El sonido de las radios crepitando y las órdenes siendo dadas llenó el aire. Todos los hombres estaban en movimiento, revisando cada rincón del bosque, cada sendero, cada posible escondite. Yo no iba a quedarme esperando. —Arthur, toma el lado oeste. Yo iré por el sur —ordené mientras ajustaba mi arma en el cinturón. —Entendido —respondió sin cuestionar. Empecé a caminar con pasos firmes, siguiendo mi instinto. Alex no podía estar demasiado lejos. No era estúpida, pero sí impulsiva, y eso la hacía más vulnerable de lo que ella misma creía. Cada segundo que pasaba sin verla hacía crecer mi frustración. Maldita sea, ¿por qué siempre tenía que hacer todo tan difícil? Caminé por un sendero angosto, escaneando el área con la mirada. Entonces lo vi. Las huellas en la tierra. Se alejaban

