PVO Ayde. Las palabras de Apolo quedaron marcadas en mi cabeza —y en mi corazón, debo admitir—. Y hasta ahora, a pesar de que ya pasaron varios días, no puedo quitármelas de encima. ¿En verdad quiere algo serio conmigo? —Ahora sí, Ayde, antes de que comience la fiesta me vas a decir qué te está pasando, y no digas que nada —me dice Abril, dejando dos refrescos sobre la mesa. Hoy es sábado, y también la fiesta de la empresa donde trabaja Apolo, en la noche, solo que se trabaja hasta el mediodía. Increíble, pensé que al menos nos darían el día libre. —Desde hace días has estado distraída, pensativa, y a veces hasta te sonrojas sin razón. —¿Yo? —rueda los ojos. —No, mi abuelita —responde con sarcasmo y detiene su vista en mi bufanda—. Oye, aún está el chuncho que te dejó Apolito en el

