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3991 Palabras
  Pasaron algunos meses con la misma rutina, Karen en una de las mañanas de un agosto veraniego llamo a Jess. El telefonillo sonó hasta el tercer tono, el contesto. —Si… —Jess escuchó atentamente lo que decía Karen— Bueno iré inmediatamente. Las noticias se ponían intensas, asistiendo al llamamiento de Karen Jess rápidamente salió de  su casa corriendo, mientras que se abría paso con avidez por las calles, hasta que llego a la casa de la familia. En la puerta esperaba Karen, hoy estaba Maikel en casa; no obstante Jess tampoco sintió miedo de pasar a visitar a su “Amiga” pero tenía que hacer cumplir su palabra, Karen había llamado para decirle que Alison enfermo, de la noche a la mañana y  sería mejor que él lo supiera. —Pasa…—Dijo ella. Terminando de recibirlo en la puerta, Jess miro a Maikel sentado en el sillón con sus manos en la cabeza—No te preocupes por él, no te hará nada.   Maikel inmediatamente se levantó del sillón y se interpuso entre ellos, no quería aceptar a Jess en casa; sus ojos chisporroteaban desprecio. O amargura, en sí, nadie podía entender que era lo que el hombre tenía contra Jess. Pero Karen defendió al muchacho, él no tenía la culpa de nada, y agarro a Jess de las manos, lo puso detrás de sí, y confronto de una vez por todas a Maikel. —Sabes que no puede estar aquí Karen. —Quiere verla no se lo voy a negar, además no eres nadie para poder decirle a Alison a quien debe ver o a quien no. El ambiente se tornó en un campo de batalla. —Soy su padre.—Repico furioso. —Pues no lo pareces, aparta. Con un suave empujón Karen aparto el cuerpo fornido, de su esposo y subió sin ninguna dilación las escaleras del segundo piso. Jess estaba preocupado, el problema era grande, los padres estaban en crisis, pero tampoco quería ver a Alison acostada en una cama, sin vida, muriendo lentamente. No era tan valiente para hacerlo, también tenía un corazón, que seguramente lo iba a partir en mil pedazos al ver aquella imagen en su cerebro: la imagen de una Ali moribunda. No tenía la fuerza. Karen llego al dormitorio, antes de pasar miro a Jess. —No puedo Karen—Titubeo— No quiero verla así. Voy a llorar, no tengo en valor. —Es tu deber, ella te quiere como a un novio, y si no estás con ella en estos momentos, empeorara. Jess cogió una bocanada de aire y lleno de corazón con valor, que no supo de donde lo saco, puso una sonrisa radiante. —Hablaremos de lo demás cuando salgas, has que se quede dormida. Jess afirmo con la cabeza: Karen abrió la puerta, los  dos se quedaron mirando a Alison, ella no podía moverse mucho, entonces Jess con largas zancadas se puso delante de ella, intentaba alcanzar una toalla en la mesita de noche; el cogió la toalla y luego la paso por su frente estaba caliente, mucha fiebre y tosía constantemente. Karen salió del cuarto sin decir nada, había desaparecido como un fantasma.  Jess acomodo aquellos cabellos que caían en el rostro de la chica, con suavidad los aparto a un lado. —¿Jess eres tú?— —Sí, tranquila ya estoy aquí. —¿Pero y papa? El esta es casa te va a… —No importa, él ya me vio, todo está resuelto. —Ali intento acariciar su rostro, pero no lo conseguía, Jess tomo sus manos, —Estaban cálidas— entonces las puso encima de su cachete izquierdo, el sintió compasión y frustración a la vez, odiaba ver a Ali así. Ali acaricio con parsimonia mientras que se tranquilizaba más. —Tienes que mejorar. Por mí, hazlo por mí. —suplico Jess. —Lo hare… —Tosió. —¿Estas bien? —Si descuida, Jess cuéntame una historia… cualquiera quiero dormir un poco, pero será mejor que me cuentes algo para dormir. —Bien empezare. Déjame acomodarme. Jess con osadía se sentó a un lado de ella y paso uno de sus largos brazos hasta conseguir abrazarla, su cuerpo estaba caliente tenía una fiebre monstruosa,  Ali poco después yacía recostada al pecho de Jess, sintiendo el calor de su cuerpo, y el ritmo de aquellas respiraciones, el latido de su corazón y la sangre corriendo por sus venas. Su voz ronca y a la vez clara. Era un buen chico. Ali quería llorar: Ojala lo hubiera conocido antes, la hubiera pasado tan bien contigo. Jess no me quiero Ir. Jess haciendo caso empezó a contar la historia.   Afuera de la habitación Maikel había sido retenido por Karen ya que iba a sacar a patadas de la casa a Jess. Pero ella se lo impidió poniéndose en la puerta;—Si lo haces me voy de la casa con Ali.—Fueron sus palabras y viendo su mirada con los ojos entrecerrados sabía que lo estaba diciendo en serio. El hombre maldijo un par de veces, pero tampoco tenía nada que hacer; era su esposa y la quería, solo eran las emociones que se estaban cruzando en el camino, tampoco quería perder a su hija, las quería a ambas, era un padre frustrado, dormía comía y trabaja como un asno, pero lo hacía por ellas; aunque Karen no se acostara con el frecuentemente y desde que apareció la enfermedad de Alison, no habían tenido tiempo para lo mismo. Solo era un padre como los demás que estaba algo frustrado, que estaba completamente rabioso con la vida, porque su pequeña hija era tan frágil como una flor, como un pequeño polluelo que ni siquiera era capaz de caminar, una frágil membrana que se podía romper con cualquier paso en falso. Quería protegerla y era lo que un padre haría en cualquier ocasión. Daria su corazón por su hija si fuera necesario, tenía que hacerlo y su actitud era solo por protegerla del mundo. Solo por eso era así. La amargura colmaba su corazón y no podía hacer menos, hasta su empresa estaba completamente llena de deudas porque no pudo contener las dos cosas a la vez,  la enfermedad de Alison le quitaba tiempo: pero el había decidido acompañarla hasta el final, era primero la familia, tampoco quería quedar en quiebra pero para la empresa había un más adelante, para su hija tal vez no. Karen vio su resignación, como apretaba los puños con fuerza para contener las ganas de llorar estaba sufriendo igual que cuando los doctores decían que nacería con una enfermedad, pero no sabía que estaba al límite, tan bien era un hombre romántico y tal vez el amante más ferviente y apasionado que tuvo nunca, y ahora estaba sufriendo. —¿Karen porque te interpones?, le hace daño. —El amor nunca hace daño. —Alison esta grave, no puede tener un novio. No es momento para esto. —No hables fuerte, Jess la está durmiendo. —EL hombre quiso apartar a Karen del medio y luego pasar a sacar al muchacho, pero ella estaba decidida a cuidar la puerta a cualquier costo. Karen se dio cuenta que su esposo también estaba sufriendo como ella, lo hacia todas las noches, lloraba en silencio en el balcón de su cuarto, esperando a la madrugada, donde nadie podía verlo. Él era de los hombres más fuertes que había conocido en su vida pero cuando alguien así, lloraba, sabía que antemano que la situación se estaba tornando a vías trágicas. En el matrimonio la confianza en el marido, hacia ver a un esposa confiada, y en el dolor lo hacía ver igual. Era una pareja y estaban compartiendo su sufrimiento a la par.   Karen al ver que estaba estresado entonces elevo sus brazos hasta poder conectarlos por detrás de su espalda, en la nuca para ser exactos, y cerrando los ojos lo beso. Maikel mostraba resistencia, se calmó y empezó a besarla intensamente. Quería hacerle el amor como antes de que todo este rollo empezara. La amaba como a ninguna. Era su esposa la más bella que había tenido alguna vez. Acto seguido Maikel recordó cuando todo era normal, no pudo evitar derramar una lágrima por su mentón. Ella lo abrazo fuertemente, estrujando sus caderas, acercándolo mucho más a ella, sintiendo el calor que daba por perdido. —Hacía mucho tiempo que no me besabas—Dijo Maikel. —Todo se nos vino encima. ¡Amor! —Te amo, a ti a Alison. Las amo más que a nada en este mundo, por eso la cuido tanto. Por eso es que siempre la protejo. Karen sonrió con parsimonia, allí estaba otra vez el hombre romántico con el que se había pasado. Su amargura se había extinto. Los ojos de Maikel ahora brillaban con dolor, pequeñas lágrimas caían por su barbilla varonil muy morena de tanto sol. —Lo sé, pero tenemos que dejar que viva, tan siquiera por ahora. Luego pensaremos que podemos hacer. No creas que va a ser bonito que ella pase su vida en soledad, nadie lo merece y mucho menos ella. Maikel afirmo con la cabeza. Tomo la cintura de Karen entre sus manos y la pego a su cuerpo con delicadeza. Entonces la volvió a besar con una pasión que nunca había sentido antes ni cuando estaban en nupcias. Karen siguió sumergida en los brazos de su marido, quería hacerle el amor, ya sentida aquello que empezaba a brotar de su más profundo ser, él también lo sentía, sus piernas rozaban el querer de su cuerpo. Lo amaba Y vaya que lo hacía. Eran unos amantes perfectos:, pacientes, delicados, amorosos y apasionados. —Dejémoslo así, —empujo con sus manos aunque estaba poseída de ganas—no es hora para esto, tenemos que preocuparnos de Alison primero, después haremos el amor, como dos universitarios locos.—Los ojos de Karen chispeaban deseo  —Es difícil sepárame de ti ahora.—La voz de Maikel destilaba pasión. Estaba excitado.   El cuarto era un nido de sentimientos, Jess controlaba sus ganas de besarla, tampoco se iba a aprovechar que ella yacía dormida en la cama, tenía que hacerlo, ya no era una opción, era una obligación que debía cumplir, su deber en este mundo, si es que tenía los pantalones bien puestos para llamarse hombre.  La enfermedad estaba alargándose más, se esparcía por su cuerpo, cada célula mala matan a una buena y entonces el cuerpo se va debilitando, era de esperarse cada vez que las cosas se iban de las manos con más fuerza que la anterior. El doctor les había dado un plazo, tenían que apurarse. Pensó en que podía hacer; estaba dependiendo de su hermano del todo, entonces tenía que buscar la forma de hacer la máquina, para cumplir el primer deseo. Todo estaba conspirando en su contra, todo estaba mal aquí. Entonces pensó: ¿Cómo puedo ayudar? Piensa… piensa… piensa Coby no me quiere facilitar los materiales, y Karen no tiene dinero para hacerlo. ¡Demonios! ¿Qué hago?... … —Siguió pensando— ¡Lo tengo! Pero es arriesgado—Miro a Alison dormitando como un bebe— lo tengo que hacer por ella, también se ha arriesgado por mí. Ponte los pantalones de una buena vez y ve a mover el culo, para conseguir las cosas. Jess se aproximó a la ventana, allí miro a la luna, —Había pasado todo el día allí—suspiro con dolor, apretó los dientes, tenía claro que las cosas tenían que seguir adelante, así tuvieran el peligro que tuvieran, ser hombre en ocasiones significa poner los dos cojones. La mirada de Jess cambio, ya no era el adolescente que quería jugar con sus amigos de la banda, su mirada tenía un resplandor distinto, era algo nuevo. Era algo inexplicable, tenía lo que muchos aún no han desarrollado en todo una vida, tenía voluntad. Apresurado se arrodillo a un lado de la cama; tomo una de las manos de Ali y la puso entre las suyas. Vacío sus pensamientos turbos y vocifero algunas palabras. —Sabes que no puedo darte mucho,  pero ten fe, que hare algo, no me pienso quedar de brazos cruzados. Espérame un poco, pero solo un poco, por favor espérame, que llegare a demostrarte lo bello que este mundo, tu no tienes porque irte sin antes volver a ver lo que antes considerabas como simple. Espérame Ali, por favor hazlo. Tiernamente beso sus manos y acaricio su rostro delicado, esbozó una sonrisa melancólica cargada de esporas de dolor. Mientras que salía de la habitación dejando dormir en tranquilidad a su chica. Necesitaba descanso. Afuera estaba Karen esperando. —Ya se quedó dormida—Dijo Jess al cerrar la puerta. Karen afirmo con la cabeza. Posteriormente hablo. —Vamos a casa te llevare. Jess estaba cansado para volver caminando, acepto y la cogió de los codos para no perderse en su enorme mansión. Bajaron al estacionamiento y se montaron al carro, poco después estaban bajo el cielo estrellado del verano, en dirección a casa de Coby, el viento pegaba en la cara de Jess, parecía distante, Karen se había dado cuenta. —¿Tienes que decirme algo? Jess hizo un puchero y suspiro con gran paciencia, lo que iba a explicar era importante y no le gustaría nada a Karen. —Karen yo…—Continuo— Pienso que para que mejore Ali tenemos que empezar a cumplir sus sueños. Y como Coby no quiere soltar dinero, la única opción que me queda es… acudir a mis amigos. No queda más opción. Karen ladeo la cabeza. —¿Esos que me contaste que eran algo peligrosos? Jess afirmo con la cabeza. —¿Estás seguro? Jess volvió a afirmar con la cabeza incapaz de hablar con ella. —Es peligroso… —No queda más opción, el  gilipollas de Coby no quiere soltar el dinero, y tú estás en números rojos. Creo que ya es hora de hacer algo por mi parte. —¡No! Debe haber otra manera.—Dijo aterrorizada lanzando un golpe al volante. —No la hay.—Jess elevo la voz— No la hay, si la hubiera ya la hubiese tomado. Crees que soy feliz viendo como sufre Ali, tengo que hacerlo. Es porque la quiero, es porque la amo, la necesito en mi vida Karen. La noche era silenciosa nadie estaba afuera de la casa, perfecto Karen podía hablar con él sin limitarse. —¿Cómo sabes que estoy en números rojos? —Lo he visto, en ocasiones tus empleados se quejan de la paga y hasta Ali me lo conto en una ocasión.  Se lo duro que puede ser, déjame ayudarte. No… Un chico como él, arriesgarse tanto solo para ayudarla y a su hija moribunda, ¿cómo le iba a responder a Coby si le pasaba algo? No podía hacerlo, no era necesario, ya estaba pasando los límites en que podía ayudar. Pero le encantaba su forma de hablar, amaba a Ali lo sabía desde el principio en la heladería lo supo. Karen lo vio, vio aquella mirada consumirse en fuego, estaba determinado a que lo haría y nadie en el mundo se lo iba a quitar aunque lo encerraran en una cárcel, pero él era como un hijo para ella tampoco quería que nada le pasara, maldición era difícil, aquella situación estaba sacando lo más malo de cada parte de las personas, aunque para hacer el bien mayor. —Karen lo haré. Fue lo último que pudo decir, estaba decidido ya no había remedio, ella estaciono el coche en la entrada de su casa. —Cuídate Jess. Sé que lo harás bien. Llámame para lo que necesites. ¡Gracias!—Su voz comprensiva hizo que Jess esbozara una sonrisa. —No tienes que agradecerme. Karen no iba a pelear o tratar de hacerlo entrar en razón, era un hombre testarudo y además tenía un objetivo que cumplir por la chica que amaba. Nadie lo iba a parar ni las mimas llamas del infierno. Porque su corazón ardía en fuego unas llamas mucho más calientes que las que se alojaban en el averno. Ella sonrió con parsimonia y vio cómo se esfumaba entre la puerta de su casa. Karen volvió a la casa. Esa misma noche llena de pasión le hizo el amor a Maikel; para consolarlo, para animarlo, para des-estresarlo. Para amarlo Era lo que deseaba, felicidad.   La mañana siguiente después de clases Jess pidió a Jazmín que se adelantara a casa, hoy tenía que hacer algo en el refugio. Llego con una mirada de furia. Allí estaban los pillos de siempre causando estragos, finalmente vio que los chicos se acercaban a recibirlo. —Vaya volviste. —Dijo Lisad —Necesito su ayuda. —La banda seguramente te ayudara—Dijo Peter. Envuelto en llamas y una mirada lasciva Jeyson salió de atrás de unos escombros en donde solían esconder el botín que robaban. —Dime ¿Qué quieres? Jess explico con serenidad aquel infame plan, Jeyson la cabecilla entonces dejo que las cosas pasaran, acepto ayudar a Jess pero a un alto precio. Un chico inteligente vagaba solo por la calle, era un escena salida de una película, Jess no podía decir ni una palabra para arreglar aquellas cosas que Jeyson lo había obligado a hacer, cerró los ojos fuertemente, era por Ali, ella lo merecía, así tuviera que limpiar la guarida por el resto del año. O inclusive ser su chivo expiatorio. Poco a poco fue hasta llegar al parque, necesitaba respirar, un soplo de aire no le caía mal a los pulmones. Llego a una banca en donde estaba una chica de unos cuantos años más que él, entonces acariciaba a un perro con el que jugaba un frisbi. Curiosamente de tanto verlos jugar se encariño un poco con ella. Le recordaba a Ali. Siguieron jugando con parsimonia siendo felices, esperaba que algún día su chica —Alison—Pudiera sonreír como ella. Seguidamente de un la movimiento el frisbi voló muy lejos hasta aterrizar detrás de una palizada de árboles gigantescos. Jess inmediatamente se ofreció a buscarlo y de una carrera se metió a la palizada pero era un poco grande para caber allí, primero pensó que no cabía, pero gateo por un sendero, que llegaba a un túnel que luego se convertía en una luz. La chica estaba sorprendida de la generosidad de la Jess aunque le pareció  también algo lindo. También sintió pena. Se sonrojo un poco hasta que sus mejillas tomaron algo de rubor. Jess gateaba hasta que pudo liberarse de aquella situación tan incómoda, el túnel no le daba espacio para llegar con facilidad a donde había caído el frisbi. Dos minutos después logro salir del túnel. Tomo una bocanada de aire y estiro la espalda, cabizbajo tomaba un respiro le había costado más de lo que esperaba. La luz en esa parte del parque no era tan intensa, y los matorrales cubrían gran parte de la zona. ¿Qué era esa zona en realidad nunca la había visto antes? Alzo la mirada para ver lo que era… Pero el resultado fue que no pudo hablar más. Un destello de luz brillo inmediatamente. Sus pupilas se dilataron tan grandes que no pudo evitar contener la respiración. Sus aletas de la nariz estaba aletargadas y su corazón no paraba de latir. Recordó el sueño cinco de Alison: Un Jardín no, era el mejor jardín de la ciudad. Las flores estaban regadas por todas partes, una palizada de pinos cubría la zona de lo que parecía una cancha de futbol que caía a un  estanque, el estanque de los patos. Había un pequeño invernadero.  Fachado al estilo de los noventas. Jess volvió a respirar con impresión. Al entrar el aire a su cuerpo una neurona choco con otra en su cerebro, y un rayo estallo una lluvia de ideas. Las palabras: Maquina, aire, Ali, jardín, sueño. Todos hicieron colisión en su cabeza. ¡Pero no era todo! Una nube que tapaba el sol siguió su rumbo al norte dejando el cielo despejado y un rayo de luz color atardecer rojo, cayó sobre el estanque, e ilumino perfectamente el invernadero. Las flores cobraron vida,  los colores saltaron a la luz y la belleza dejo ver su tono. Era un ambiente perfecto. Jess hasta vocifero al ver tanta belleza en una sola parte junta. —Diablos—Mascullo—Esto es genial, Alison le va a encantar y cumpliré su sueño. La emoción recorría su cuerpo. Se recordó que estaba allí por el frisbi aunque no podía negar que estaba flipando por la presencia del jardín, habían; flores, el invernadero, un árbol adyacente al invernadero que dejaba caer sus ramas como jugando con la gravedad y dando sombra. Además de muchas herramientas que conseguía en todos lados. El suelo era pastoso y grama generosa se alzaba al cielo como una alfombra gigante. —¿Estas bien?—Escucho a la chica gritar a la distancia. Claro que lo estaba, estaba mejor que nuca. Recordó el frisbi, lo busco con la mirada y lo encontró en poco tiempo. Más tarde, cogió el frisbi y respondió. —Si no te preocupes. Ya tengo el frisbi  allá va. Jess lanzo el frisbi al aire y travesó la palizada. Jess no lo sabía pero aseguraba que el perro lo había atrapado con su hocico del otro lado. Entonces volvió al túnel y posteriormente saludo a la chica que estaba allí esperándole. Ella le agradeció con sinceridad, y un abrazo. Más tarde se hizo amigo de Sofy. Aquella chica que le gustaba ir al parque acompañado de su cachorro: Puppy. A jugar al frisbi. Más tarde se daría cuenta que solo simulaba eso, en realidad por lo que iba era por los chicas, a ver que chico podía conquistar con sus dotes de mujer. Y hasta verlos un poco hacer ejercicio en las maquinas. Pero siendo consiente de guardar la distancias. Conversaron sobra algunas cosas en teoría y luego se despidieron, se volverían a encontrar mañana. Ella vendría porque le debía un favor a Jess, aunque este no quisiera aceptarlo ¡Vaya que era terco! Era un hombre completamente testarudo   Cuando llego a casa, dibujo de nuevo aquella fachada para mostrársela a Alison, aunque los primeros dibujos quedaron mal. Siguió esforzándose, para visualizar en su mente todos los detalles del invernadero, entonces por fin pudo hacer algunas pinceladas perfectas, hasta darle forma, Coby llego más tarde estaba de buen ánimo. Jess decidió pedirle ayuda. Necesitaba que todos ayudaran para que Alison mejorara, la banda, Karen, Alison, Jazmín, Coby, absolutamente todos. Bajo las escaleras. Allí estaba Coby, pero no estaba solo, lo acompañaba una chica alta y esbelta de pelo castaño. Conversaban muy seguidos. > pensó Jess. Entonces bajo las escaleras sin cuidado de ser visto, en realidad quería estar allí presente para conocer a otra chica que le iba a quitar mucho dinero a Coby como era de costumbre, nadie sabía elegir en esa casa. —Jess ven conoce a Ramy. > pensó Jess. Coby parecía muy alegre. Parecía como si fuera a botar ranas y sapos por la boca y de su nariz saliera un arcoíris. Vaya que hipócrita. —Él es mi hermano. —Refuto. —¡Hala! que bien mucho gusto Ramy soy Jess. > —Hola hermanito del gran guitarrista. Jess lanzo una mirada despectiva, era una zorra completamente. —¿Coby  podemos hablar? —No estoy ocupado. —Vamos…—Quería insultarlo— es sobre Alison, está enferma, quiero que me ayudes. Coby gruño. —Este bien cuenta. —Aquí no.—Dijo mirando a Ramy era un tema importante. Coby entendió lo que quería decir. —Está bien vamos. Tu espérame aquí linda no te vayas.
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