PVO Apolo. —Sr. Kingston, todo lo que pidió ya está listo para ser llevado a la casa de la Srta. Rivas. ¿Desea que lo haga? Jugueteo con mis dedos, sin quitarle la vista de encima a mi corderita, que come sin reparos una hamburguesa, con una amiga. —¿Sr.? —No, yo iré personalmente. Ella me debe una explicación, una muy buena, si quiere calmar esta jodida molestia que vengo arrastrando desde que me enteré de esa estúpida noticia. Dante asiente y emprendemos el regreso hacia su pequeño apartamento, donde ya estuve una vez y la muy atrevida me dejó esperando. Esta vez será diferente. —Por cierto, Sr. Kingston, la orden de darle un pequeño susto a la Srta. Martel ya fue ejecutada. Sonrío. Fue esa estúpida quien le rompió sus delicados lentes a mi chica. Lo mínimo que merecía esa perra

