Capítulo 7

1633 Palabras
Bajamos la escalera riéndonos de una chica que se había tropezado en la escalera por estar muy borracha y el karma casi hace que nosotras también rodáramos escaleras abajo, por lo que más risa nos dio. —No puedo más —chilló Karen cruzando las piernas— Voy al baño o me voy a hacer aquí mismo.  Yo asentí aún riendo y salí a la fiesta, donde todo seguía igual. Caminé a buscar otra cerveza haciéndome paso entre la gente pero me detuve a observar la escena que tenía Alexis con una rubia en la piscina. Ambos estaban muy cerca el uno del otro. La rubia le besaba el cuello a Alexis, mientras él conversaba y se reía con un amigo. —Hola —me saludó un chico. —Hola —respondí distraídamente. —¿Cómo te llamas? —Megan —dejé de observar a Alexis y me centré en el chico. —Yo soy Diego —se presentó y nos estrechamos la mano. Conversamos por unos minutos, hasta que mi atención se fue al beso entre Alexis y la rubia. —¿Megan? —Lo siento —volví mi atención a él un poco enojada. ¿Qué creía que estaba haciendo Alexis? ¡Por Dios si estábamos casados! Aunque fuera de mentira, me debía respeto. De repente Diego era más atractivo que antes, y era evidente su interés por mi. La actitud de Alexis y la falta de anillo en mi dedo me recordaba que todo era una mentira y que no tenía que rendir cuentas a nadie. Miré fijamente a Diego a los ojos y lo besé. Se sorprendió al principio pero después se emocionó. Me tomó por la cintura y me sentó en la mesa. Lo que me sorprendió a mi, fue lo bien que besaba. Sin duda no había hecho una mala elección. —¿A qué se debe esto? —preguntó muy coqueto. Me encogí de hombros y me mordí el labio. Me hizo sonreír el deseo que se notaba en la cara de Diego al mirarme, sin duda eso hace unos meses no hubiera pasado, pero desde que me había operado era todo diferente, me sentía capaz de conquistar a cualquier hombre, a excepción de ya saben quién. —¿Qué mierda crees que estás asiendo? —fue el grito de Alexis el que se escuchó antes de que Diego volara por los aires. —¡No! —exclamé nerviosa cuando lo golpeó directamente en la nariz— ¡Alexis, para! La cara de Alexis estaba desfigurada por la rabia, si hasta podría jurar que le salía humo por la nariz como a los toros. —¿Acaso no sabes quién mierda es ella? —gritó apuntándome. Diego se retorcía con la mano en la nariz— ¿No lo sabes? —gritó de nuevo. Diego negó con la cabeza. Al rededor la gente se aglomeraba a ver la escena. —Ella es mi esposa, ¡hijo de puta! —le dio una patada y Diego gruñó del dolor. Las personas al rededor comenzaron a murmurar sobre mi. Nadie se creía la nueva noticia. El rey se había casado. De la nada apareció Karen a calmar a Alexis y los guardaespaldas de Alexis, a llevarse a Diego. Cuando por fin Alexis se calmó, hizo que de una sola mirada todos volvieran a lo suyo y actuaran como si nada. ¿Por qué le tenían tanto miedo? ¿Acaso sabían que era un asesino? —Vamos a hablar —me tomó del brazo y contra mi voluntad me llevó a un lado del inmenso jardín, a la oscuridad donde nadie podría escucharnos. Quité mi brazo de su agarre y me crucé de brazos. —¿Qué mierda crees que hacías? —preguntó furioso. —De hecho, lo mismo que tú —levante una ceja engreídamente y él frunció el ceño. —¿A qué te refieres? —Te estabas besando con esa chica... Y yo hice lo mismo con Diego. —¿Diego? ¿Ese bastardo se llama Diego? —puso sus manos en la cintura. —Si, se llama Diego, es latino y besa muy bien —murmuré con fingido deseo. Alexis abrió los ojos como platos y un segundo después me estaba besando. Puso una de sus manos en mi cuello y la otra en mi trasero, apretándolo con demasiado deseo. —Alexis, déjame —lo empujé muy poco convencida. —No —se quejó e intentó besarme de nuevo pero volteé la cara. —Estoy enojada, déjame —él se rió. —Yo soy el que debería estar enojado, y para mi sorpresa no lo estoy. No te vuelvas a acercar a él y nadie va a perder la cabeza... Sus palabras me asustaron. —No te vuelvas a acercar a ella y nadie va a perder pelo —amenacé de vuelta, causando su risa. Me abrazó y me contuvo contra su pecho. —No te vuelvas a acercar a nadie que no sea yo. —No puedo vivir en una burbuja, Alexis. Por favor déjame llevar una vida normal —cerré los ojos y absorbí su olor. Alexis suspiró y comenzó a acariciarme la espalda. —¿Puedo hacerte una pregunta? —me mordí el labio esperando su respuesta. Alexis asintió sin soltarme. —¿Por qué te dicen El Rey? Alexis se rió y se alejó. Me miró un momento y se volteó. En su espalda, de hombro a hombro tenía escrito con letras grandes "El Rey", mientras que algunas rosas con espinas decoraban la frase. Era realmente un buen tatuaje. —Interesante... —murmuré rozando mis dedos contra las letras. No pude dejar pasar un par de cicatrices pequeñas que adornaban su trabajada espalda. Él asintió y volvió a voltearse. —¿Te parece si volvemos a la fiesta? —sugirió. Asentí y me tomó la mano. Juntos caminamos de vuelta a la piscina, donde era inevitable no notar que se volteaban a vernos pasar. Acabábamos de instalarnos en una esquina cuando Karen nos interceptó. —Vamos al jacuzzi —sugirió emocionada. Yo asentí ansiosa. Nunca antes me había metido a un jacuzzi. Alexis volvió a tomarme la mano y me guió hasta el jacuzzi. En él, solo estábamos nosotros, más Karen y su novio. —Esto es maravilloso —susurré. El asintió y gruñó en mi oído. —Recuérdame mandar a poner un Jacuzzi en casa —murmuró mientras pasaba sus grandes manos por mi estomago. Asentí mordiéndome el labio e intenté zafarme, ya que mi temperatura corporal comenzaba a subir. —¿Por qué aún no le regalas un anillo a Meg? —preguntó Karen. Me tensé y Alexis hizo lo mismo. —No... No sé. No hemos pensado en ese detalle. Solo nos casamos por la visa de Megan. Me encogí de hombros nerviosa y miré a otro lado. Su sinceridad era cruel. Habían muchas personas en la piscina, algunas besándose y otras tocándose descaradamente. Me sorprendió ver chicas besándose entre ellas mientras los chicos las miraban y tocaban. Me volteé con cara de asco. —¿Estás bien? —preguntó Alexis mirando hacia donde yo había mirado. Noté como una pequeña sonrisa aparecía en sus labios mientras observaba la escena y no pude evitar ponerme celosa. Los chicos se disculparon y salieron del jacuzzi dejándome sola con Alexis. Momento que aproveché para tomar el lugar en donde ellos se encontraban anteriormente. Alexis se quejó y me tiró los pies hasta dejarme sentada sobre él, con mi cara a centímetros de la suya. —¿Por qué te alejas? —Solo... quiero... tener mi espacio —murmuré poco convencida. Ni yo me lo creía. No había nada más que quisiera en la vida, que estar pegada a Alexis y demostrarle a todas que era mío. Esperen. ¿dije que era mío? Oh por Dios, si ya estaba delirando. Alexis negó con la cabeza con una sonrisa un poco arrogante en su rostro y comenzó a besarme el cuello. —Ah... —gemí cuando me dio un pequeño mordisco en la clavícula. —¿Hagamos un trato? —susurró cerca de mi cuello. Asentí a duras penas. Sentir su naciente barba contra mi piel desnuda me hacía perder la razón, ya no podía negar que sentía algo por Alexis, pero esperaba que no se me notara tanto como para parecer una de esas perras que se colgaban de él como aromatizante a un espejo retrovisor.  —Desde hoy tu eres solo mía, y yo soy solo tuyo... Sus palabras me dejaron bloqueada. ¿Acaso acababa de decir que nos pertenecíamos exclusivamente el uno al otro? —Tu sabes que eso yo lo puedo cumplir, y lo he estado cumpliendo aunque sea a la fuerza. Se alejo de mi cuello y me miro a los ojos. —No es lo que vi hace un rato con ese bastardo de Diego. Puse los ojos en blanco y traté de alejarme sin éxito, no quería discutir. —Vamos, no quiero pelear contigo —murmuró abrazándome— Solo por mi sanidad mental necesito que cerremos el trato. Puse los ojos en blanco e intenté no mirarlo. —Yo creo que tu sanidad mental esta seriamente dañada. —¿Me estas llamando loco? Me encogí de hombros y suspiré dándole a entender que si lo hacia. Él se rió con un tono grave. Amaba cuando se reía. —Pues estas en lo cierto. Estoy muy loco... Me tomó la cara y me obligó a mirarlo. No pude esconder más mi sonrisa y él me besó. Sentí su creciente erección contra mi y no pude evitar morderme el labio. Puse mis manos en su pecho y me impulsé para alejarme de él. Él negó con la cabeza y sonrió de lado. — Tienes bastante valor, Megan.
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