Entré en la casa con Alexis pegado a mi espalda. — Vamos arriba —gruñó contra mi oído. Sus manos levantaron mi vestido con deseo. — Tranquilízate —murmuré riendo. Ya eran como las seis de la mañana y los dos estábamos un poco borrachos... ¡qué digo un poco! —Hay que dormir, Kingstone. Tengo sueño y estoy cansada. —No, claro que no... —se quejó alargando demasiado la frase. Me dio media vuelta y quedamos mirándonos fijamente. Le di un pequeño beso en los labios y me alejé de él caminando con dificultad hasta la escalera. —Megan —llamó con voz desesperada. Lo miré de reojo y me reí al ver como apuntaba su entrepierna. Su bulto era muy notorio. Demasiado. Me reí y me quité los tacos para subir la escalera. — ¡Eso, escapa! Porque cuando pueda caminar bien ¡te alcanzaré! Me reí a c

