—¿Que me tienes que decir Jess?—Pregunto confundida.
—Piedad, tengo que decirte algo grande, pero dame un poco de tiempo que no puedo, no pudo pensar bien.
—Bueno.
Ali parecía confiada.
Jess suspiro por un momento, los segundos se hacían eternos, Alison empezaba a dudar, seguro que se estaba poniendo insegura, tenía que hacer algo inmediatamente, Vio el invernadero con dudas, luego la miro a ella, estaba bella como ninguna era una chica realmente bella, suspiraba con ganas de poderla besar, ¿Qué pensaría cuando supiera que sabía casi todo de ella, por culpa de su mama? ¿Qué iba a cumplir sus sueños antes de su muerte? Claro que no podía pronunciar aquellas palabras, eran demasiado complicadas y no tenía la valentía para hacerlo.
—Ali —Por fin pudo hablar—lo que quiero decir es que siempre voy a estar contigo, en las buenas y en las malas, —Jess tomo las cálidas manos Ali—. No me importa contra quien tenga que luchar. Tu papá, tu Mamá o cualquiera que sea, solo lo hare. Por eso, te he preparado este obsequio; espero que te guste.
Jess lentamente le quito la venda.
La primera vista era borrosa entonces, se froto los ojos hasta que pudo ver bien.
Y quedo sin palabras.
—Espero que te gusten. Son todas para ti.
Jess indico con la mano al invernadero.
Los ojos de Alison se crisparon, estaban húmedos y también brillantes, las pupilas parecían que iban a estallar.
No pudo hablar.
No menciono ni una sola palabra.
Jess pensó que tal vez le había disgustado, pero ella no hacía nada, solo estaba allí, pensativa mirando atentamente al invernadero. ¿Tal vez la ofendió? Jess apretó los dientes, > pensó mientras intentaba arreglar aquella situación incómoda.
—Ali…
—Jess, ¿tu hiciste todo esto?
—Sí, con ayuda de los demás, tu mamá, Coby y un par de chicas algo fastidiosas y un perro pulgoso.
Detrás del árbol se escuchó un gruñido.
—Cállate Jazmín que no escucho nada. —Dijo Coby.
—Vale es que nos ha ofendido.—Repico Sofy.
—Bueno ya sabes cómo es el cabezota de mi hermano.
Todos contuvieron las risas.
—¿Te gusta?—Pregunto Jess mirándola fijamente a los ojos.
—No… —Coby se encogió de hombros y todos en el árbol fruncieron el ceño— Me encanta.
Jess se echó una pequeña carcajada.
—Alison.—La voz de Jess ahora era más ronca— Voy a cumplir tus sueños. ¡Te lo juro!
La vociferación de Jess hizo que Alison se sonrojara, el rubor tomo de rehén su tez pálida y blanca, el interior de Ali estaba viviendo, se activó como un fuego que la estaba consumiendo por dentro, que quemaba el pasado doloroso.
¿Qué era lo que pasaba?
No podía mover su cuerpo, estaba siendo víctima de un shock; respiración fluctuada, calor en su pecho, puntadas en su boca del estómago.
¿Estaba mal? Se planteó en su cabeza.
¡No! En lo absoluto, claro que no estaba mal, sentía lo único que quería desde que tuvo memoria: Amor.
¡Por favor que nunca terminara!
—Tienes que ponerte la máscara.
Enseguida Jess corrió a los matorrales y saco de ella el equipo que hizo con tanto esfuerzo y dedicación para Ali, la máquina de respiración Artificial.
Una cosa con muchos tubos y una mascarilla.
—Esto lo hice para que pudieras entrar en el invernadero.
Alison quedo con la boca abierta. No podía hacer nada más que imaginarse que todo era un sueño, pero no era real.
Tan real como el aire que estaba respirando.
Jess se acercó hasta ponerse a un lado de ella, luego pidió permiso para ponerle el equipo de respiración, ella accedió. Ali, se dejó manipular por las ávidas manos de Jess. Que pasaban por su espalda y su cuello, haciendo movimientos extraños pero cálidos, y hasta placenteros. Esperaba con ansias poder ver el interior del invernadero.
Los ojos De Jess se crisparon en una felicidad desbordante, su corazon latía en un sinfín de emociones, estaba alegre, todo su esfuerzo hizo efecto en Ali, había dado fruto todas las cosas; desde la brutal paliza hasta el invernadero.
Entonces se dio cuenta que él, no era más que un puente, si un puente para Alison que estaba perdida en las penumbras, en lo más profundo de un laberinto que no tenía salida, entendió que; el era una solución para los problemas de Alison, el único chico al cual se había abierto a pesar de la enfermedad terminal, a pesar de todo. Entonces necesitaba protegerla, saber que las cosas iban a mejorar funcionaba como droga para aliviar la enfermedad. Necesitaba lograr más cosas contundentes, sus sueños era la roma a donde deseaba llegar. Había ganado una pequeña batalla. El invernadero representaba un paso. Pero lo que se venía era más bochornoso, era más empinado y costaba para subir.
Los efectos enardecientes de Jess sobre Alison fueron incrementando, ya se había convertido en algo más que un simple amigo, como lo que consideraba que era, completamente un amigo y no quería que fuera más por la única razón de su muerte. Mientras le ponía el equipo de respiración sabía que no podía vivir o morir sin sus caricias, lo necesitaba, quería sentir aquella emoción que data desde que lo conoció, aquel mariposeo en el estómago cuando estaba cerca de él, o aquellas cosas que sentía cuando intentaba besarla, los sentimientos fueron posteriores claro estaba. Pero Alison tampoco se iba a rendir. Vaya hacer un invernadero fue una buena idea. ¿Cómo lo pensó? Pero… ¿sería suficiente?, como es que se aferraba tanto a la vida, porque, ¿Una rosa cuanto puede vivir? ¿Cómo se defiende una rosa indefensa del resto del mundo?
Posiblemente las cosas que estaba sintiendo eran porque nunca conoció a un chico que la aceptara, pero inmediatamente corrigió sus pensamientos. ¡No! Jess era distinto era especial, como si fuera sacado de una de sus historias que tanto leía pegada a su celular. Claro estaba que nunca pensó en darse por vencida, sabía que afuera estaba su amor, aunque nunca pensó que lo descubriera en un hospital. ¿De verdad tenía una última oportunidad? Alison cerro sus puños con delicadeza. Tenía que hacerlo. Tenía que hacer lo que hizo su madre, Karen. Era por todos; Coby, es tal Jazmín, su familia por ella misma, por Jess. Precisamente quería que todos vieran como era ella.
No estar siempre detrás de una cortina en donde la gente esperaba que nunca pudieran penetrar, estar detrás de una burbuja que nunca la dejaría escapar de su inmundicia, ver el sol, caminar, correr, oler las flores, jugar en la cancha de futbol, sentarse en las praderas con abundante grama. Quería Vivir. Tenia que aferrarse a la vida como todos lo estaban haciendo con ella.
No era posible que solo pensara en ella misma.
Estaba siendo egoísta, de lo más egoísta que nadie pudiera ser.
Miro a su alrededor.
Todos estaban ayudando.
Desde aquellos que estaban escondidos en el árbol, —Que los vio inmediatamente cuando piso el jardín— hasta Jess y su mamá que habían sacrificado la mayor parte de tiempo y cariño en ella.
Quería llorar. Una revoloteo hizo una revolución en su cuerpo. su pecho se sentía apretado, sus pupilas cansadas, le dolía la cabeza, tenía un nudo en la garganta. Su mente se trasladaba de un lado a otro con pensamientos que vagaban entre: la inseguridad, la confianza, la indecisión y la frustración, la felicidad, el miedo, y la tranquilidad.
Sentía un sinfín de emociones palpitantes por un solo individuo. Que yacía detrás de ella acomodando los últimos detalles de un aparato que nunca en su vida había visto.
Jess.
¿Entonces porque no?
Tenía que darse una oportunidad aunque fuera por ella. tenía que agarrar a la vida de la barba y entonces darle una tunda para que aprendiera, para que la dejara en paz, no podía tirar el manto ahora, a estar alturas cuando estaba enamorada y feliz con un chico que nunca había conocido.
Contuvo las ganas de llorar, no podía enfrente de Jess.
Deslumbro al muchacho con una sonrisa.
Que en su momento pensó que era la más hermosa de todas.
—Alison—Espeto Jess—Es la hora.
Como un timbre en su cerebro la voz de Jess lego hasta lo más profundo de su ser, sacándola del trance y llevándola a un nuevo escenario.
—Presiona el botón. El aire fresco aparecerá cuando estemos adentro del invernadero. Entonces podrás respirara con normalidad, y veras a las flores mucho más de cerca que antes.
Tenía algo de miedo no se podía negar que aquel escenario estaba completamente fuera de su alcance y en una situación normal lo más prudente era desertar antes de que se hiciera un daño ejemplar en los pulmones pero decidió quedarse, Confiaba en Jess, entonces tampoco tenía porque huir.
—Tengo miedo.
Jess miro a Alison. Se acercó un poco viendo sus labios resecos y claros.
—No tienes que tener miedo, aquí estoy yo. Te acompañare siempre.
Los ojos de Alison se envolvieron en lágrimas.
Ella afirmó con la cabeza. Jess tomo sus manos, era la primera vez que lo hacía, y entrelazo sus dedos, las palmas de sus manos estaban sudorosas y por lo que veía hasta parecían estar nerviosa. Entonces se aferró a ella sin importar cuan nerviosa estuviera.
—¡Vamos!
Espeto estas palabras y camino hacia adelante.
—No tienes por qué tener miedo, nadie te hará daño.
Jess sonrió confiado y al parecer hizo que Alison se calmara.
Era bella, la brisa en sus cabellos acariciando su rostro, sus ojos brillosos, —No sabía si de alegría o conmoción— su sonrisa, su tez, su pálida cara ruborizada, su blancura que la hacía ver como un vampiro. Su calor, su voz. Ambiraba todas y cada una de sus partes, todo su ser.
Llego a una conclusión rápida mientras caminaba; la amaba.
No iba a dejar que muriera.
Se juró en ese mismo instante.
—Estamos aquí. Te aseguro que lo que está detrás de esta puerta, te va a sorprender.—Jess esbozo una sonrisa generosa antes de abrir la puerta y finalmente…
Una lluvia de colores invadieron sus ojos, el destello de la luz se reflejaba con cada gota de agua que yacía aletargada en las suaves pétalos de las flores. Como un prisma reflejando la luz del sol, todos los colores existentes hicieron un completo festival danzante.
Alison abrió su mentón sorprendida en su totalidad, no tenía habla, ¿existía un lugar tan bello? ¿Era real? ¿Era para ella?
—Pasa.—Murmuró Jess—. Delante no hay nada que temer.
Siguió arrastrándola suavemente hasta más adentro. Alison presiono el botón inmediatamente, no podía respirar, pero del asombro.
Eran demasiadas flores, tanto que cubrían las paredes de pies a cabeza, desde el piso hasta lo alto del techo fachado a la antigua con madera. Quería tomar una flor, quería saber si era real, pero sintió desconfianza, sin darse cuenta Jess se puso detrás de ella y tomo su delicado brazo con suavidad.
—Tómala, no pasara nada.—Susurro al oído.
—Jess—Indico con temor. Su voz era frágil y temblorosa.
—Ya te dije que no puedes tener miedo, no ahora, todos estamos luchando por ti, por favor lucha un poquito por nosotros.
Ella no hablo mas solo…
Afirmo con la cabeza, y con seguridad tomo la flor, entre sus dedos ligeros, era un lirio, era su favorito, Jess era culpable de eso.
Lo llevo a su pecho.
Y dejo soltar la primera lágrima, que rompió en un llanto terrible, pero no de dolor, sino de alegría que envolvía su cuerpo lentamente hasta llevarlo a lo que significaba vivir.
—Jess—Jadeo.—Gracias. Gracias. Gracias por todo.
—No tienes que agradecerme nada, solo estoy haciendo lo posible. Además espero que te guste que haya puesto lirios. Tu mama me dijo que eran tus favoritos.
Claro su madre, tenía que agradecerle el pequeño detalle también.
Jess se acercó a ella hasta tomarla por el cuello con sus manos, Alison estaba llorando sin remedio, no podía contenerse.
—Quítate la mascarilla un poco, quiero besarte.
—¡Jess!—espeto comprendía.
—Schhh no digas nada porque me haría ponerme miedoso, solo déjame besarte, desde hace tiempo que no lo hago.
Como podía negársele Alison después de ver sus ojos también llenos de lágrimas y escuchar su voz ronca que lo hacía parecer más a Coby que a el mismo. Tampoco podía era lo mínimo que podía hacer por él, después de todo lo que el había echo con ella.
Quería darle un momento de felicidad y placer inocente para que la llevara en sus recuerdos, no quería ser amoral y despiadada como el resto de chicas que solo usan a los hombres, y mucho menos iba a ser así con Jess.
—Qué remedio Jess. Estoy cansada pero vale, te concederé tu deseo. Sin embargo me tendrás que llevar cargada porque creo que no puedo resistirme más.
Jess sonrió y afirmo con la cabeza inmediatamente.
Alison fue quitándose la mascarilla despacio, el aire del invernadero era más pesado pero por solo unos segundos no le pasaría nada.
Jess estaba acalorado, sentía su calor emanante de su cuerpo.
—Alison te cumpliré todos tus sueños, créeme solo dame tiempo y no vayas a morir.
—No lo hare.—Respondió ella con dulce voz.
—Prométemelo.
—Vale Jess tranquilo. Tampoco es que quiera morir.—Antes de que Jess tomara de rehenes sus labios agiles, Ali esbozo una hermosa sonrisa, una sonrisa digna de llevar en los recuerdos para siempre. Jess la tomo con suavidad por la cintura y se acercó lo suficiente, para luego depositar un tierno beso en los labios húmedos y calurosos de Alison.
Ella jadeo al ver como tomaba control de sus labios; pero le gustaba, Jess disfrutaba de su sabor, lento y sin prisa. Le gustaba cuando jugaba con sus labios, le daba estaxis, y luego iba a por su lengua, que se encontraban por momentos y luego giraban en círculos, como si estuvieran haciendo el amor. Jess mordió sus labios en dos ocasiones, y ella se puso rígida. Pensó que la había lastimado, pero ella lo acerco más y siguió besándolo con enardecidas ganas, ya no podía separarse. Estaba siendo víctima de un delicioso antojo.
Alison casi gimió cuando Jess saboreo su paladar, lo escondió con jadeo, y luego se separó del cuerpo de Jess.
¡Basta!
Se dijo a ella misma, porque no sabían en donde iba a parar tanto amor.
Luego se puso la mascarilla rápidamente.
—Ahora soy yo el que está agradecido Alison.
—De nada tontito.
Ellos rieron al unísono.
Ali se quedó un tiempo más disfrutando de las flores, mientras que Jess la cuidaba, al llegar el crepúsculo, vieron uno de los atardeceres rojizos más bellos de todos, y acto seguido conversaron un rato, antes de que Jess la llevara al carro, tenían que irse ya, Karen no podía contener a Maikel todo el día, entonces pensó que era bueno salir a por patas de allí.
—¿Jess mañana vendrás a casa?
—Obviamente.
—Entonces estaré esperándote.
—está bien. No me lo perdería por nada del mundo.
Luego se despidieron.
Acto seguido la semana paso sin inconvenientes, Jess fue todas las noches de cada día, esperando que mejorara.
Paso. Ella mejoro mucho, ya podía respirar bien y no sufría de fiebre.
Karen se lamentó haberse perdido la expresión de su hija cuando vio el invernadero. Pero había ganado más confianza con Maikel.
Ya hacían el amor más seguido.
Cuando la encontraba en una esquina, le plantaba un beso con completa pasión, y la escrutaba con sus manos hasta calentarla al máximo.
La semana posterior Llevaron a Ali al médico, hizo los estudios correspondientes, y los resultados los enviaron un mes más tarde.
Karen se sorprendió con el contenido del sobre. Impaciente llamo a Jess inmediatamente. El timbre sonó cuatro veces antes de que Jess atendiera:
—Jess tengo buenas noticias.
—¿Qué pasa Karen? No se te entiende ¿Por qué estas llorando?
—¡Jess! Alison mejoro. Alison esta sanado, va mejorar. Jess…
—Calma Karen que no entiendo, mejor búscame para que hablemos de esto… no me dejes con la duda que me vas a dar un infarto.—Ella rio a carcajadas, cosa que no había echo desde mucho tiempo. Luego colgó el teléfono y fue directamente a la casa de Jess.