Ella inmediatamente convoco a un soldado de la naturaleza. Y no precisamente un árbol, era un hombre más alto que Víctor y también el doble de fornido, de piel clara y bronceada, también de ojos claros y parecía que tuviera una corona de hojas en la frente.
—Ahí las tienes ahora déjame en paz por un rato tengo que hacer algo…
—Seguro pero que no te quite mucha energía el demonio, tenemos que hacer una aldea ¿recuerdas?
—¡Tchs! Claro que recuerdo… ahora déjame en paz, ¿algo más?
—Muchas gracias Vanesa.
Emitió una risa burlona en medio de aquel acto.
El soldado de la naturaleza también ofreció su ayuda, pero Mau le dijo que no era necesario, entonces dejando las armaduras y espadas que traía delante de los señores regreso a la basta naturaleza.
Mau y Víctor cogieron las espadas y luego se entretuvieron en las cosas que debían hacer, hasta que la noche llego.
Asaltaron la casa medieval del gobernador, en su forma de lobos y también liberaron a los trasgos para que causaran estragos por la ciudadela.
Liberaron a los duendes de las cadenas y después de haber movido a todos los humanos a otras partes ahuyentándolos entonces quemaron la aldea.
Los duendes se regocijaron y también cantaron en su idioma una balada que parecía ser su himno, Mau y Víctor guiaron a todas las criaturas al interior del bosque.
En medio del regocijo Mau espeto algunas palabras mientras era guiado al prado que Vanesa había preparado para ellos, simulando un campo de concentración.
—Escuchen duendes, todos aquí. Serán libres.—Los gritos de celebración se elevaron al cielo nocturno— Podrán hacer lo que quieran conforme a las leyes, comerán los que quieran y dignamente, pero... también tendrán que trabajar. No obligados, pero si cumpliendo con un horario de trabajo, será flexible y anti explotación.—El levanto la espada— Sois los primeros miembros dela ciudad de la libertad. Por otra parte, mi amigo Víctor será quien se encargue de ustedes, cualquier cosa que necesiten háganselo saber.
Víctor se enrojeció al estar alrededor de doscientos duendes, era una completa facción de trabajadores, ¿Cómo harían para darles de comer?, pues tendría que ocuparse rápido, porque los hombres tenían hambre, Mau siguió caminando para adelante. Hasta que choco con un árbol, y luego cayo para atrás, los duende rieron, pero luego, fueron a su ayuda, rodeando su cuerpo y tratando de levantarlo.
—Tranquilos solo fue un descuido.
—Creo que estás pensando en Helena.
Mau esbozo una media sonrisa maliciosa.
Víctor era más peligroso que las espadas afiladas.
—¡Vamos!
Mau se abrió paso entre los árboles y llego al campo de concentración que indicaban las luces, quedo con la boca abierta cuando lo observo.
Había tiendas de campañas hechas con ramas y corteza de árbol también hogueras y hasta fogones hechos de tierra un total de doscientas tiendas.
¡Este era el verdadero poder de la druida!
El rio corría justamente por encima de las casas y hasta había fuego encendido, cuando los duendes vieron sus nuevas viviendas entraron en conmoción, ningún amo anterior les había dado tanto, y Mau sabía de ante mano que fue buena idea aliarse con Vanesa.
—¡Gracias Vanesa!—Dijo en su mente intentando hacer comunicación.
Una brisa se sintió en el campo de concentración y un remolino apareció en medio de las casa a una altura temeraria, las luces verdes se juntaron en ese punto y parecían que estaban haciendo bululú, luego unos rayos de luz eclipsaron la oscuridad. Y una silueta femenina emergía de ella, hasta que las luces se desvanecieron y dejaron a la vista una hermosa mujer de cabello largo y claro, de piel bronceada y clara, ojos claros, una tiara en medio de la frente, y un cetro en la mano derecha.
—No debes agradecerme apenas hemos comenzado.
Víctor reconoció la voz inmediatamente.
—¡¡¡Vanesa!!!—Dijo Mau incrédulo.
La primera vez que se mostraba ante sus ojos.
—Siento no haberme podido encontrar con ustedes antes, pero estaba un poco ocupada, saben que mi trabajo me consume.
Mau pensó en los gemidos de esta mañana.
—Eso no Mau.—Reclamo con el ceño fruncido.
Estaba en sus pensamientos.
Debida tener más cuidado. El lobo gruño.
Todos los duendes estaban asombrados con la presencia de la madre del bosque, mas no sentían miedo, pues siempre la veneraban como diosa.
Sin embargo no la miraban a los ojos directamente, pues era considerado como una ofensa de años de torturas. Vanesa fue descendiendo lentamente hasta que sus pies descalzos tocaron el suelo y apreciaron el pasto sencillo que había invocado por sobre la tierra seca que había hay.
—¡Ahora tenemos que empezar a construir los cimientos de nuestro reino!, pero antes,—Ella movió una de sus delicadas más e invoco a una mesa larga donde cabían muchas personas y algunas hadas de la naturaleza fueron poniendo comida en ellas, aunque en su mayoría para no decir totalidad, frutas y legumbres— ¡Comamos!
La druida invito a todos los duendes a sentarse para comer juntos en aquella mesa idílica parecidas a las que tenían en los castillos.
El tiempo paso, y los invitados se empezaron a sentir más cómodos, al final de la noche y comienzo de la madrugada. Todos estaban tan cansados que cayeron en un sueño profundo. Habían bebido mucha sidra, porque algún druida no podía conseguir vino.
Cuando Mau estaba en compañía de Víctor y ninguno de los otros duendes la druida propuso un paseo por el bosque para aclarar algunas cosas.
Estando dentro de los batos arboles de pino y el emparamado frio, la druida se sentó mas como una humana que como un ente ancestral y dejo caer su espalda sobre el tronco del árbol.
—¡Ser druida no es fácil!
—¡En lo absoluto!—Remarco Víctor de buen ánimo.
Como si Mau no supiera que había quedado como un lobo rancien enamorado de una mate cuando vio a Vanesa descender del cielo.
—¿Que recomiendas que hagamos Vanesa? ¿Empezamos la construcción o mejor buscamos más aliados?
—Necesitamos hacer un castillo para que nos tomen en serio.
Mau resoplo.
—Pero es demasiado pronto, necesitamos más hombres.
—Entonces ve a buscarlos Mau… al sur hay dos aldeas grandes, hay vampiros que están esclavizados también hombres que estaban siendo torturados y algunos Nomos. Y cambiantes.
—¿Cambiantes? Pensé que se había extinto.—Debatió Víctor, realmente atraído por los ojos celeste de la druida que era una exquisitez por encima de cualquier loba de su manada.
—No todavía quedando unos cuantos en la zona sur. Tráelos serán de gran ayuda. Y también hazte con unos artesanos y constructores no bastaran con solo los duendes.
Mau afirmo con la cabeza.
Vanesa paso sus ojos por los brazos de Víctor, pero no se comparaban al de su demonio mitad ángel, Víctor se sintió deleitado cuando esa mirada lo escrutaba lentamente, hizo que su m*****o respondiera al nombre de la lujuria de un jalón.
—Mau si alguno de nuestros enemigos quiere atacar, entonces estaremos desprotegidos, debemos buscar una fuerza que sirva de guardia.
—¿Humanos?—Sintió la duda.
—No. Tus hombres lobos serán mejor para esta tarea.
Mau se rasco la oreja y luego lanzo un pequeño escombro al suelo.
—¡Bien! Los traeré mañana.
Rápidamente Víctor intercedió en la conversa, tenía una leve preocupación en su viaje hacia el sur.
—Tendré que ir solo a esa aldea.
—No necesariamente, lleva a los que quiera, pero… ten cuidado.
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Esa advertencia casi cariñosa le erizo la piel al lobo y menos mal no estaba en su forma bestia, porque se iba a ver como un puerco espín.
Inmediatamente Vanesa se levantó de las raíces de aquel tronco y se fue.
—Demonios es rápida—Declaro Víctor confundido.
—Sí, es una druida que esperabas.—Mau cogió una bocanada de aire y luego continuo—dejemos a los duendes seguros y volvamos a casa.
—Sí.
Los hombres lobos hicieron lo necesario para esconder el lugar de algún tipo de Invasión enemiga, Vanesa se encargó de conjurar un camuflaje perfecto que hacía que ninguno que no fuera m*****o de la alianza pudiera verlos, en fin dentro del bosque iban a ser invisible.
Dejando más tranquilo a Mau y a Víctor, ellos se dirigieron a la montaña del norte, el reino apenas estaba empezando a formarse.
Pero para que fuera un reino de verdad necesitaba soldados.
Ojala su manada estuviera dispuesta a luchar por una vampira.
O por la próxima esposa de su alfa.
La noche siguiente, Víctor se encargó de hace r las labores que su druida le había encomendado, y con algunos hombres lobo, fueron a aquella aldea alejada del sur.
La vampiresa tras una discusión acalorada con el comandante de la sala de cenadores, pudo conseguir algo de información, aunque no mucha, pero lo suficiente como para poner a unos cuantos vampiros en la contra de su padre, el comandante se llamaba Paco, tras algunas copas de vino charlaron, y entre el calor de la velada, Helena supo utilizar su cuerpo femenino para sacar provecho.
Le encantaba jugar con los hombres.
Pudo sacarle algunos cuantos nombres e inmediatamente busco a los guardias, efectivamente eran los que estaba buscando y a cada uno de los trescientos soldados que no querían seguir siendo dirigidos por el conde, Helena actuó inmediatamente, los soldados se presentaron en el patio trasero y les nombro su guardia personal, un poco excesivo, desde ahora ellos harían todo lo que ella quisiera, su padre no puso algún impedimento, sabía que las tendencias de su única hija era ser cuidada. Y qué mejor que trecientos soldados vampiros para su cuidado o protección, a si se aseguraba que no haría algo descabellado, lo único que no pensó el conde fue, que esos soldados estaban rezagados y obedecerían a quien les diera un vestigio de libertad, en este caso Helena.
Esa misma noche ordeno a Uki que la cubriera en la casa, porque ya era la luna llena y tenía que encontrarse con Mau.
Una semana y media que no veía a su lobo, estaba tan desolada como un verano y tan seca como un desierto, solamente quería enredar sus dedos en su cabellera desordenada y que sus dedos volvieran a vagar por su cuerpo sin control y la llevara al cielo.
Se maquillo completamente, como si fuera a ir a una fiesta con lores, Helena se bañó con las esencias más olorosas y perfumadas que encontró en su cuarto y también saco los viejos aretes de su madre, antes de partir, le dejo aquellos aretes y finalmente se apodero de los recuerdos contenidos en su corazón, pero tampoco quiso ponerse triste, ahora quería ser feliz con Mau.
Los aretes eran de oro, y tenían la forma de un murciélago pequeño. Ambos aretes se colgaron en los hoyuelos de sus orejas y luego los meneo un poco, era atrayente, cuando movía la cabeza esas dos piezas perfectamente se sincronizaban y daban lugar a una danza agradable.
Como una serpiente cobra reptando.
Helena se colocó un labial rojo que hacia resaltar más sus labios y su piel clara, conjuntamente a los colmillos enromes y los ojos de color rojo cuando estaba ansiosa, esperaba que Mau la viera y cayera desmayado al rio, pero mejor que cayera desmayado entre sus brazos, para poder saborear su sangre que sabía a vino y besar su boca, aquella que la hacía volver loca paulatinamente.
Helena comprobando que estaba más que Linda, entonces llamo a Uki, y le dio un abrazo para despedirse. Cuando estuvo lista salió del cuarto y se escabullo hacia la biblioteca, estando afuera del castillo, contemplo un cielo estrellado y medio nublado, con una brisa leve que acariciaba los mechones de su cabello, y le decía que era una noche excepcional. Además de combinarlo con el sentimiento de riesgo a lo que conllevaba todo esto, esa adrenalina correr por sus venas solamente para verlo.
Era el más dulce manjar en la tierra.
Cabalgó salvajemente con su caballo n***o y capa negra también, se abrió paso por los senderos que parecían se abrían delante de ella.
Al menos tardo media hora en estar en el rio de siempre, cuando bajo del caballo y se aseguró que nadie la había seguido, amarro su potro a un árbol y se entró a las orillas del rio, Mau estaba allí esperándola con su mirada vertida en la luna.
Hoy Mau vestía algo más elegante, una capa de color blanco y una camisa que se pondría un joven de la realeza. Helena recordó algo que dijo al consejo de sabios anteriormente, pero era un cambio abrupto. Le gustaba más verlo sucio, con magullones y mostrados sus monumentales y sexys músculos.
—Amor casi me vuelvo loca quería estar contigo.
Mau salto de la roca con rapidez, se afinco en un piedra del rio y se puso a un lado de Helena, la tomo por la cintura acercándola a su pecho y tomo sus labios en un enardecedor beso, que hico arder a su lobo interior, la junto un poco más a su cuerpo, y luego tomo con sus dedos ásperos la melena de la chica, estaba más lacia que antes y hasta más suave, olía genial tanto que embriagaba el olfato de cazador.
El sus labios rojos sabían a una cosa que nunca antes había probado, y los colmillos estaban tan erectos como su entre pierna.
Mau se estaba volviendo loco. Con calma le tomo del pelo y con un tono suave y ronco en su voz declaro algunas palabas.
—Ya te estaba extrañando.
Helena sintió como el corazón dejaba de palpitar por un momento, era áspero y tosco pero sincero, eso contaba más que una falsa prosa de amor.
Mau también olía bien, ahora usaba perfume, aunque le gustaba más cuando su sudor la empapaba y la dejaba olorosa a él.
—¡Calma Mau!
—Tengo ganas de hacerte el amor eso es todo.—Helena estaba sorprendida con la declaración del lobo, pero también tenía ganas de hacer lo mismo, como podía juzgar si, estaba en la misma situación.
Helena se aferró de la espalda de Mau y lo beso lentamente, disfrutando el sabor de su boca, que parecía ser carne, A Mau le gustaba mucho la carne, y el vino, pero también tenía ese sabor tan típico de si lobo, que no podía describir era una sensación entre durazno y melocotón, pero no podía asimilar nada con seguridad, porque solo era una aproximación. Aun no sabía que era esa extraña sensación que la hacía emborracharse del muchacho, ahora mismo se sentía en las nubes con tantos sabores en su boca.
Mau se separó por un segundo.
—Vamos a comer algo traje una cosa nueva.
Mau volvió a ir a la roca en donde estaba sentado y saco la canasta que siempre traía, tomo de su interior dos platos y cubiertos, también una cosa que venía envuelta, en una cajita que parecía ser de algunas hojas, ¿Qué seria eso? Mau se las ingeniaba para hacerla pensar cada vez que venía.
—Se llama Pizza— Puso un pedazo en el plato aún estaba caliente y el vapor salía por la corteza de esa masa en forma de cono—, los duendes son muy avanzados y seguramente traerán al reino buenos inventos, no conocía estos alimentos hasta ayer y estoy completamente sorprendido.
Mau puso otro pedazo en el plato posterior, Helena se sentó sobre la manta que había puesto Mau, y entonces cogió su planto.
La Pizza estaba caliente.
—Mau creo que me he quemado, pero esto huele delicioso.
Los colores en la masa eran muy diversos.
Helena casi gime cuando probó un bocado de la pizza, era muy variada y caliente sabía como si estuviera chupando el cuello de una sangre tan pura, que la hacía desmayar, era exquisita, pocas cosas en la vida se comparaban como esos placeres.
—¡Mau esta deliciosa!.
El lobo rugió en tono de celebración.
—Sabes los duendes saben cosas que nosotros no, tenemos a muchos como aliados, así que las cosas nuevas no faltaran. Y por cierto quiero darte otra sorpresa.
Helena arqueo una ceja.
Mau se levantó del suelo y sacudió sus pantalones, luego se introdujo en el bosque por unos segundos dejando a Helena en la completa soledad.
Cuando regreso poseía una sonrisa tan burlona que no dejaba nada bueno que esperar.
—¡Vamos Helena!
La ayudo a levantarse del suelo, y entonces la fue llevando a los adentros del bosque, cuando estaban cerca de la zona en donde Mau planificaba hacer su nido de amor. Él se detuvo y la miro a la cara.
—Voy a cubrirte los ojos, no quiero que veas la sorpresa antes de que sea el tiempo.
Con cuidado Mau pasó sus manos por el rostro de su vampira, y le tapo los ojos.
—Segura que no ves nada.
Ella rio un poco.
—Mau soy vampira no maga.
El lobo mascullo algunas palabras malas, pero no le importó mucho y luego fue guiando a Helena sobre los árboles talados y la luz brillante de su fiel compañera la luna.
Mau la guio lentamente hasta que Helena sintió debajo de sus botas una cosa que estaba más rígida que la tierra dio dos pasos más y luego comprobó que se trataba de un piso de Madera. Ella sintió el olor intenso a pino y no pudo contenerse a inspirar la fragancia tan peculiar.
Mau fue apartando sus manos del rostro de Helena, ella recupero su visión al cabo de segundos para encontrarse con los fundamentos de una casa.
Ella quedo boqui abierta.
—¡Mau!—Gimoteo del asombro.
—Helena esta va a ser nuestra casa algún día. Quería que la vieras como es ahora, para cuando este realizada nunca olvides, todo lo que nos ha costado llevar lo nuestro en secreto de nuestras familias.
Mau rápidamente llevo a Helena a la segunda planta, que estaba casi terminada, solo faltaban algunas paredes, allí le mostro una cama en forma de corazón decorada con una manta roja velas, y pétalos de lirios y rosas a la par, Una druida le había ayudado a conseguir los pétalos, era bueno tener aquellos contactos en su agenda de conocidos, Helena quedo impresionada.
Era romántico.
Como en los libros que estaban en la biblioteca de castillo.
—Mau…—Inquirió en un tono más sutil y acogedor.
—Helena quiero hacerte el amor como a una dama, no solo como una bestia, una cama es mejor que las rocas duras y filosas del rio. ¿Me dejas hacerte el amor?
Los ojos del lobo brillaban de deseo y dolor ardiente en su corazón.
¡La vampiresa como se iba a negar a semejante proposición!
—Mau… quiero que me hagas el amor toda la noche y que me dejes sin fuerzas de caminar. Te quiero a ti, y solo a ti mi lobo feroz…
Ella paso sus manos por el pecho de Mau siguiendo el jugueteo erótico de la situación.
Por cierto, le había encantado los detalles tan delicados y románticos para ella, ser una persona tan ruda que mataba a sangre fría, no se debía llevar bien, con las cosas del amor… pero Mau estaba siendo un experto en experimentarlas nunca se esperó de su lobo, aquel detalle tan acogedor y caluroso, más bien ardiente, sería la palabra indicada.
Sería la primera vez que Helena haría el amor en medio de velas y rosas.
Los vampiros no eran para nada románticos, eran más brutos que las bestias.
Mau se unió a ella en un beso tierno y lento, quería disfrutar toda la noche, con ella, toda la noche, ¡Toda! No se iba a perder ni un segundo de su candente velada.
Quito la horrorosa capar que cubría el hermoso cuerpo de la chica, Helena sintió como el frio se apoderaba de su cuerpo pero adentro yacía un calor que nadie podía apagar, una pasión que nadie podía quebrar, ni su padre, ni su clan, ni Uki, nadie.
Mau paso sus manos por cada delicada y sensual curva de la vampiresa, disfrutando de su olor y su sabor, de sus colores y de esos aretes que brillaban bajo la luz de la luna.
—¡Argh!—Gruño cuando sintió las manos de Helena metiéndose en su cuerpo, era excitante, tanto que hizo emerger a su pequeño amigo— ten cuidado my lady, si no me sacaras del tormento antes de empezar, Helena te quiero para toda la noche.
Ella rio picarona mente.
—¡Yo también!
Los sentimientos que albergaban ambos, se cruzaban, así mismo como el choque de escudos y espadas encarnadas de dolor, que se vendría sobre ese bosque emparamado.
Mau bajo un poco el escote del vestido de Helena, y luego la recostó sobre la cama con total cuidado, nada mas eso le hizo temblar de placer.
Verla de esa manera tan… sumisa, tan libre, tan ella, en una cama y solo dispuesta para él, le hacía doler la cabeza, y el cuerpo, todo su cuerpo sufría un estreñimiento malicioso.
Viéndola desde arriba ella era la mujer más bella que alguien podía tener.
—Me encantas—Dijo con una voz más ronca de lo normal.
Ella cerro los ojos y disfruto como Mau la deseaba, no era una mentira hasta su voz se lo decía, la estaba desenado tanto, que estaba por explotar. Y ella estaba allí, para terminar con ese sufrimiento, para acabar con los dolores de Mau, fueran físicos o mentales.
Los pétalos daban un buen aroma en la cama y los lirios perfumaban el aire, que entraba por una ventana gigantesca que alguien se le ocurrió por poner.
Helena inspiro el aroma tan variado de la habitación y se sintió excitada, Mau con ansias de devorarla fue metiéndose entre sus brazos, para capturar su cuello y hacerlo arder, con sus sabias caricias segadoras, entonces Helena gimió a placer.
Y con la comodidad de una cama no quería saber que iba a ser posible de hacer aquella bestia de la pasión, los amantes hicieron el amor por toda la noche, sin pensar, sin cuidarse, sin estar precavidos, sin la cautela necesaria para mantener los secretos.
—Creo que al conde le va a encantar esta noticia—Paco sonrió malignamente esbozando una sonrisa maquiavélica mientras veía desde los aires a Helena teniendo relaciones con un hombre lobo.
Tal vez seguirla ahora no había sido una mala idea.
No era una decisión repulsiva de adolescente, todo tenía un precio en esta vida, y quería saber cuál era el precio de un chisme tan grande como este.
¿Cómo se pondría el conde si llegara a saber sobre esto?
—Quien diría que la princesa estuviera viéndose a escondidas con un lobo.—Puso sus manos en la barbilla— Esta carta la jugare a mi favor.
El infierno, se acaba de desatar en la tierra, con la partida del comandante de vuelta al castillo, el mal volaba por la oscuridad con una armadura plateada y capa negra, sonrisa sádica y pensamientos malignos, ni si quiera la Druida se dio cuenta de aquel escenario atroz.