Patricia, la mejor amiga que cualquier mujer pudiera tener. Tan bella y sagas parada detrás de ese podio de recepción siempre dispuesta a ayudarme en lo que sea que necesitara, era la ocasión perfecta para que ejerciera su poder mágico encima de mí, al mejor estilo de el hada madrina de cenicienta. Requería con urgencia que agitara su varita mágica y me transformara en una princesa para ir a ver a mi príncipe azul. — Patty, Patty, Patty — llegué a ese podio muy agitada y con desesperación de hablar con mi amiga cuanto antes, mi emoción eran tan grande que no me permitía hablar — Necesito, Noah, cita, cena, ayuda. Tartamudeaba como loca debido a la enorme agitación que sentía en ese momento, no lograba conjugar las palabras en una oración. Patty me miró extrañada y muy calmada me dijo: —

