere alimentarte, porque tu padre se los ha prohibido, pero finjo que como el doble y hasta el triple para traerte algo.
Helena la abrazo.
—Me alegra que no estés lastimada.
—Si ayer cuando los guardias entraron me asusté mucho, pensaba que algo había pasado, sin embargo al ver al comandante amarrándome y amordazándome supe que te habían descubierto, y como no tengo esas habilidades como las tuyas de salir volando por ahí, no pude escapar. Si no hubiera partido los vidrios de tu recamara y te hubiera encontrado antes de que llegaras.
Helena sonrió pusilánime.
—Gracias Uki siempre estás conmigo cuando te necesito.
La elfa saco un poco más de comida en una taza de metal y la puso a un lado de Helena, viendo que estaba magullada sabía que su padre le había dado una tunda, esa pobre vampira estaba loca, de amor, pero aun así, era su amiga y la iba a ayudar hasta en los momentos más peligrosos, no le importaba quien se interpusiera en medio, ni el conde, ni el señor de las sombras.
—Helena tenemos que sacarte de aquí. Pero ahora no puedo hacer nada más que dejar las esposas abiertas para que tus brazos no sufran, pero después de un poco más de tiempo conseguiré hacer algo, solamente era una cosa que me ponía insegura.
Helena rápidamente echo varios mordiscos al pollo y también comió de arroz en la taza, Uki tenía que apurarse no podía estar mucho tiempo allí porque sabía que era peligroso, dos compañeras juntas tramarían algo, solamente estaba allí en la celda para llevar comida.
—Helena me tengo que ir en dos minutos, ahora dime que puedo hacer por ti, que quieres, una manta, una cama, un libro, ropa, un baño. ¿Qué quieres?
Helena trago el pollo, y se aclaró la garganta con un poco de agua.
Ella respiro hondo.
—Sé que lo que te voy a decir no es de tu agrado, pero sé que las cosas deben ser siempre como las dicta el destino sin embargo quiero luchar. Lo único que quiero y que necesito, es que le digas a Mau todo lo que paso, desde que me arrestaron hasta ahora.
Uki protesto inmediatamente.
—Es de mucho riesgo Helena.
—Uki hazme ese favor, te lo imploro, sabes que si Mau no me ve en la próxima luna llena vendrá a buscarme y no quiero que nada le pase. Yo estoy segura en la celda, pero el si viene, como se enfrentara a dos mil soldados de la corte, lo aniquilaran, eso no es lo que quiero para mi lobo.
Helena tenía ese brillo en los ojos, que solo la invadía cuando estaba tan alegre que no se podía contener, Uki no iba a ser la que destrozara su corazón.
Cambiar una habitación den lujo por una celda asquerosa no debía ser fácil, pero era más difícil ver como la persona que amas se muere.
Eso sí lo tenía claro.
—Helena lo hare, ¿cuándo es la próxima reunión?
—El domingo a las doce, llegaras al lugar de siempre, si sigues mis indicaciones.
—Vale.
Helena repitió cada una de las indicaciones que ella le daba, Uki memorizo las palabras, segura las indicaciones de Helena entonces tenía que embarcarse en la aventura más temeraria de su estilo de vida sedentaria, ¿Qué locura estaba haciendo?
—Mau no me conoce si llego allá me va a devorar pensando que soy una espía…
Helena rio.
—Mau devoraría primero a uno de los suyos antes de hacerle daño a una amiga mía, solo tienes que decirle que te he mandado—entonces se secó uno de los aretes y se los entrego— dale uno de estos y cuando lo vea creerá en ti, si no dile que te olfatee, él puede oler el miedo y la inseguridad, pero cuando vea que la verdad está en ti, creerá.
Uki se sonrojo ¿podía oler la mentira? Mejor que nunca dijera una cerca, o se la comería con pericia.
El tiempo se agotaba en la sala de castigos, entonces Uki cogió la cesta de comida, y escondió los aretes entre los restos que dejo Helena.
—Nos veremos mañana.
Helena volvió a donde estaba, pero durmió más cómodamente esa noche.
El domingo por la noche llego, y Uki estaba dispuesta a ir a donde le indicaba Helena, cogió un caballo del establo y le indico al comandante que iría a comprobar asuntos políticos, el comandante se comió la mentira de la misma manera que la devoraba con los ojos, la elfa siempre conservaba caderas anchas y pechos generosos que hacían tambalear a cualquier guardia, pero al contrario que Helena, nunca aprovecho para sacarle provecho era muy puritana, con decir que nunca había pasado de un beso con ningún vampiro.
Dejando las dilaciones, se armó con su espada y con sus dagas para defenderse del bosque y llego a la taberna de antes.
Se internó al bosque usando el caballo y se dirigió media hora al rio arriba, de inmediato algo pesado la hizo caer del caballo.
Ella saco su espada intentando pararse del suelo, pero una silueta la atrapo por detrás, tomando forma el comandante Paco entro a la escena, y tomo un pecho de Uki entre sus manos.
—¿A dónde ibas elfa?
Ella intento separarse pero no pudo, la fuerza del comandante era mucho más grande que la suya, ahora odiaba no tener poderes, ¿para que serbia una larga longevidad? solo para ser viejos y disfrutar de la vida, envidiaba a los hombres lobos, ahora necesitaba una de esas garras tan filosas.
La espada cayó al suelo, e intento calmarse para buscar sus dagas escondidas en los pliegues de la bota.
—No es tu asunto comandante.
Paco apretó el trasero de Uki contra su m*****o y la elfa pudo sentir su rigidez, intento soltarse, pero el Comandante la ya tenía agarrada de los brazos, con fuerza paco la tiro al suelo, ella se tambaleo, intento colarse entre las ramas a rastras pero Paco la obligo a quedarse allí, le puso una pierna en el estómago de la elfa, haciendo la presión necesaria para mantenerla retenida.
—Suéltame paco le diré al conde.
—Dile a quien quieras, yo le diré que venias al bosque buscando un hombre lobo, y como eres amiga de esa traidora me creerán a mí.
Uki maldijo.
Paco empezó a quitarse la armadura.
Uki aprovecho que estaba distraído, y tomo la daga contenida en su bota, y le tajo la pierna, Paco quito su extremidad del dolor y jadeo brincando en una sola pierna, Uki aprovecho y también le hizo una marca en el rostro dejando salir un poco de sangre.
Intento correr al bosque.
Pero las manos fuertes del comandante la raptaron nuevamente y la pego contra un árbol, sin posibilidad de moverse, y presiono su cuerpo con la espada.
Se limpió el poco de sangre que salía de la brecha en su cara, desde el cachete hasta más arriba del pómulo.
—Me encantan las mujeres que se resisten—susurro a su oído.
Uki estaba llena de miedo.
Sin embargo, antes de que pudiera poner una mano en los pechos de Uki, no sin antes rasgarle la camisa, un aullido se escuchó en el bosque, y el comandante cayó al piso siendo atacado por un destello tan rápido que no pudo divisar.
Los ruidos detrás de ella se escuchaban feroces, dio un giro lentamente, para ver como un hombre lobo trataba de aniquilar al comandante, acto seguido saco unas garras de sus patas y las clavo en el corazón del comandante, sin piedad saco el órgano aun palpitando y lo hizo estallar cerrando sus manos con fuerza, Uki estaba horrorizada, las piernas no podían soportar su peso y cayo de rodillas al piso.
El lobo confirmando que su enemigo estaba muerto, entonces regreso a donde estaba la chica, y la olfateo, Víctor había visto todo, la elfa estaba escapando y el vampiro la ataco como vendavales.
El lobo volvió a su forma humana.
Víctor dejo verse ante la chica.
—¿Estas bien?—El extendió sus manos, para levantarla del piso.
Uki sintió como su corazón palpitaba más acelerado cuando un hombre atractivo, le ofrecía ayuda, era tan masculino y varonil, y ese cabello suelto lo hacía verse como un dios griego de las historias.
—Si…—Titubeo.