Capitulo 3

1401 Palabras
Días después de la llegada de los príncipes a la ciudad. —Alteza, no corra, arruinará su peinado. —No debo llegar tarde. Xana se acercaba cada vez más al grupo de personas que estaban en las puertas de la ciudad. —Disculpen mi tardanza. —No se preocupe gobernadora, como mujer debe gastar tiempo en su apariencia—habla el principe de Ronda con su mirada fija en ella —Asi es, príncipe —lo apoya y evade su mirada —Gobernadora, ¿qué hacemos aquí? —No se afane, alteza Los carruajes salen de la ciudad y se internan en las carreteras dentro del espeso bosque. Tras varios minutos de viaje llegan a la zona de caza. —Gobernadora, ha puesto su mejor esfuerzo organizando está jornada —Gracias. La dinámica de esta caza es la siguiente: quien recoja la mayor cantidad de presas será el ganador. —Nos parece bien—habla animado Witgate Todos los nobles se dispersaron por toda la zona en busca de presas, Xana montó su caballo y supervisaría la competencia. El caballo empieza un trote lento, mirando a los príncipes tomar sus caminos. Se adentró más en el bosque cuando sintió una presencia, miró atrás pero no había nada. —Gobernadora, al fin la encuentro —la voz resonaba tan fuerte como un trueno. —Alteza —Saluda —Permitame hablar con usted —Adelante —Sus ojos se me hacen extremadamente conocidos, ese peculiar color rojizo de sus pupilas solo lo he visto una vez en mi vida. No tengo duda que usted es la tercera hija del rey Franco, la pequeña princesa. Durante aquella visita se acordaron tratados comerciales entre ambas naciones. Si no recuerdo mal, usted casi muere ahogada. Xana mantiene su expresión neutra, no expresa el sin fin de emociones que siento, sobre todo miedo, mucho miedo. —Es usted una persona muy suspicaz, alteza —comenta con fingida serenidad —Pequeña princesa, usted es muy buena escondiendo sus intenciones, puede engañar al resto pero no a mí —No entiendo en absoluto sus palabras —Ambos sabemos el significado, Gobernadora —¿Que quiere? —Pregunta exasperada —En el pasado usted dijo que se casaría conmigo, ¿lo recuerda? Pues, le hago la misma propuesta —expresa con seriedad —¿Es una broma? —Yo nunca bromeo —Alteza, eso fue en el pasado... Cosas de niños, no debe darle importancia —Princesa, le estoy concediendo lo que una vez dijo que deseaba. —Sus planes y pensamientos no son tan simples, usted es una persona muy astuta, no responde a peticiones de una consentida niña. Usted busca otra cosa —Xana escupe las palabras mientras sus ojos de fuego consumen al hombre. —Usted no es solo cautelosa, además es inteligente y versada. No encuentro cualidades más útiles que esas. —Temo no concederle este deseo a su alteza, no estoy aquí como capricho, tengo cosas importantes que hacer, no perderé mi tiempo. Xana agarra las riendas de su caballo y se va cabalgando del lugar, dejando atrás al hombre. —Es toda una personalidad, digna de ser la emperatriz, mi emperatriz. *** —El ganador de esta jornada de caza es el principe de Witgate. Felicidades alteza, ¿qué recompensa quiere? —Gobernadora, soy fanático de la gloria. Sea creativa. —Sorprenderé a su alteza.—Xana muestra al hombre una sonrisa maliciosa. La noche cayó, aquella luna gigante entraba por la ventana de la tienda de la gobernadora adornando los planes de la joven —Alteza, el principe de Witgate es muy desagradable —Lizzy se queja —Witgate es orgulloso y pedante, entre el más quiera sobresalir más se humillará —dice antes de apagar los candelabros. La mañana de aquel día estaba hasta el tope de ocupaciones, la princesa hallaba absorta en la preparación del regalo del principe de Witgate. La ciudad estaba arreglada para la entrada honorífica que Xana preparó para el principe. La expresión segura de Xana entró a la ciudad encantando a todos los ciudadanos, sus pasos suaves dirigían el caballo que el príncipe montaba. Witgate la miraba con burla, pues, la estaba rebajando de su posición al haberla obligado a realizar aquella tarea que usualmente era realizada por un mozo. "El que ríe de último, ríe mejor, quizá esto se cumpla, alteza" pensó Xana. La princesa entró a la ciudad, guiando el caballo del principe de Witgate. Mientras el jinete avanzaba Xana saca de entre sus ropas unas ramitas y las tira frente al animal sin que nadie lo note. El caballo sucumbe ante su naturaleza asustadiza, se espanta ante la presencia de la rama y se para en sus dos patas traseras sacudiendo al principe que con facilidad logra dominarlo. La reacción del caballo no fue la esperada por Xana, al animal la había sacudido y tirado al suelo. La princesa ve como las patas del animal se precipitan sobre ella y cierra los ojos esperando el impacto. Momentos después Xana es arrastrada fuera de las patas del animal, y cae justo al lado del cuerpo del caballo junto con quién la salvó. Abre los ojos y suelta un suspiro de alivio. El hombre se pone en pie y le ofrece una ayuda para levantarse, Xana agarra su mano y una vez está en pie logra ver el rostro del hombre, era Ronda. El principe coloca una capa sobre sus hombros, la aleja con lentitud de la multitud y la deja en su pabellón. —Alteza, eso fue muy arriesgado, mi majestad no la envío aquí para morir. —Habla en Lizzy una vez se ha ido Ronda. —Tranquila Lizzy, todo es por una buena causa. Aunque, fue muy arriesgado, no pensé quedar debajo del caballo, solo quería darme un golpe y salir disparada del camino. Si el principe de Ronda no hubiese actuado temo que ahora mismo estaría muerta. —No debe exponer su vida, por favor —lloriquea su criada. —No te preocupes Lizzy, no lo haré. El príncipe de Ronda era un ser enigmático, detallista y meticuloso. Todo en el le resultaba un misterio, uno que ella misma quería descubrir. Casi de manera automática a su mente llegaron las palabras de su padre; "recuerda confío en tí". No podía ser complaciente con los príncipes y defraudar a su padre solo por su infundada obsesión con el principe de Ronda. —¿Qué debo hacer? —Excelencia. El principe de Ronda pide una audiencia con usted —Lizzy entra a su habitación con una expresión de disgusto —Dile que espere afuera ya saldré. Xana salió de su habitación. Su mirada se posó sobre aquel hombre, quien la esperaba en el umbral de su pabellón con las manos sobre su espalda. La mujer estudia con detalle la figura del príncipe, aquel hombre era alto podía estar rondando entre los 1.80 de estatura y que a comparación de Xana ella quedaba como una pulga. Aunque, era más alta que otras mujeres de su edad. Xana llega la encuentro del príncipe y esperó pacientemente hasta que él notara su presencia. —Princesa —saluda con cortesía —Alteza, ¿para que me necesita? —Espero que haya pensado en las palabra que le dije en la cacería, ¿lo ha hecho? Yo no he dejado de desear que usted acepte mi propuesta —Le agradezco alteza pero temo decirle que no estoy a la venta. —El soborno... Usted cree que lo utilizaría para convencerla pero se equivoca, princesa. Lo que le propongo no le afectaría en nada con su tarea en Herem. —No me afecta pero tampoco me beneficia, principe. No juegue con sus palabras, no soy una niña y usted no es un jovencito. —¿Por qué es tan contundente en su negativa? Xana sonríe apenas mostrando sus dientes en realidad moría de ganas de aceptar su propuesta, pero también tenía muy clara su misión, apoyar a su padre y no buscar sus intereses. Lo que sentía era sólo un encaprichamiento pronto pasaría y ni se acordaría del príncipe. El recuerdo que tenía de él era tan distinto a lo que sus ojos tenían frente a ella; un hombre silencioso meticuloso y sobretodo calculador. El príncipe de Ronda pretendía obtener algo, algo grande. Xana lo supo. Ya había obtenido su principado, ahora pelearía con sus primos por el trono, los otros príncipes eran unos tarados ¿cómo no darse cuenta? "Tarde lo haría muy tarde", pensó Xana. —Sea sincero ¿cuál es su verdadero motivo? Porque no creo que esté interesado en mí —la llameante mirada de Xana quemaba. —¿Cómo puede estar segura de eso? —el hombre respondió, la intensidad de su mirada del principe confundió a Xana. ¿Qué quería decir con eso?
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