Soy

660 Palabras
-No sigas por favor. Y ella es ¿Amigable?- Mi abuela repitió la palabra como si estuviera probando un sabor amargo, luego, para mi sorpresa, soltó una carcajada seca que terminó en una tos leve -Ay, Hari... definitivamente tú ves el mundo de otro color. -¡Es en serio, abu!- insistí, ayudándola a sentarse en su sillón -No te confíes de esa mujer, ella no es de fiar. Puse los ojos en blanco mientras me terminaba mi café frío. -Se me parece a la señora Graciela, no sé, tienen una actitud positiva y fuerte, de esas que pisan y dejan marca. Mi abuela me clavó una mirada, tan profunda que casi me sentí juzgada. Elevé las manos de inmediato. -¡Abuela, por favor! No pienses que soy del otro bando, ¿sí? Solo digo que tienen un aura fuerte. Me recuerda a mis ensayos de danza, siempre competitivos, todas queriendo ser la cisne principal aunque tengan que empujarte por las escaleras. Es esa energía de aquí mando yo. Suspiré, recordando el escenario, y como una vez empuje a una porque me tapo con su cuerpo a propósito. Mi abuela suavizó la expresión y me tomó de la mano. -Hari... no te he podido ver bailar desde que llegaste. Me detuve en seco. Vi sus ojos cansados y esa chispa de ilusión que amo. Le guiñé un ojo y solté la taza. -Bueno, el público lo pide, la artista concede. Voy a bailar para ti, pero no me pidas autógrafos después, que cobro caro. Ella se rió, acomodándose en el asiento como si estuviera en primera fila -A ver, cuéntame mientras te preparas... ¿Qué te dijo la Luna? Dime todo.. Con detalles Empecé a estirarme, bajando hasta tocarme las puntas de los pies con una facilidad -Ah, que deje en paz al sujeto ese. Ya sabes, el tipo que vino hoy, y seguro le dijo que se yo.. Seguro se fue a ver con una por ahí. Y metió la excusa de que vino a verte.. Ay hombres -Hari, no le digas así- me regañó con una sonrisita. Me senté en el suelo, me crucé de piernas como un Buda -Es que es verdad, abu. Ese hombre... ¡por Dios! Su actitud es arrogante, creído, camina como si fuera el dueño del aire que respiramos. ¿Ese quién se cree? ¿El presidente? -¿Y Abel?- soltó ella con una sonrisa que no me gustó -El Alfa Abel... ¿qué te pareció? -¿Alfa?- Me detuve a mitad de un estiramiento de cuello -A ver, abuela, una pregunta seria ¿Eso es un clan, verdad? -¿De qué hablas?- ella se inclino un poco -Ya lo sospechaba. Ese Zarp y Abel son enemigos a muerte, ¿cierto? Me acerqué a ella en un susurro. -Son como mafiosos ¡lo sabía! Entre los nombres raros y eso de Alfa. Y a ese Abel con esa arma.. Esto huele a El Padrino. O Pablo Escobar -Estas loca hija -¿Y si me venden? ¿Y si me usan de moneda de cambio por un cargamento de algo? Mierda -¡Harica! Malas palabras -¡Abu, dime que no me vas a canjear por un saco de harina! -Aca la comida es económica -Lo sabía, los dos me miraban extraño.. Soy nueva, dos hombres vinieron hoy, por Dios ¡SOY PUTA! Mi abuela solo negaba con la cabeza, pero yo ya estaba montando toda una película de acción en mi mente mientras me ponía de pie para empezar mi rutina de baile. -Si vienen por mí, que traigan refuerzos- añadí, poniéndome en posición -porque no me voy sin pelear... o sin que me paguen el doble de lo que ofreció la Luna esa. Asi si me voy, -Yo sabía que esa caída de cuando eras bebé iba a traer problemas- murmuro mi abuela. Yo la miré y seguí bailando, pero con mi cabeza hecha un nido
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