Rodrigo pasó de tener sus ojos decepcionados clavados en mí, a verlo a él, curvar los labios en una mueca de desagrado y luego darse la vuelta sin decir nada más. Yo me levanté de donde estaba sentada junto a Charles, impulsada por el deseo de seguirlo y hablar con él. —No —dijo Charles rotundamente—. No vas a seguirlo, Cecilia. La mano de Charles me tenía fuertemente agarrada, pero mi corazón dolía por Rodrigo y me sentí abrumada por la tristeza de verlo irse de esa forma. Dejé de ver la espalda de Rodrigo mientras se alejaba y giré el rostro de nuevo hacia Charles, mostrándole con mis ojos cómo me sentía. —Tengo que ir Charles… —dije—. Tengo que hablar con él… —No tienes que hacerlo —negó. Pero yo sí tenía que hacerlo y no podía quedarme con ese pesar en mi corazón. Charles tenía

