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2192 Palabras
  —No tengo mucho que dar, pero sé que estar debajo de una cueva debe ser horrible, no poder ver las estrellas o estirar las alas debe ser muy feo, poder volar y no hacerlo una tortura,—Mau inspiro el aire— y estar en un lugar tan húmedo debe producir caspa y malos olores. Lo que quiero decir, es que puedo ofrecerte una nacionalidad, y un banco en donde depositar todo este oro sin necesidad que lo tengas escondido, a sabiendas que otro dragón puede venir a matarte y llevárselo todo. El Dragón volvió a arquear una ceja. —¿Nacionalidad? ¿Lobo? —No… el país de la libertad, donde todos pueden ser como en la utopía. Amar libre mente, vivir libremente y tener una familia libremente. El dragón se aclaró la garganta, hacia desde hace cuatro años que no probaba una gota de agua. Mau le extendió la mano. —He viajado por muchos lugares del mundo y nunca he visto nada así, no me traen beneficios, y los bancos no creo que me vayan a dar una buena protección a mi dinero. —Entonces hazlo para poder volar por el cielo libremente sin ser asediado por paladines y guerreros. El dragón tenía que admitir que no era broma aquellos ideales, no podía volar sin ser asediado por muchos asesinos, volar con libertad sí que ansiaba, volver a levantarse en el cielo como un dragón milenario, eso dejaba mucho de ansiar y lo llenaba de ansiedad. ¿Pero podía confiar en esta ciudad? —Hace tiempo que no vuelo con libertad. —Sí, porque no te unes, tenemos duendes, una druida, hombres lobo, vampiros, cambiantes, humanos y lo mejor de todo es que viven en armonía. Nadie es más que otro, ni nadie esclavizan a nadie, todos cooperamos con las labores de la aldea y vivimos en prosperidad. El dragón observo su oro, había estado allí por los últimos tres siglos y aunque era una cueva maravilloso quería también volver a ver los rayos del sol. —Me imagino que vivir en la soledad no es bueno, sabes hay muchas chicas en la aldea, seguramente te podrán gustar alguna. Mau elevo las manos para estrechar su mano. —¿Que dices? ¿Te arriesgas? Soledad o prosperidad, aburrimiento en una vida longeva o una vida de acción y aventura como cuando los dragones gobernaban los cielos. Había pasado mucho tiempo desde eso. —Me arriesgo.—Se echó para adelante y tomo la mano de Mau—, te ayudare quiero ser parte de esa aldea a la mierda el aburrimiento de estas cuatro paredes quiero luchar. Mau le brindo una sonrisa. —¿Cómo te llamas? —Tengo muchos nombres… devastador, destructor, saqueador, pero me gusta que me llamen Vladimir. —Entonces Vladimir bienvenido a la ciudad de la libertad. —Es un nombre muy largo cámbialo—sonaba más como una orden que como un consejo, pero era un dragón Mau tampoco se dejaba llevar por las apariencias. Podía decirse que tenía el genio de un dragón y no era broma. —¡Entonces vamos! No tenemos mucho tiempo para rescatar a Helena. —Un momento…—Vladimir sello las puertas y entradas a su escondite con magia y luego miro a Mau— tengo que cuidar mi oro. Mau resoplo entre una brisa burlona. —Sabes que estamos en pleno siglo catorce, hay bancos.—Mau torno los ojos. —Se lo que son, pero no confió en ellos. Los pueden robar. —¿Pero nunca has abierto una cuenta en el banco?—Mau cruzo sus brazos. —Yo era el que los robaba.—Vladimir empezó a transformarse en un dragón— sube a mi espalda será más rápido no quiero caminar. Enseguida cuando el dragón estaba trasformado, Mau subió a su espalda. —Agárrate que tengo mucho que no vuelo. El dragón estiro sus alas, eran como de catorce metro de largo, y luego aleteo tan rápido que apenas pudo ver, Mau estaba sorprendido, eran tan grande y se podía mover tan rápido, exudaba poder, inmediatamente  una roca se abrió encima de ellos, dejando una apertura perfectamente cilíndrica que apuntaba al cielo. Casi como la boca de un volcán. —¡Es mi salida de emergencia chico! Vladimir se elevó más en la cueva hasta que se impulsó con todas sus fuerzas y luego salió disparado de la cueva al cielo… Mau se aferraba fuertemente de las orejas de Vladimir para no caerse, cuando estuvo en el aire pudo visualizar lo monstruoso que era, debía medir treinta metro de largo, pero no era como los dragones chinos, que lucían un cuerpo flaco y largo, para nada, Vladimir tenía un cuerpo más bien rechoncho pero sin barriga, solo una tabla en su estómago, y una piel blindada de color negra que se podía confundir con la noche. Su cola media como diez metro más de largo, y sus ojos brillaban. Patas largas y musculosas que seguramente habían destruido miles de carrozas de guerra en la antigüedad. Un gruñido tan grande y feroz se dejó escuchar por todas las direcciones. —¡TRATA DE NO HACER RUIDO!—Grito Mau al interior de su oreja. —Sabes que podemos hablar con telepatía.—La voz de Vladimir también percuto en su cabeza. > —Y me lo dices ahora… El dragón rio. —Casi todos los seres con cierto nivel se pueden comunicar con telepatía, pero seguramente que las cosas eran más complicadas en esa entonces. El viento cortaba las alas de Vladimir, y también se sentía bien volver a estirar sus músculos después de un largo sueño. También admiro la luna llena encima de ellos, quien sabe si volvería a su cueva, pero lo que tenía seguro es que no quería pasar otros novecientos años en soledad. —En donde queda tu aldea Mau. —Nuestra aldea querrás decir.—Vladimir arqueo una ceja.— queda por allí, señalo algunos puntos y también una marca en el bosque. —Vladimir contéstame algo, ¿Por qué se extinguieron los dragones? —Hubo una guerra en el pasado, muy grande y, digamos que el equilibrio del mundo cambio. Vladimir no hablo más, se quedó callado mientras volaba rápida y ágilmente, ¿Qué escondía esta gente? ¿Qué había pasado con los dragones para que ahora hubieran tan pocos? Mau volvió a pensar en Helena, ahora estaba más cerca, podía combatir contra un ejército si tenía a sus lobos cazadores y a un dragón. El país de la libertad que según Vladimir tenía que cambiar el nombre, seguramente tenía un armamento pesado, esperaba que Vanesa haya preparado ya a los que iban a luchar en el castillo de Amadeus, no podía localizarla con la telepatía, pero sí que sentía como muchas criaturas se estaban reunidas, el poder que emanaba esta reunión era descomunal. —¿Esos son tus amigos? —Son ciudadanos de nuestro país. —Son muy diverso logro captar de todo.—Vladimir estaba sorprendido de verdad era un país con diversidades, ¿pero sería suficiente para combatir con los demás reinos adyacentes que conciliaban obtener más feudos? Poco a poco el dragón dio varias vueltas en el aire sobre el lugar que Vanesa había preparado para el campamento de los duendes. —Aterricemos.—Apunto Mau. Vladimir dio algunas vueltas más, tratando de encontrar el lugar indicado para bajar, pero los arboles eran muy intrincados y seguramente los derrumbaría, con las casa que estaban alrededor. —Es muy pequeño…—Espeto el dragón. Inmediatamente Mau llamo a Vanesa. —¿Qué quieres?—Dijo ella como si tuviera un problema. —Dile a tus amigos los árboles que hagan espacio para un dragón de algunos cincuenta metros de largo, no tengo una pista de aterrizaje. —¿lo conseguiste? ¿Cómo?—La druida sonaba asombrada.—¡Espera por partes! —Luego te lo cuento… solo has la pista. —Bien. En segundos los arboles empezaron a cambiar de lugar dejando una llanura perfecta para el aterrizaje de un dragón. —Prefecto Mau allá cabré. Vladimir con seguridad bajo lentamente hasta poner sus patas en el suelo y rugir con ferocidad. —Vale no los asustes.—Aconsejo Mau. El dragón no poseía Iris en sus ojos amarillos, pero juro que había puesto los ojos en blanco, bueno en este caso en amarillo. Mau bajo de la espalda de Vladimir y se puso al frente del dragón… Víctor y Uki llegaron para ponerse a la par, asombrados por las alas amarillas del dragón y, aterrados por saber que aún una criatura así existía. —Si es un dragón… —Claro—Confirmo Mau. Las demás criaturas fueron saliendo de los arboles al saber que el dragón no los iba a comer, y literalmente lo rodearon ambirándolo. Era uno de los últimos… —¿Cómo lo hiciste Mau?—Víctor parecía asombrado. —Solo use una vieja carta que tenía. Chicos él es… —Vladimir VII para su servicio.—El dragón ya se había convertido en un humano, esta vez vestido con un uniforme de mayordomo… inclino su cabeza hacia adelante en un tono servicial y mantenía su brazo derecho cerca de su corazón, con un etiqueta y elegancia comparada con la de los nobles. Mau frunció el ceño y lo dejo ser, su aptitud era de lo más rara, pero también podía conocer más de la personalidad de uno de sus miembros más fuertes del país. La magia de los dragones era poderosa.   —Bueno entonces vayamos a cabrear a los vampiros un poco—Recomendó Víctor. —Necesitamos un plan de ataques y un mapa del castillo. Para poder liberar a Helena, —Mau y Víctor miraron a Uki y sus ojos centellaban de malicia— creo que no necesitamos un mapa. Ella se quejó y mascullo algunas palabras. —Nos llevaras con Helena. —Vale creo que igual pertenecer al clan de vampiros es muy aburrido, me gusta más la aldea de la libertad.—Era una sutil mentira para llenar el hueco de los sentimientos encontrados, estaba ardiendo por quedar a solas nuevamente con Víctor. El pobre no se había dado cuenta. Rápidamente caminaron por la pradera para internarse al bosque. —Ya las tropas están lista, armados y preparados. —¿Cuántos son?—Pregunto Mau. —Doscientos de razas mixtas, cincuenta humanos, cien guarda bosques mandados por Vanesa y cien duendes, y también diecisiete lobos. —¡Perfecto!—Susurro el alfa. Mau entro a una de las casitas en donde habitaban los duendes que ahora hacia de centros de operaciones y echo un vistazo a los generales para esta batalla, Un humano, un lobo que seguramente era alfa,  una hada y un duende. Y finalmente un cambiante. —Empecemos la reunión atacaremos al amanecer. —Me parece bien señor Mau.—Espeto el dragón sentándose en una de las sillas para los generales y es que quedaba tan claro como la luz de la luna, que él era uno de esas fuerzas tan necesarias.   Helena volvió moverse de aquí para allá en la celda, Uki no llegaba y los guardias no habían dicho nada de la visita de la peli verde. Estaba preocupada. Afuera de los barrotes se escuchó unos ruidos extraños y luego la puerta se abrió bruscamente, con una brisa que venía desde el exterior, era refrescante. Enseguida las hojas se convirtieron en una pequeña hada que voló en frente de Helena, ella asombrada dejo escapar un alarido. —Calma tú debes ser Helena—Su voz era tan chillona que a la vampiresa le causaba gracia— Yo soy un hada del bosque, que viene a ayudarte a escapar, nuestra madre nos ha encomendado esa tarea. Me llamo Mickjabel. A su servicio princesa… Ella hizo una reverencia a la que Helena contesto inmediatamente. —¿Quién te mando Mickjabel?—Helena miro a donde estaban los guardias para no armar un alboroto. —Mi madre dijo que te dijera Mau… —¿Mau? —Si el ejército del bosque ya viene en tu defensa. > —¿Cuál ejercito Mickjabel? —Muchos soldados con espadas filosas, y bestias y un dragón. —Ella miro a todas partes como tratando de ver si alguien la escuchaba. Pero tenía miedo de mencionar esa palabra. —No entiendo… ¿Cómo?—Helena tenía ansiedad. —A ver qué era lo que había que hacer cuando la Vampira se ponía histérica…—Mickjabel trato de acordarse dándose golpecitos en los labios. —No soy histérica. —Bueno disculpa princesa. Mickjabel utilizando dos movimientos rápidos en las manos lanzo una descarga astral y se encargó de la cerradura. Volando la puerta por los aires. —Vamos princesa corramos antes de que lleguen los guardias. Helena no supo que hacer, pero respondió con el instinto de su cuerpo, solamente quería estar con Mau así que bajo las escaleras corriendo detrás de la pequeña Hada.          
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