Abel

1152 Palabras
Respiré hondo cuando mis botas tocaron la tierra frente al bar de mi madre. El aire se volvió pesado, como si el lugar mismo quisiera aplastarme. Sentí la opresión en el pecho, más que dolor, era mi lobo rugiendo dentro de mí, reclamando algo que no entendía. Empujé las puertas con calma, y ahí estaba una mujer delgada, piel blanca, cabello recogido, labios rojos que parecían una perdición, piernas descubiertas por un vestido blanco que no dejaba nada a la imaginación. Reí bajo, oscuro, apretando con fuerza el marco de la puerta. —Mierda…— susurré —¿Qué demonios es esto? Me senté, con esa calma que intimida, y la miré bailar. Algo cambió en mí, no me gusta admitirlo, pero lo sentí, posesivo, inhumano como si cada mirada que otros le lanzaban fuera un insulto directo. Una muerte segura, alcé la mano, una seña simple, y todos bajaron la vista al suelo. Nadie más la miraría así no estuviera yo. Mi cuerpo tiembla, mi pecho arde m. Me coloqué detrás del escenario, observándola. Ella estaba nerviosa, lo notaba en la forma en que sus dedos temblaban apenas. Emití un sonido con mi garganta, grave, y todos aplaudieron. Yo asentí, mis hombres rodearon el lugar. Encendí un cigarro, el humo me envolvió mientras la miraba, y cuando sus ojos se cruzaron con los míos, trague saliva.. –Ya Estoy muerto– susurré porque lo que siento es temor La seguí despacio cuando salió. Vi a un imbécil acosándola, siguiéndola hacia una habitación, no dudé. Mi lobo rugió y yo lo dejé salir. No soy un santo, nunca lo fui, ese hombre dejó de existir en cuestión de segundos. Saque mi arma y se la metí en su boca, no me importa cómo lo llamen justicia, brutalidad, instinto. Para mí fue simple. Nadie ve a mi mujer. -Nici măcar cu gândul să nu o atingi, nenorocitule- añadí, mientras lo veía tendido. Uno de mis hombres limpiaron el lugar.. Ni siquiera con el pensamiento la toques. Maldito bastardo Cuando mi madre apareció, la mujer salió, con los labios tensos y sus ojos abiertos y con un poco de su maquillaje derramado. Mi madre me miró con reproche, pero yo solo sonreí ladeado. Mientras me acomodo los botones Me acerqué a la humana, inclinándome como un caballero, aunque mi voz salió algo diferente. No suelo salvar damiselas, pero supongo que hoy hice una excepción.. Quise decirle eso, pero mejor me quedé en silencio. Ella me miró, confundida, temblando todavía, pero se mantiene firme. —¿Puede darme permiso? Por favor Sonreí, dejando que el humo del cigarro se escapara entre mis labios. Ay mi señor. Por qué... Porque me pones está prueba, ella es tan.. Tan ella, tan linda. Tan tierna.. Pero su forma de hablar es firme. –Como usted mandé, madam– mi voz salió lo más suave posible, que triste que tuvo que verme así. Como un desgraciado.. Mordí mi labio, tratando de controlar mis impulsos.. Ella me recorrió con su mirada. Si cometo algo, ella empezó primero.. Luego su mirada se detuvo en mi arma. Suspire, me incline.. Quiero tenerla cerca, su respiración es lenta, como la mía –Es de utilería, no te asustes– intervine, ella volteo sus ojos, y luego me miró. Me reí –No me asusto por eso. Me asusto si me llegan a agarrar aquí también... y me culpen de algo que no cometí Listo.. Es la indicada, vamos a ver a le temes,.. Pequeña damisela.. Me perdí tanto en sus ojos, que estaba dejando pasar por alto a una persona, que al parecer está batallando con el mismo. Mi cuello trono bajo al girarme y verlo. Zarp, tenía una apariencia horrible, pero su forma de actuar es la mas me llama la atención.. Mire de nuevo a mi damisela, ella paso de largo.. Zarp me observo y yo a él. –Ella no merece estar en esta manada– le dije a mi madre. Y algo que e aprendido.. Mi lobo y yo, es que el me da la voluntad y fuerza. Y yo la agilidad y las estrategias.. Entendimos que una bala va más rápido que unos colmillos.. –No hagas nada– me advirtió mi madre Soy Abel Marín. Alfa del norte. Dueño de más bares de los que puedes contar. Jefe de un clan que hace desaparecer a cualquiera que se interponga en mi camino. No tengo amigos, solo tengo a mi madre… porque no quiero debilidades. Me gire para verla, mis ojos clavados en los suyos. —Pero tú— dije con voz baja, casi un gruñido —Tú acabas de joderme todo.. Lo deje ir. Al igual que ella. Me alejé de Zarp el día que entendí que su odio lo había consumido por completo. Él veía enemigos en cada persona, culpaba a los humanos de la muerte de sus padres, y juraba que la única justicia era arrasar con todos. Yo lo miraba y veía a un hermano perdido, cegado por la ira, incapaz de distinguir entre inocentes y culpables. Mi padre murió tiempo después. Zarp era alguien muy especial para mí. —Ellos nos quitaron todo, Abel— me dijo una vez, con los ojos rojos y llorando —¿Cómo puedes siquiera pensar en protegerlos? Lo miré fijo, con mi maldita calma de nunca poder demostrar nada. —No confundas venganza con justicia, Zarp. No todos son culpables. Él rugió, su lobo al borde de la locura. Me dió un golpe por la espalda, provocando una cicatriz. Yo, en cambio, decidí. Tomé a casi la mitad de la manada y me fui. No fue fácil. Algunos me siguieron porque confiaban en mí, otros porque sabían que Zarp los llevaría a la ruina. Caminamos hacia el norte, hacia un territorio vacío. Con el tiempo crecimos, éramos más.. Después empecé a salir, trabaje de algo que me arrepiento.. Y gracias a eso soy lo que soy. Zarp quería matarlos a todos. Yo no lo permití. —Si quieres sangre, hazlo solo— le dije antes de marcharme —Yo no seré parte de tu masacre. Solo cuida a mi madre, ella quiere quedarse.. Acá hay recuerdos Zarp. Y créeme no querrás dejarme sin nada. Porque ella, esa mujer es lo único que tengo. Porque hasta a ti te perdí.. Nos echó, nos llamó traidores. A todos menos a mi madre, Graciela, a quien todavía respeta por razones que ni yo comprendo. Y a la señora Rosa, porque su compañero fue amigo cercano de nuestros padres. El resto… éramos estorbos para él. Pero yo no me arrepiento. Prefiero cargar con la marca de un traidor que no haber hecho nada. Prefiero levantarme cada día sabiendo que esas familias respiran porque yo lo decidí. Soy Abel Marín. Alfa del norte y jefe del. Clan Frăția Morții Y si algún día Zarp viene por mi. Está vez no será igual..
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