Me había estado mirando en el espejo, pensando en que pudiera notárseme de alguna manera que ya no era virgen, pero no veía nada. Había regresado a casa antes de la cena, después de estar con Charles, nerviosa de que mis padres me señalaran y vieran en mí el pecado que había cometido, pero mi madre ni siquiera me miró y mi padre no dijo nada cuando me saludó con un beso en la frente. Quien sí lo sabía era mi Padre Celestial y no podía ver a su hijo crucificado en la cruz, sin sentirme culpable del martirio que había pasado para que sus demás hijos fuéramos perdonados. ¿Sería perdonada yo? No lo sabía, pero ya no estaba dispuesta a confesar mis pecados y que me ordenaran dejar de ver a Charles. Esa era una penitencia que no aceptaría. No lo haría mientras tuviera tiempo. Amaba a Char

