++++++++++++++ Salimos de la clínica con el sol ya bajando. El aire de la tarde se siente tibio, con ese olor a polvo y a flores que deja el final del día. Canela camina a mi lado, sosteniendo mi bolso y la pequeña bolsa con la foto del ultrasonido. Yo todavía la tengo entre los dedos, doblada con cuidado, como si fuera una reliquia. El trayecto en el carro fue silencioso. Canela puso música bajita, algo instrumental, como si intuyera que no quería hablar. Miraba por la ventana mientras las luces de la ciudad se encendían una por una. En mi pecho, el eco del ultrasonido seguía vivo. Esa pequeña figura, esa sombra diminuta… mi bebé. * Cuando llegamos a casa, el portón estaba abierto y vi varios autos estacionados afuera. Fruncí el ceño. —¿Qué pasa aquí? —pregunté, bajando del carro con

