Capítulo tres - Ligada a él

2251 Palabras
Por obvias razones, me quedo sin palabras. Lo único que me pregunto constantemente es: “¿Me reconoció?”. Dejo que pasen algunos segundos y por fin decido responder:  —¿Por qué la pregunta?  Me mira algo extrañado, pero aún así me sonríe serenamente—Me dio curiosidad el saber por qué estabas despierta a esa hora.  —No era tan tarde—Le digo despreocupada, mientras finjo escribir algo en mi libreta. Quizá no me reconoció y es una pregunta normal. Tengo que calmarme. —De hecho, era una llamada trampa. No esperaba que me contestarás. Sus palabras me hacen enojar por alguna extraña razón, decido encararlo: —Pero lo hice, para su desgracia. Ahora estoy aquí y tendrá que aguantarme. Su rostro se torna algo serio—No has hecho nada malo hasta el momento, eso es bueno... Por otro lado—Suspira, mientras abre su computadora—, en cuanto a mi pregunta… La hice porque creí que estabas de fiesta. Se escuchaba música cuando te llamé.  —Mis vecinos—Respondo sin pensar—. Suelen hacer bastantes fiestas... Anoche no fue la excepción.  Asiente con su cabeza y dejamos el tema atrás. Fue muy tensionante, pero más lo será para mí si él se llegase a enterar dónde realmente estaba. Después de decirme todo el cronograma para el día, me pide que redacte algunas cartas para sus socios, y eso es lo que hago el resto de la mañana.  De algún modo, me siento feliz. La vida en la oficina es mucho más calma y serena. No tengo que preocuparme por atender asquerosos hombres mayores y tampoco vivo con el constante miedo de que se forme una balacera o redada. Ocasionalmente miro a Alessandro, se ve demasiado guapo cuando está concentrado en su computadora escribiendo. Me siento un poco culpable al pensar así, pero es inevitable, el tipo es perfecto.  —Amelia—Me llama, sacándome de mis pensamientos. —¿Sí, señor? —Surgió una reunión de imprevisto, cancela el almuerzo con el señor Darren y prepara la sala de juntas para recibir al señor Nick Miller.  Me quedo ida por unos cortos momentos. Definitivamente la vida se empeña en ponerme trabas en el camino. Trago saliva con algo de dificultad—De acuerdo, señor.  Hago rápidamente lo que me pide, mientras que salgo a la sala de juntas para dejar todo en orden, mis piernas tiemblan y mi corazón late con fuerza. No es momento de hacer un drama, necesito buscar soluciones. Alguna excusa me inventaré para que él y yo no nos topemos siquiera por casualidad. Estoy perdida en mis pensamientos, tanto así, que no noto el momento en el cual Alessandro entra a la sala de juntas:  —Sirve dos vasos de whisky.  Me sobresalto—Eh... Claro, como ordene.  Camino hacia la pequeña zona de licores que hay en la oficina y sirvo los tragos. Los derramo un poco, pues la mirada de Alessandro siguiendo cada paso que doy me pone los pelos de punta. Organizo la mesa, mientras que él toma asiento, bebe un corto trago de whisky y me mira fijamente: —Eso es todo. Gracias.  —¿Necesita algo más? —Por el momento no. Puedes retirarte.  Estoy a punto de hacerlo, entonces una maravillosa idea llega a mi mente: —Señor, quería preguntarle si de casualidad puedo ir brevemente a la planta baja, necesito revisar un par de asuntos para el informe del viernes.  Me mira algo extrañado—¿Hoy? ¿Ahora? —Sería lo mejor. ¿Usted me necesita aquí para algo?  Hace una mueca con sus labios—No realmente.  —Entonces... ¿Puedo ir?  Masajea su cien con su dedo índice: —Sí, como sea. No tardes.  Sonrío victoriosa. Al mismo tiempo, la puerta de la oficina se abre, es Pedro, su ayudante: —Disculpe, señor. Un sujeto de nombre Nick Miller lo está buscando. ¿Lo hago pasar? De inmediato la expresión de Alessandro cambia, ahora se ve serio y un poco nervioso—Dile que pase, y por favor; que nadie nos interrumpa.  Sin darle más largas al asunto, salgo disparada de la sala de juntas para ocultarme en la oficina de Alessandro. Abro un poco la puerta y logro divisar como Nick entra. Trae un traje de corbata n***o, el cual combina muy bien con sus ojos azules. Saluda cordialmente a Pedro y luego se adentra en la sala de juntas.  Dejo escapar una gran bocanada de aire, pero no bajo la guardia. Tomo mi libreta, abro la puerta y salgo a paso rápido directo al ascensor. Sé que una vez llegue a la fábrica, estaré libre de las garras de Nick.     [...] —Amelia, puedes irte—Anuncia Alessandro.  Miro la hora en el reloj de la pared, son las siete de la noche y en tres horas tengo que estar en el club. Me pongo de pie, alisto mi chaqueta y mi pequeño bolso. Hoy todo salió a la perfección, estoy casi segura de que Nick no me vio, y además, el trabajo es bastante simple. Una vez estoy lista me planto frente a él—¿Y? Eleva su mirada de la computadora y la posa en mí—¿Y? ¿De qué? Sonrío socarronamente—¿Qué tal lo hice? ¿No me echará a la calle? —No... Al menos no por hoy—Responde con una sonrisa.  —¿Al menos no por hoy? Eso no convence.  —Pues esfuérzate un poco más para convencerme.  Su mirada penetra la mía y siento una extraña sensación en mi vientre. Relamo mis labios con evidente nerviosismo—Buenas noches, señor. Mañana lo veo.  Estoy a punto de ponerme en marcha pero su voz me detiene: —Amelia. —¿Sí? —¿Vive muy lejos de aquí?  Sé para dónde va todo esto, y la verdad es que me aterra involucrarme con mi jefe, así que decido mentir:  —No mucho, en realidad. Solo son unas cuantas cuadras.  Respira profundamente, mientras me ve—Podría llevarte. Yo también voy de salida.  —Agradezco la amabilidad, pero tengo que decir que no.  Veo como se pone de pie, toma su enorme chaqueta, cierra su computadora y camina hacía mí—Entonces al menos déjeme acompañarla hasta la entrada del edificio.  No puedo decirle que no, pues será mucho más incómodo para mí—Por supuesto. Vamos.  Como todo un caballero abre la puerta y yo salgo. El piso está completamente vacío, pues la mayoría de personas trabajan hasta las cuatro de la tarde. Entramos al ascensor y un silencio incómodo se instala en el ambiente. Escucho como se aclara la garganta: —Mañana a la misma hora.  —De acuerdo.  Inevitablemente me vuelvo hacia él para verlo, pues siento como su mirada está en mí. Nos vemos el uno al otro por unos breves segundos. Una sonrisa nerviosa se posa en mis labios:  —¿Sucede algo? Niega con su cabeza—Nada... Solo que...—Veo como se acerca a mí, tanto que puedo detallar con más claridad su rostro y su aliento choca con el mío. Con su dedo pulgar roza suavemente mi mejilla, haciendo un pequeño “barrido”—, tenías una pequeña pelusa. Quizá se adhirió a ti cuando fuiste a la fábrica.  Intercalo mi mirada entre sus ojos y sus carnosos labios. Realmente es una tortura para mi tenerlo tan cerca y no poder hacer nada. Su mirada también viaja a mis labios y por unos breves momentos estoy segura que nos besaremos, pero las puertas del ascensor abriéndose nos hacen separar de golpe. Asustada salgo dando pasos largos: —Hasta mañana, señor. Descanse.  Me despido también de la recepcionista y salgo corriendo del lugar. Realmente no sé cómo tomar lo que acaba de suceder. ¿Estará solo en mi cabeza? Siento que la belleza de ese hombre me está afectando y que realmente no quería besarme. ¿O si? En cuestión de minutos llego a casa. El arrendatario, el señor Nicols, está en la entrada. Le doy un caluroso saludo que él devuelve cortésmente:  —Amelia, me alegra verte. Un chico vino a buscarte hoy.  Me quedo helada al acto—¿Qué chico? —Su nombre es Nick, me pidió insistentemente que lo dejara entrar. Lo he visto varias veces contigo, así que le di una llave.  Trago duro, mientras siento como los nervios se posan en mi vientre—¿Sigue allí? —No estoy seguro… Supongo que no, pues cuando vino eran casi las tres de la tarde.  —De acuerdo, muchas gracias, señor Nicols.  Subo rápidamente las escaleras, la adrenalina se apodera de mi cuerpo. Una vez estoy frente a la puerta, la abro con algo de temor. Doy una ojeada rápida, todo está oscuro y no parece haber rastro de nadie. Me adentro con pasos cortos e inseguros. Enciendo la luz de la sala y siento mi corazón dar un brinco cuando lo veo sentado en uno de los viejos sillones: —Llegas algo tarde, Amelia.  Pongo una mano en mi pecho buscando calmarme—¿Qué haces aquí? Me diste un susto de muerte, Nick.  —Te hice una pregunta.  Por su tono, enseguida deduzco que está enojado. Dejo mis cosas sobre la pequeña mesa de madera e intento actuar con naturalidad—Salió un trabajo de imprevisto.  —¿Con quién? —Un empresario.  —¿Dónde? Me quito mis tacones y decido caminar de un lado a otro para que él no pueda notar que estoy mintiendo—En Manhattan.  —Me dijiste que estarías con Vicky.  Lo miro fijamente, sus azules ojos me demuestran enojo—Estuve con ella, aunque por muy poco tiempo. Después me llamó este sujeto y tuve que ir con él.  —¿Cómo se llama el hombre? —No me dio su nombre real, era algo así como: "Ricky" Me analiza unos segundos de arriba a abajo—¿Por qué estás vestida así?  —El hombre tiene un fetiche extraño con secretarias.  Veo como su mandíbula se tensa, está muy, muy enojado. Se pone de pie y camina hacia mí: —Dime una cosa: ¿Ese hombre trabajaba en una fábrica?   Siento mi alma caer, él sabe cosas, pero mantendré la mentira hasta el final: —No lo sé, Nick. Solo fui, hice mi trabajo y volví. Eso es todo.  —¿Estás segura que no me mientes? —¿Por qué habría de hacerlo? —Tú dime.  Acaricio su rostro suavemente buscando su tranquilidad—No te miento.  Casi sin previo aviso, siento como su palma se estampa en mi mejilla. Al instante siento un fuerte ardor y fiebre en la zona afectada. Me ha golpeado. Quedo en shock por unos breves segundos. Él me toma del cabello y me obliga a mirarlo: —¿Por qué no me dijiste que eras la secretaria de textiles Leblanc? Las lagrimas ruedan por mis mejillas, mientras suplico mentalemente porque no me haga nada peor—Nick, puedo explicarlo.   Me tira fuertemente del cabello y hace que me estampe contra el suelo—Más te vale que sea una muy buena explicación.  Intento controlar mi llanto—Mira, te iba a dar una sorpresa. Sabía desde hace mucho que él era un objetivo para ti—Miento—. Vi tu agenda. Cuando el tipo llegó aquí a la ciudad me postulé para ser su secretaria, pero todo fue porque sabía que tú traías algo entre manos.  —No te creo una mierda—Escupe con rabia.  —Nick... Por favor.  —¿Por eso no querías estar con él, verdad?  —No sabe que soy stripper... Pero, solo piensalo—Le pido—Estando allá adentro haré que nuestro plan marche a la perfección.  Me mira fijamente por unos segundos, su respiración me recuerda a la de un toro:  —¿Hace cuanto trabajas ahí?  —Solo hoy. Te lo juro.  Se pasa violentamente las manos por su cara, mientras que camina de un lado a otro: —Escucha, Amelia. Seguirás allá—Se acerca a mí, agarra mi cabello fuertemente y me obliga  a ponerme de pie—, pondrás todo tu empeño para que esto salga bien... Y si me jodo, tu te vienes conmigo.  —Te juro que haré lo mejor que pueda.  Vuelve a abofetear mi mejilla—No jures nada. Recuerda que tu me perteneces, tu eres mía y si yo te ordeno algo tu tienes que cumplirlo. No hay tiempo para errores, Amelia.  —Te obedeceré en cada cosa que me pidas.  Toma mi rostro entre sus manos y me obliga a mirarlo—Escuchame muy atentamente: No quiero que te metas con ese tipo Alessandro. Bajo ninguna circunstancia. Serás simplemente su secretaria.  —Lo haré—Murmuro entre sollozos.  —Tu eres solo mía, Amelia. Si no estás conmigo, no estarás con nadie. Si me llego a enterar que hiciste algo con ese sujeto... Te mato—Susurra las últimas palabras y mi vientre se contrae, sé que están cargadas de verdad—Ambos lo destruiremos. Recuerda que tu solo me tienes a mí. Solo somos tú y yo. Recuerdalo, Amelia. Recuerdalo.  Sin más se va del departamento dejándome ahogada en llanto y con una clara hinchazón en el rostro. Sé que estoy cavando mi propia tumba, pero nada pierdo con intentar ser libre.Solo tengo que seguir el plan… Destruir a Alessandro y todo saldrá bien.  
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR