Cap 16 Amigo del dueño

1073 Palabras
Se acercó a uno de los guardias con expresión preocupada. —Señor, estoy buscando a mi amiga. Fue al baño, pero no aparece —dijo, intentando sonar tranquila, aunque su voz ya comenzaba a temblar. Raúl, que había estado atento a la situación, se aproximó con rapidez al notar la inquietud de la mujer. —Señorita... —dijo con amabilidad. Olga se giró con rapidez al escucharlo, observando al hombre con desconfianza. Raúl hizo una seña al guardia para que se retirara. Una vez a solas con ella, intentó explicarse con una sonrisa nerviosa. —La señorita... está charlando con mi jefe. —¿Tu jefe? —repitió Olga, frunciendo el ceño. Su tono se volvió áspero, molesto. De inmediato, su mente imaginó lo peor, un tipo rico había aprovechado la distracción para llevarse a su amiga. Estaba a punto de hacer un escándalo cuando Raúl continuó, intentando calmarla. —Mi jefe es Joaquín Urrutia, el dueño del crucero. Él... quiso mostrarle algunos lugares exclusivos del barco y arreglar malentendidos entre ellos. Solo eso —mintió, ya sin saber cómo sostener la historia. Su mirada esquivaba la de ella, cada vez más incómodo. Olga lo miró por un largo instante, analizando sus palabras, pero finalmente no dijo nada. Se alejó con paso tenso, aunque no podía ocultar la preocupación que aún le palpitaba en el pecho. Esperaba, con el alma encogida, que Mirella no estuviera metida en un problema... o peor aún, que no fuera echada del barco. Ron llegó hasta ella con una sonrisa amable. —Hola —saludó, intentando parecer casual. Olga, al verlo, no dudó en pedir ayuda. —¿Podrías ayudarme a encontrar a alguien...? —dijo, con la preocupación todavía latente en su rostro. Ron notó de inmediato su tono inquieto y asintió con seguridad. —Claro, dime. Mi amigo es el dueño del barco, encontraremos a la persona que buscas —respondió con confianza. Olga frunció el ceño, sorprendida. —¿Eres amigo del dueño? ¿De Joaquín Urrutia? —preguntó, entre desconfiada y molesta. Dio un paso hacia él, alzando ligeramente la voz—. ¡Él fue quien se llevó a mi amiga! Ron la observó en silencio por un instante, procesando sus palabras. Su expresión se volvió más seria. No esperaba que las cosas tomaran ese rumbo. —¿Joaquín? ¿Estás segura? —preguntó Ron, frunciendo el ceño con incredulidad. —Sí, completamente segura —afirmó Olga sin titubear—. Un tipo se me acercó, dijo que era su asistente y que mi amiga estaba con él... Que quería mostrarle el barco. Pero Mirella no lo conoce, no tiene por qué estar con él. Ni siquiera sé cómo se la llevó. Ron se quedó en silencio unos segundos. Conocía a Joaquín desde hacía años, sabía que su amigo era tranquilo y respetable. Nunca fue mujeriego ni impulsivo con las mujeres. Siempre fue reservado, meticuloso, incluso un poco distante. A veces le costaba entender cómo podían ser amigos, considerando lo diferentes que eran. Él era más sociable, espontáneo, incluso un poco alocado en comparación. Pero, a pesar de sus contrastes, se habían hecho inseparables con el tiempo. —Llamaré a mi amigo. Si está con él, me aseguraré de que esté bien. Te lo prometo. Olga afirmó sin decir nada más, aunque en su interior el miedo no dejaba de crecer. Raúl se acercó a ambos, lanzándole a Ron una mirada que decía más de lo que sus labios podían pronunciar. Sin decir palabra, le entregó a Olga un vaso de agua. —Tome, señorita. Le hará bien —dijo con amabilidad, notando su evidente nerviosismo. Mientras ella bebía, Ron se apartó unos pasos, sacó su teléfono del bolsillo y marcó el número de Joaquín. Este tardó unos segundos en contestar. —¿Dónde estás? —preguntó Ron en cuanto escuchó su voz al otro lado de la línea. Joaquín estaba de pie frente a la ventanilla de su camarote, desabrochándose la corbata. Su voz sonó serena. —Me retiré a mi camarote. —¿Estás con una chica? Joaquín guardó silencio un momento antes de responder. —Sí. Ron apretó los labios y se pasó una mano por la nuca. —Su amiga la está buscando... Dice que te la llevaste sin avisar. Joaquín suspiró del otro lado de la línea. —Ella estará bien —aseguró con tranquilidad. —Ok, amigo —dijo Ron antes de colgar. Volvió junto a Olga, que seguía con el vaso en la mano y una expresión de angustia que no lograba disimular. —¿Qué pasó? —preguntó apenas lo vio. Ron le dedicó una sonrisa amable, intentando transmitirle calma. —No te preocupes, están bien. Mi amigo sería incapaz de hacerle daño a nadie. Es el tipo más recto que conozco. Olga lo miró con escepticismo, presionando los labios en una línea recta. —¿Seguro? Ron asintió con confianza. —Claro... Vamos a tomar una copa al bar y conversamos mientras tu amiga regresa. ¿Te parece? Olga dudó un instante, pero finalmente asintió y lo siguió. Raúl, que los observaba a unos pasos, suspiró aliviado al ver que, por ahora, todo estaba bajo control. Laydi buscaba a Tiana y a Joaquín por los alrededores, sonrió astutamente sintiendo que todo estaba saliendo a la perfección. Tiana, por su parte, llegó hasta la puerta del casino, escaneando el lugar con la mirada hasta dar con Simón. Lo encontró en una de las mesas de apuestas, rodeado de gente. Al parecer, estaba ganando. Simón lanzó los dados y volvió a acertar. La multitud aplaudió con entusiasmo, y una mujer se acercó demasiado, casi pegándose a él. Tiana sintió un vuelco en el estómago. Estuvo a punto de darse la vuelta y marcharse, repitiéndose mentalmente: Esto fue un error… Pero Simón la vio. Se apartó de la mesa en cuanto la reconoció. Tiana se detuvo, vacilante. —Ven conmigo —dijo al llegar hasta ella, tomándola suavemente del brazo—. Vamos a jugar. —Mejor vuelvo —respondió ella, nerviosa, mirando a su alrededor. Él soltó una risa irónica. —¿Volver? ¿A qué? ¿A sentarte sola en esa mesa toda la noche? Tiana apretó los labios, sin responder. —Vamos —insistió Simón con una sonrisa persuasiva—. Aquí es divertido. Jugamos un rato, y si te cansas, te acompaño a tu camarote. Ella dudó por un instante, pero finalmente asintió.
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