Por unos instantes Samantha estuvo a punto de levantarse de la mesa a la que había recién llegado para ir a hablar con Andrew, su cara estaba tan tirante que parecía una máscara de cera, le producía un pequeño dolor en el pecho al verlo así. Él era un hombre maravilloso, su misterioso caballero sin armadura ni caballo, sonrió un poco ante este pensamiento. Y también recordó que él la había llamado su “pequeña princesa” y eso sonaba tan lindo. Cuando casi estaba decidida a levantarse para ir a encontrarlo vio que había llegado su socio hasta donde él estaba, eso frenó sus intenciones en seco, y de cierta manera se sintió agradecida porque aún no sabía que sentir con respecto a esos sentimientos que invadían su pecho y que la desconcertaba tanto. No podía creer que estuviera enamorándose de

