Nueve jodidas horas de viaje en un avión con otros dos lobos en un vuelo comercial es una experiencia poco satisfactoria, al menos al llegar nos está esperando Titus. Cuando era pequeña recuerdo que me encantaba jugar con él, pero al crecer y estar en mi época adolescente se convirtió en un impresentable que le gustaba amargarme la vida. Todo esto pasó antes de que comenzara a viajar, hasta quedarse en Estados Unidos, dijeron que era para su formación como Alfa, o así lo entendí yo, y ahora allí estaba, guapísimo, con sus dos metros de altura, su pelo moreno peinado en tupé, con esos ojos verdes que recordaba. ¿Por qué mi corazón acaba de dar un salto en mi pecho? Es como un hermano para mí y no debo sentir nada especial, no puedo sentir más que el olor de nuestra manada, no es posible que sea mi compañero. Titus se acerca y me da un abrazo, levantándome del suelo y metiendo su nariz en mi cuello. Sonríe cuando separo mi cuerpo del suyo presentando a mis acompañantes.
– Soy Titus. He alquilado un todoterreno para ir a la última casa que ocupó Francisco Bonaparte, ya he hablado con el conservador y nos dejará ver el ánfora. Durante el viaje tengo que contaros una cosa y por favor, Julia, mantén la mente abierta. - Habló mientras atravesamos el hall del aeropuerto en dirección al aparcamiento. Pude notar que había más de un lobo en la zona, cosa que me llamó la atención. ¿Aquí no se ocultan como nosotros?
Titus indica que me subiera en el asiento del copiloto y cuando Amandine y Diego suben a la parte de atrás nos ponemos en marcha.
- Es un viaje corto, no creo que llegue a dos horas, así que os voy a contar por si tenéis dudas- No habían pasado ni quince minutos y Titus habla alto para que nos entereremos los tres. - Yo también soy un guardián. – Los escalofríos recorrieron mi cuerpo y tiemblo. Pero no tengo que custodiar un objeto. Soy una especie de guardián superior. - Estoy atónita en mi asiento, jamás lo hubiese imaginado. – Llevo bastantes años haciendo lo posible por formarme en todo lo que nos pueda hacer falta para encontrar el Secreto de la Diosa, pero en estos últimos meses, desde que apareció en nuestra manada Kemin he estado bloqueado. Creo que se nos ha acabado el tiempo de esperar y guardar. Julia, me gustaría que me prometieras que a partir de ahora me dejaras cuidarte. Y por favor, aún tengo mucho que explicarte, solo no juzgues antes de escuchar, ¿vale? – Esto último me lo dice en bajito y solo a mí. “¿Qué puede haber que no me haya dicho? Nos conocemos desde siempre.”
El asiento de atrás se quedó en silencio, Amandine y Diego habían caído dormidos y aún quedaba una hora de viaje. Titus me mira y sus ojos pasan a n***o, por unos segundos su lobo toma el control y gruñe, juraría que decía entre dientes “Mia”, pero lo dijo tan bajo que no estaba segura de haberlo oído o confundido con otra cosa. Sus ojos vuelven a su verde humano y me sonríe nervioso, lo que me hice ponerme nerviosa a su vez. Me calma recordando anécdotas de cuando éramos niños.
–Duerme un poco, aún queda casi una hora, aprovecha para descansar. – Quita la mano del volante y me aprieta la rodilla como hacía de adolescente, pero no es tan incómodo como entonces. Cierro los ojos e intento dormir. Sentír sus ojos sobre mí de vez en cuando hace que no pueda conciliar el sueño.
Cuando abro los ojos estamos ante una robusta casa de piedra clara, de dos plantas y contraventanas azul celeste. Bajamos los cuatro del coche y sale a recibirnos un hombre mayor, bajito y rechoncho, pero que parece muy amable. Saluda a Titus. Es cierto que había estado aquí antes de recogernos-
–Pasar al almacén, he sacado la pieza que es de vuestro interés. - El hombre hablaba con marcadísimo acento americano. Nos acompaña hasta dentro y miramos un ánfora encima de un pedestal.
–Déjanos solos. - Amandine le ordena al hombre con sus ojos negros. Este obedece sin rechistas. La miramos los tres con asombro al haber actuado sobre la voluntad del hombre. – Son parte de mis poderes de guardiana. - Dice riendo. Diego toma el ánfora y comienza a inspeccionarlo.
–Es mucho más liviana y esto no lo tiene la mía. - Señala el culo del ánfora. Todos miramos lo que señala. Era una especie de sello con tres rayas paralelas que parecían desgarros sobre un puente.
– Esta no es el ánfora original. – dice Titus tomándola y riendo al ver la maraca.
- ¿Cómo puedes saberlo? - Le pregunto un poco enfadada por su prepotencia.
–Porque este sello es la marca de mi familia, seguro que lo hicieron para dar el cambiazo y controlar la verdadera. -
- ¿Como la marca de tu familia? No la conocía, ni siquiera sabía que teníais una. - Me sentí defrauda, pensé que lo sabía todo de mi manda.
–Eso es porque es solo cosa de familia, y tu aún no lo eres oficialmente. – Deja el ánfora donde estaba, me da un beso en la cabeza, y se sube la camiseta. En su pecho está el mismo dibujo que la marca del ánfora. Sale de la habitación. Le seguimos dando gracias al hombre y nos montamos en el coche. ¿Estoy totalmente perdida o me está diciendo que soy su hermana ilegítima o algo así?
- Oye, ¿qué has querido decir con eso? - Me debe una explicación ya.
-Pues que creo que hemos venido aquí para nada. - Dice Titus encendiendo el contacto del cuatro por cuatro. Está a punto de hablar cuando una mujer lobo se mete rápidamente en la parte trasera del vehículo junto a Amadine y a Diego y grita a Titus que nos pongamos en marcha. Nos miramos entre nosotros y al ver una jauría de hombres lobos convertidos que corren hacia nosotros con aspecto de pocos amigos, vemos al hombre que nos atendió en la casa ordenar que nos ataquen. Titus pisa el acelerador marcha atrás, da un volantazo y cambia a primera comenzado la marcha a toda velocidad, cambia de marcha hasta salir a la autopista. Los lobos nos siguen unos kilómetros, pero gracias a las indicaciones de la mujer les perdemos
- Tenemos que salir de aquí, no supuse que serias tan tontos de exponeros, pero por si acaso tenía un plan de escape. – Dice la mujer pelirroja. - Soy Makaila, la guardiana de la Tela reveladora de Egipto. -
- ¿Nos acabas de llamar tontos? - A Amandine no parece caerle muy bien la guardiana recién encontrada. - ¿Eh? Si. - Contesta ella, mirando a Diego como si fuera el pastel más dulce de la pastelearía, cosa que enfureció a Amandine. Levanta la mano para pegarla cuando Titus y yo a la vez gritamos “¡Quietas!”. Nos miramos y comenzamos a reír al recordar que cuando eramos niños solíamos decir cosas a la vez o terminar la frase del otro. Los ocupantes del asiento de atrás nos miran como si estuviéramos locos.
- No, en serio, ha sido una metedura de pata venir, os esperan desde hace mucho. Si sabíais que esta era el ánfora falsa porque disteis el cambiazo, ¿por qué venís? - Makaila no era nada simpática. - Voy a tener que dejar por un tiempo todos mis asuntos, pensé que solo tendría que ir, usar mi artefacto y volver, pero ahora veo que me necesitareis todo el camino. - Modesta tampoco parecía que fuera. Titus iba a contestar, como buen Alfa, pero le sube el dedo índice en señal de que esperara y saca su móvil. Parecía que hablaba con una secretaría o algo así, y preparaba un viaje, el nuestro. - A Madrid, ¿verdad? - Yo asiento y Titus me miró haciéndome un gesto con los ojos. Yo solo subo los hombros y sonrío, al fin y al cabo, es un Alfa.
- El avión nos espera en el Block Island State, ponlo en el navegador, entraremos por un acceso privado, pon estas coordenadas Luna. - dice mirándome.
-No, te confundes, él es Titus futuro Alfa, yo soy Julia, la bibliotecaria de la manada. Estoy encargada de la búsqueda del Secreto de la Diosa, solamente. No soy Luna ni nada parecido - no quiero que se confundan las cosas, por si en el viaje conocemos a nuestros compañeros que no haya problemas. Titus mira mal a Makaila y no dice nada.
- Vale, lo que sea. Igualmente me parecéis un poco torpes, mete las coordenadas que ves aquí. - Me da su móvil y meto los números que había en la pantalla, el navegador lo reconoce, el tiempo estimado de la llegada con cuarenta y cinco minutos.
El viaje transcurre sin complicaciones, pero al llegar a la entrada del aeródromo privado varios coches de alta gama blanco bloquen la entrada.
- Dejaremos aquí el coche, nos transformaremos y saltaremos, seguidme hasta mi avión, esos cazadores no se esperan eso. - ¿Cazadores? Makaila dijo cazadores, existían, todo esto comenzaba a ser tan real que daba miedo. Siempre pensé que eran una leyenda o un cuento para asustar niños. Bajamos del coche y todos preparamos las ropas y equipajes, nos transformamos, tomamos en la boca los equipajes y corremos detrás del lobo de Makaila. Mientras corro tras los otros, Rea, mi loba, saltaba alrededor de Giro, el lobo de Titus, parece que se alegra de verlo tras tantos años, pero tuve que regañarla para que no jugara en un momento tan delicado. Llegamos al avión y paro. El piloto vería nuestros lobos y notaría nuestra transformación. El lobo de Makaila entra en el avión y nos mira gruñiendo, los coches blancos se habían dado cuenta que los habíamos burlado, a lo lejos se ponen en marcha. Subimos corriendo por las pequeñas escalerillas del avión, cuando entra Makaila se tapaba con una toalla y gritaba al piloto “Hurry up, hurry up”. La puerta tras de mí fue cerrada por una humana algo mayor, que se sentó en el primer asiento y noté como todos volvían a su forma humana. Se oyeron disparos fuera, pero el avión llevaba mucha velocidad ya. Cuando despegó me hizo caer sobre Titus que, al contrario que yo, ya tenía una toalla a la cintura. Aún en el suelo coge una toalla del montón que ofrecía Makaila y cubriéndome, acerca sus labios a los míos y me besa.