(Punto de vista de Alessandro) Su silencio me perforaba como agujas, pero no aparté la mirada. El eco de ese golpe aún resonaba en mi cabeza, mezclado con la maldita imagen de su piel sonrojada por algo que no era mi toque. La tenía delante, tan cerca que podía sentir el calor que desprendía su cuerpo, y eso solo alimentaba dos fuegos: la rabia y el deseo. — ¿Qué fue lo que pasó, Ash? —Insistí, mi voz grave, lenta, como si pudiera obligarla a escupir la verdad con cada sílaba. Ella parpadeó, tragando saliva. Se le notaba la tensión en la mandíbula, como si mantener la mentira le estuviera costando hasta respirar. — No fue nada, Alessandro. . . —Susurró—. No veas cosas donde no las hay. — No me vengas con mi3rd4s —. Di un paso más, acorralándola contra la pared. Mi sombra la cubrió por

