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4543 Palabras
  —Jess, ¿seguro que no me vas a dejar caer? Jess llevo a su chica un día soleado al invernadero, el cuarto sueño de Alison en orden cronológico era muy fácil, pero que se volvía salvaje y peligroso. Montar un caballo. O un poni en su defecto. Eran grandes cosas para una chica de cinco años, cuando hizo la lista, pero también le molaba aquella idea de verse como una Barbie en un establo, con caballerizas altas y muchos jinetes haciendo alarde de sus habilidades para montar. —Para nada —Respondió el.—Es un ejercicio de confianza para ayudar a nuestra relación. —Vaya. Entonces qué remedio. Siguiendo las instrucciones de Jess, Alison se dejó caer de espalda al piso. Y el chico la detuvo inmediatamente de darse un buen golpe. Acto seguido le dio un beso intenso que despertó su fiera interior. Hasta hizo un rugido. —Ves que no iba a pasar nada. —Lo sé. Jess había hablado con Karen una semana antes del momento actual, se decidió en llevarla a un día de campo. En donde con la familia disfrutaría de todo, y cumpliría su sueño, Montar un caballo. Se aseguró que todo corriera por su cuenta… la de Coby. Pero sabía que necesitaba el auto en donde desplazarse. Jess la miro con deseo y se acercó a ella, sin decir una sola palabra le arranco un beso caluroso. Ella lo recibió con gusto y lo hizo más intenso. Aunque se separaron. —Mis padres están por llegar, debemos tener cuidado. —No me recordaba… Alison estaba aferrándose más a la vida con cada beso que le daba Jess, entendía lo que la mayoría de las personas sentían cuando estaban cerca de su ser amado. Desde que entro Jess en su vida, todo había tomado un aire mágico, la tristeza aunque no se había ido del todo, ya no era tan espesa. Y aquella nube que le impedía ver más allá. Se había disipado y solo quedaba un hermoso día soleado con él a su lado. En pleno jugueteo amoroso, Karen entro al jardín y los pillo infraganti. Jess se sorprendió pero saludo a la mamá de su amada, esporádicamente ella le dijo a Alison que tenía algunos minutos y que se despidieran. Ella afirmo con la cabeza. —Ya escuchaste me tengo que ir. —Nos veremos mañana.—Jess se inclinó un poco y le dio un beso en la mejilla. Ella afirmo con la cabeza y en silencio salió del jardín. Jess la observo hasta que se perdió de su vista. Suspiro con alegría y luego también puso rumbo a su casa. Karen no lo iba a llevar hoy a casa. Alison se fue pensativa a su casa, Jess, el chico de cabello castaño, claro que era un modo idílico de tener un romance. Y cuanto agradeció a Dios porque fuera asi, posiblemente si el no hubiera llegado a su vida, nunca hubiera conocido lo que era un beso; o aquellos respingos que le invadían cuando la tocaba con tanta pasión. El miedo la invadía pero tenía razones para seguir; se iba a aferrar a la vida más, costase lo que costase. No iba a morir tan fácilmente, era ahora por su familia y por Jess, aunque tenía miedo, de un día no despertar, de un día no poder estar allí con su madre y su padre, miedo de no poder volver a ver a Jess. Miedo de irse a un largo viaja en el que no iba a regresar. Apretó los puños, miraba al cielo con parsimonia, esperando que Jess también estuviera viéndolo. No iba a morir. Fijado en su cabeza. En el transcurso de los días Alison tuvo algunos chequeos, eran necesarios, con miedo se hizo aquellos exámenes que demostrarían su bienestar, o no. Con los resultados estaba en juego la sonrisa de Alison. El doctor le hizo una muestra de sangre y demás procedimientos, mientras ella y Karen esperaban afuera de la consulta. Estaban nerviosas, al cabo de un rato llamaron a Karen. Los resultados habían salido exitosos, la enfermedad mostraba un descenso, estaba bien, pero el doctor dijo que siguiera teniendo cuidado. Los ojos de Karen se llenaron de lágrimas y esbozo una sonrisa como nunca.  Alison al escuchar aquellas noticias también se puso contenta, más que contenta tranquila, esos exámenes eran cruciales. Al escuchar a su madre, que no debía de temer nada se echó hacia atrás y descanso los hombros en la silla. Estaba completamente feliz, tanto que quería empezar a saltar por la clínica. Aunque Karen ya lo estaba haciendo. Ahora tenía que contárselo a Jess. Tuvo esperanzas vagas, tenía que seguir esforzándose por ellos. Y, su corazón, bueno, se vertió en una esperanza, que no pudo negar. Era magnifico, idílico, esperanzador, podía estar más tiempo con Jess. Al llegar a casa Alison se cambió de ropa y entonces fue directamente al teléfono, llamo a Jess, su alegría era tal, que el chico no entendía nada, entonces más tarde Jess llamo a Karen y cumpliendo con la rutina lo busco en casa y fue a llevarlo con Ali, que parecía estar del mejor humor del mundo. Subió a la habitación y posterior a un beso, empezó  la conversa, a Jess le causo también alegría y tranquilidad. No se lo podía creer aun. Esos ojos que ponía su chica el verse contenta eran fabulosos. Sensuales, atractivos. Jess tenía un problema, estaba perdidamente enamorado de Alison. La semana entrante, Karen compro dos cosas que dejaron desconcertada a Alison, una de ellas era el uniforme de su nueva escuela, y otra era una carta de admisión a la susodicha institución. —Tienes que ir a clases como una chica normal, ya que estas mejor—Fueron sus palabras, aunque sonó como una orden más que una petición. Bueno ya no tenía remedio, pero Alison también quería ir a la escuela. ¿Desde hace cuánto que no lo hacía? Cuatro años quizás. Ella pensó mientras se daba golpecillos con el dedo índice en los labios. Aunque sus padres le pagaban la mejor educación en casa, y se esforzaban porque salieran adelante. Era aburrido. Mejor era estar en medio de muchos chicos y chicas que están haciendo desorden y tirando papeles al aire, molaba más. El único detalle que su madre no le dijo era que en donde iba a estudiar, no era exactamente un colegio. Sino un convento, el primer día, pensó que era una escéptica, ¿cómo podía hacerle eso? Había que ser alguien sin corazón, pero termino por acostumbrarse, el primer día, en el colegio que tenía una pinta muy señorial, hizo dos conocidas que más tarde se convertirían en sus amigas de bachillerato. Una de ellas era Melisa, una chica alta y de cabello rubio, su cuerpo era delgado pero con buenos dotes, le gustaba la música y dibuja perfectos comics, y la otra fue, Jesica, su cabello era largo y caía hasta más debajo de sus caderas, una chica que llevaba falda y piernas estiradas, de color morena pero muy linda con ojos grandes y envolventes.  Las dos eran un grupo de amigas y la incluyeron a ella, en cuanto llego al colegio. A veces Alison se sentía algo confundida, no entendía algunas cosas y en las tareas quedaba completamente absorta, pero poco a poco se fue desempeñando ya cuando llevaba más de un mes, tenía todos los horarios memorizados y las tareas las hacía con más facilidad, mientras que sus amigas cotilleaban de los chicos. Cosa que en aquel colegio señorial estaba prohibido. Pero se desempeñaban con avidez en tales labores chismosas, Alison reía mucho, mientas con orejas atentas, también aprendía algo. Jess la visitaba constantemente, casi todos los días, pero desde que ella había empezado a estudiar estaba un poco más alejado, los horarios la consumían y siempre llegaba cansada a la casa, terminaba durmiendo largas siestas, Jess llegaba y le daba pena despertarla, así que le decía a Karen que no la fuera a despertar y se quedaba conversando con ella, en un par de ocasiones también llego a simpatizar con Maikel, pero fue solo momentos cortos y además temerosos de que lo fuera a poner en su lugar, pero no fue así, solo movieron algunos muebles y le ayudo a su “suegro” a hacer algunas esculturas de madera labradas a cincel y navaja (en esto Maikel demostró un talento vertiginosos) según Maikel era una sorpresa para Karen así que Jess tuvo que guardar silencio. Pero vio algo en ese taller(al que nadie entraba) que lo dejo boquiabierto. Jess esa misma semana tuvo un encontronazo con Jazmín, ellos conversaron un rato con total normalidad, pero él nunca se dio cuenta de algo importante, Alison estaba ya consiente, todos estaban consientes menos él. Jazmín lo había citado en el invernadero, en un día que no iría a la casa de Alison. Jess sin muchas dilaciones llego al sitio. Vio la espectacular figura de Jaz, estaba vestida con una falda. —Esta vez no tenía aquellas horribles marcas en su piel— una blusa con top, y además una sonrisa espectacular. Estaba maquillada con generosidad y lucia excepcional. —¡Jess!—Dijo ella— Tengo que decirte algo. —Vaya que es importante ni siquiera me has saludado aun. —Perdona. —Dime que es eso tan importante—Jess mantenía un buen humor y se sentó en la grama, justamente al lado del lago, que hacia redirigir una luz crepuscular perfecta. —Jess—Ella se encogió de hombros—. Sé que lo que voy a decir es algo complicado y también sé que no debería decirlo—Jess frunció el ceño— creo que Alison no me querrá ver después de esto. Pero… —se mantuvo un silencio por un breve momento que pareció inmensurable. —Dilo—Jess estaba sospechando algo. —Jess —Ella lo miro fijamente a los ojos—, Siempre desde que éramos niños nos gustaba jugar juntos y siempre la pasábamos al máximo. Bueno también desde siempre, te he querido, me has gustado desde que éramos niños pero nunca me atreví  a confesártelo. Jess puso una de sus manos en la cabeza, ¿Cómo podía no haberlo visto antes? —Jaz—Intento hablar pero se mordió la lengua, era incapaz de verla. Luego continuo— ¿Por qué ahora? —No lo sé. —Jaz, yo también te quiero, pero como a una hermana. Como a una amiga. Y también te quería como a una novia. También lo hacía. Pero nunca me dejaste demostrártelo. Los ojos de Jaz se llenaron de lágrimas. —Gracias Jess. Sé que no podemos ser nada, pero quiero que sepas que te quiero. —Jaz llegaste en un momento que no debías, tan solo si me lo hubieras dicho meses antes. Yo… Jess dejo de hablar no quería empeorara la situación. —Te sitúe solo para eso. Me voy… No quiero hacerte mas daño. Jazmín se levantó del suelo se sacudió y abrazo a Jess, tal vez dándole un poco de consuelo pero no era así. Jess quedo solo en el invernadero. Sentía rabia. Pero a la vez sentía dolor. Segado por las emociones vago un rato por el parque antes de llegar a casa. Las cosas se habían torcido. Mas no se lo iba a decir a Alison. Era un pequeño secreto que guardaría, él la amaba con todo su corazón, y no tenía que contarle los problemas que lo abrumaban, solo tenía que hacerla feliz como a ninguna. Pero tampoco pudo contener las lágrimas que cayeron por su mejilla. También quería a Jazmín pero ese cuento ya había terminado hace tiempo. Los siguientes días pasaron con normalidad y Jess fue a casa de Alison para ver cómo estaban progresando en eso de los estudios y  también contarle lo del paseo. Lo había planeado con Karen y Maikel desde hace rato. La casa estaba un poco más ajetreada que de costumbre, porque unos tíos de Alison habían llegado. Al entrar—Sin tocar porque tanto Karen como Maikel le habían dado permiso— Lo escrutaron de pies a cabeza, posando sus miradas en la chaqueta de motero que traía puesta—. Karen se acercó y le presento a los que estaban en la sala, así conoció a los tíos de Alison. Luisa una mujer blanca y regordeta que pasaba por la abuela de Alison en vez de la tía y Jackson su esposo. Ignorándolos con educación subió al cuarto y se encontró con Alison, ella estaba sumergida en sus libros. Pero al verlo los cerro con rapidez y se levantó de un brinco para darle un abraso y depositarle un beso. —Vaya ya extrañaba la rutina. —Tonto. Ven vamos a contarnos lo que ha pasado en estos días. —Bueno—Recordó lo de Jazmín— Nada en especial. —Oye tengo que proponerte algo. Alison quedo extrañada. Más tarde Jess conto sin dilaciones aquellas cosas que tenía en mente, tanto el viaje como lo del caballo, aunque solo la incito más que contarle alguna cosa, era una sorpresa claro que no iba a arruinar la sorpresa. —Ira Coby, Sofy, Karen y Maikel, tu y yo. —¡Ay!—Miro sus cuadernos— pero déjame terminar mis deberes o ¿es que intentas hacerme una delincuente sin oficio? —Vale… Vale… has tus tareas. Coby salió un momento de la recamara para luego ir a donde estaba Karen, la excusa que puso era un vaso con agua, pero inmediatamente  busco a la mamá de su amada, cuando la encontró le explicó todo, aunque estaba tan ansioso que se le olvidó decir que necesitarían su auto para ir todos, y que seis personas se iban a tener que apañar con todo y maletas en un pequeño auto como el de Karen. Ella se contentó. Estaba claro que le gustaba la idea al máximo. ¿Por qué no una escapada con su amado y su hija? Karen siguió haciendo los planes con parsimonia mientras que explicaba a Su marido lo que iban a hacer. Explosivamente era una equivalencia de felicidad y un propósito necesario como lo era cumplir aquel sueño necesario para Ali, Jess volvió a la recamara para que Alison no se molestara en ir a buscarlo. Lo único que se le olvido fue el vaso con agua. —¿Y el agua?—Pregunto ella. —Vale se me quedo abajo. Alison puso los ojos en blanco mientras Jess se lanzaba una carcajada. Karen inmediatamente uso sus dotes de mujer para convencer a Maikel o más bien, hacerlo caer. Al hombre también le gustaba cuando ella se ponía de ese modo, como una gata salvaje que buscaba sacarle algo de su rudo corazón. Aprovecharon el momento para hacer de las suyas en el dormitorio más alejado de la casa. Tan bien se había convertido en una rutina, desde que Jess llegaba y mantenía distraída a Alison ellos iban a acaramelarse en la parte de atrás de la casa. ¡Vaya que eran cosas que necesitaban¡ —Debo agradecerle a ese mocoso que se haya enamorado de Alison. —¿Porque?—Pregunto Karen. —Si no lo hibera hecho, jamás en la vida, me hubieras vuelto a querer. Estabas tan centrada en Alison que te habías olvidado de mí. Karen hizo los ojos en blanco. —Vale siempre tan egoísta, que infantil. ¿Cómo voy a olvidarme de ti esposo? —Te amo Karen. —Te amo. Y se unieron en un apasionado beso. Más tarde cuando Jess iba a irse de la casa, fue detenido por una mano ruda y espera. —¿A dónde crees que vas?—Jess alterado giro para ver de quien se trataba, pero se asustó un poco al ver a Maikel en su tono de matón. —¡Eh!… a… Casa.—Trago saliva.   —No, acompáñame tengo que decirte algo. Ambos bajaron rápidamente a donde estaba el taller de bricolaje y escultura de Maikel. —Bueno niño, me vas a ayudar en algo, ya me he enterado del viajé al campo y me gusta esa idea—Maikel se sentó en una silla y cruzo los brazos. ¡Ese hombre era intimidante! —¿Entonces en que te puedo ayudar? Ojala ni fuera en tirar un c*****r de la última víctima que había asesinado. —Le daremos la sorpresa a Karen en el paseo. —¿Hablas de?—Maikel señalo con los ojos a una escultura. —Si niño de eso. —Sí. Te ayudare. ¿Pero cómo? —¿Sabes conducir?—Pregunto Maikel. Jess negó con la cabeza. —Vaya  a tu edad yo ya sabía conducir. >Pensó Jess. Maikel y Jess planearon algo para llevar aquella sorpresa al pueblo en donde se quedarían el fin de semana posterior. Jess volvió a casa sin más dilaciones. El Fin de semana llego más pronto de lo que todos esperaban, toda la semana Alison se pasó pensando en ese momento, aquel regalo que le iba a hacer Jess, aunque él no le había contado nada al respecto. Pero sabía que se traía algo entre mano. Posiblemente era algo grande, como las cosas anteriores. Pensaba cada noche en que pudiera ser aquellas cosas que iban a hacer en el compito. Todos se reunieron en la casa de Karen, Jess Coby y Sofy, llegaron a las dos de la tarde, se acomodaron en la sala mientras esperaban a que la madre de Alison sacara las maletas para salir volando de Allí. Karen espero un poco en la sala y sirvió galletas con café a los chicos, pensando en que no había movida desde hace rato en su casa. Alison bajo para estar al lado de los chicos y pasarla bien, las maletas ya estaban completamente llenas de ropa, aunque parecían que se iban a quedar meses Coby se encargó de llevarlos personalmente al auto de Karen. —¡Bueno vámonos!—Dijo Karen… —Eh Amor…—Dijo Maikel— Nosotros,—Miro a Jess y se puso a un lado de él— iremos a comprar algunas cosas mejor adelántense, los alcanzaremos. —¿Tu con Jess? —Si ¿algún problema? —No pero… —Vamos Karen—Intervino Jess— es que no puedo hacer algo junto a Maikel, somos amigos. Jess no sabía que estaba diciendo, pero bueno también tenía que ayudar a su gente. Coby también se sorprendió al escuchar las palabras y miro a Jess directamente a los ojos, entonces Jess le regreso la mirada afirmando que todo estaba bien. Su hermano confiaba en las decisiones que tomaba así que lo dejo pasar, hasta Alison quedo anonadada de esta extraña unión. —Bueno. Si es así, no se los negare. Alcáncennos en la plaza del pueblo. —Si cariño ahora váyanse. Porque se les hará tarde. Espérennos allá. Jess se despido de Alison con un beso en la mejilla, aunque quería tomar posesión de sus labios húmedos y calurosos. Pero estaban allí sus suegros viendo todo con atención. Coby saco a todos de la casa apurándolos. —Vamos que si tenemos suerte podremos llegar al estanque antes del anochecer. —¿Qué estanque?—Pregunto Karen. —¿No te lo Conto Jess? Bueno es un estanque gigantes en donde podemos darnos un baño refrescante. Hasta hay un geiser. Karen estaba sorprendida. Alison Llego por detrás de Coby y se le acercó hasta susurrarle algo al oído. —Si no quieres que muramos en la carretera no digas cosas interesantes. Un momento después, los ojos de Karen se encendieron como un rayo y chispeaban una locura inigualable. —Entonces no perdamos tiempo. Conduciré lo más rápido posible. Karen se montó en el asiento del copiloto y luego encendió el motor haciendo un rugido. —Moved el culo que llegaremos al atardecer. Todos caminaron más rápido hasta llegar al carro, Alison se sentó adelante en el asiento del copiloto. Mientras que Sofy y Coby en la parte trasera. De un fuerte jalón Karen meneo la palanca, con tanta fuerza que parecía que la iba a sacar de su lugar. Entonces piso con todas sus fuerzas el acelerador y dejo que la pasión se apoderara de ella, y Dios está por testigo, que la manecilla del taquímetro marcaba los doscientos kilómetros. Dejaron un nubarrón de humo azul espantoso. Jess se puso manos a la obra con Maikel. —Primero Bajemos al taller, luego buscare una camioneta que me van a prestar. —Vale.—Respondió Jess. Bajaron rápidamente, entonces cogieron la escultura, aquella pieza de setenta kilos netos en madera. Jess estaba sorprendido. —¿Cuánto tardaste en hacerlo? —Más o menos un año y cinco días. Vaya que precisión. —Que pasada, Karen se va a encontrar con su gemela.—Espeto emocionado. —Sí. —¿Cómo haremos para Llevarlo Maikel? —Fácil, pedí a mis amigos una camioneta. —Genial. Pero ni se te ocurra que voy a conducir. —No —Respondió Maikel en tono autoritario— El que conduciré soy yo, tú te encargaras de taparla con una manta y asegurarse que no se vaya a caer. —Vale. Haciendo aquello que decía Maikel, Jess se enfocó en tapar las magnifica escultura, parecía una estatua griega. Pero le daba a la impresión que solo le faltaba algunas hojas de tirre, para ser única. Tapo la figura con una manta blanca y le puso unas cuerdas que estaban en el taller para que la sabana no se fuera a elevar por los cielos por efecto del aire. Entonces espero a que Maikel le diera más intrusiones. Espero al menos cinco minutos más antes de que Maikel llegara al taller, porque había salido a buscar a la camioneta. —Ya está listo—Dijo Jess al verlo. —Bien—Maikel chequeo los amarres.—Esta Bien, ahora carguémosla a la entrada. Combinando sus fuerzas tomaron a la estatua de manera perfecta de unos agarres que había dejado Maikel > y luego, la subieron con cuidado en la sala de estar, allí la dejaron por unos minutos, Jess estaba completamente exhausto. Esa cosa sí que pesaba. Se recostó en el mueble, mientras esperaba que alguien llegara para ayudarles con la estatua, no soportaría de la casa a la calle. Pero para su desgracia Maikel les había dicho a los empleados que se tomaran algunos días.  —Vamos la camioneta esta lista. —Bien. Jess cogió una bocanada de aire y luego cogió mas fuerzas, empujaron a la puerta allí se encontraron con otro problema que les dio muchas canas verdes. La puerta era demasiado pequeña y la estatua demasiada ancha, tuvieron que pasarla por la cocina y luego sacarla al patio trasero > Luego cogieron más energías y terminaron rodeando la casa. Cuando la subieron a la camioneta Jess se lanzó al piso cayendo completamente rendido. Maikel se rio al ver lo endeble que era. —Vamos no aguantas un peso tan liviano…—Bromeo de muy buena gana. —Es que no tengo tus brazos…—Lo dijo muy enserio. —No hay tiempo de holgazanear vamos que se nos hace tarde. Sin darle un respiro, Jess subió a la cabina de la camioneta pick up negra, era del último modelo que había salido al mercado. Así que consideraba que sus amigos eran igual de millonarios que él. O hasta más. Maikel entro en la cabina y por su tamaño ocupo el asiento a la perfección, tomo el volante y luego encendió la camioneta. Ahí Jess se alarmo. ¿Y si conducía igual que Karen? Imploro al cielo que no. Maikel piso el acelerador a fondo e hizo rugir el motor, Jess se tomó del primer agarre que había y luego se puso rígido, pero luego, solo bajo la velocidad y se fue lentamente por el carril de carga. A Jess le agrado la idea. Paso el rato. —Vamos Maikel sé que no conduces  igual que Karen, pero puedes ir un poquito mas rápido. A esta velocidad vamos a llegar mañana. —¿Cuál es el problema?—Frunció el ceño. —Que nos rebaso un ciclista y encima se rio de nosotros. —Quiero proteger la estatua. —Bueno vale. Pero entonces tan siquiera pon un tema de conversa, estoy que me lanzo por la ventana y me pongo a correr. —Bueno… aunque no soy muy bueno contando historias. —Yo tampoco—Agrego con rapidez Jess. —¡Ja! Que buen chiste chaval, tienes sangre de comediante. —No, no creo. Maikel rio con parsimonia, antes de que salieran de la ciudad. Entonces las horas pasaron sin dar tregua, por el camino contaron algunas historias locas, solo para matar el tiempo, pararon en un lugar de comida para reabastecer el tanque y beber algo de agua. Alison se empezaba a preocupar. Al cabo de tres horas más ellos llegaron a donde se iban a quedar, pero guardaron la estatua en donde un conocido de Maikel, allí estaría segura, más tarde, con la camioneta llegaron a donde se proponían. Las luces de la cabaña, estaban encendidas.  Antes de entrar, Maikel le dio unas bolsas llenas de comida a Jess. —Di que estábamos buscando eso. —Tienes cerebro viejo. —Y tú le pones huevos niño. Luego de una mueca, entonces entraron a la casa después de tres fuertes portazos, Coby abrió la puerta. —Aparta Coby que me congelo. El primero en entrar fue Jess con las bolsas. —Buenas noches.—Repico Maikel con total tranquilidad. —Buenas señor Maikel por favor pase, ya nos estábamos preocupando por ustedes. —¡Ja!—En tono provocador— Jess está mejor protegido con migo, que con cualquiera. —CLARO…—Dijo con emoción y se mordió los dientes con fuerza, en el fondo quería soltar el Red Rock y darle una buena tunda a ver quién protegía a quien. Pero Coby había tratado con tipos como el, sus productores. Vaya que tenía experiencias con ellos. Jess fue rápidamente a la chimenea y cogió un poco de calorcillo, estaba que se congelaba. —¿Y las mujeres? —Pregunto Maikel. —Pues…—Respondió Coby— Se frustraron al no poder llegar antes de la tarde para ver el estanque y se cabrearon un poco, luego se fueron a acomodar la ropa en sus habitaciones, yo estaba haciendo la comida. —Coby se te está quemando el pollo.—Espeto Jess. —Diablos.—Coby salió corriendo a la cocina. —¿Toda tu familia es así? —Sí. —Afirmo con orgullo Jess Las chicas bajaron al cabo de unos minutos y saludaron a Jess y Maikel. Inmediatamente Karen tomo las mangas del hombre y lo subió al cuarto y no precisamente a hacerle el amor, tampoco lo haría en medio de tanta gente. Alison fue directamente a los brazos de Jess corriendo con los ojos llenos de emoción. 
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