Regresar a casa significó, más bien, tener una nueva casa. Un hogar que me hacía ilusión porque sería mío. Mío al lado de Charles. Habíamos ido directo hacia ahí, a la vieja mansión del padre de Charles, ubicada al oeste de la ciudad, y fuimos recibidos por todo el servicio como los nuevos señores de la casa. —Fue aquí donde vine poco después de que mi madre muriera —me explicó Charles, mientras recorríamos el interior de la casa—. Ha estado sola por muchísimos años, pero lo han adecuado todo mientras estábamos en Las Vegas. —Me gusta mucho —le dije, mirando todo con ilusión. No extrañaba en absoluto el gusto de decoración de mi madre y me moría por darle un toque especial que fuera nuestro—. Podríamos remodelar algunos lugares… —opiné. Charles me abrazó por la espalda y me dio un beso

