Y aquí iban los tres, volando por el cielo rumbo a la gran ciudad. Daria estaba muy emocionada, Andrew por su parte, muy preocupado porque los fueran a descubrir y Stephan, Stephan solo disfrutaba el momento. Volaba dando volteretas haciendo reír a sus acompañantes. Sentía cada brisa recorrer su piel, se sentía libre y poco a poco le compartía este sentimiento a los demás. Que increíble era volar, que increíble era el no aferrarse a nada ni nadie, no preocuparse por lo material como los humanos, ser felices, sin importar qué.
Unos minutos después, ya habían llegado a la Gran Manzana, era un poco tarde, las luces de la ciudad ya se veían reflejadas. Daria miraba atentamente cada detalle, estaba completamente fascinada con los grandes letreros, las personas disfrazadas, alguno que otro bailarín en la calle montando un completo show, sin duda era su ciudad soñada.
—Bueno, ya vinimos, ya conociste Nueva York, ¿nos vamos? —dijo el aguafiestas de Andrew, era comprensible, moría de miedo por ser descubierto. Era la desobediencia más grande que cometía en su vida.
—¿Nos vamos? ¿Estás loco? Acabamos de llegar Andrew.
—Sí, no tiene sentido que se vayan, si papá los descubre al regresar mejor que haya valido la pena ¿no? —Andrew rodó los ojos a lo que dijo su hermano, pero no lo refutó ya que Daria lo apoyaba al cien por ciento. Ella se quería quedar acá.
—Bien, ¿A dónde quieren ir?
—Bueno, yo tengo que ir donde Mia, una amiga… pero, ¿nos encontramos al rato?
—¿Tienes una amiga humana? —preguntó Daria entusiasmada, creía que la única que había roto las reglas era ella.
—Pues sí, me ayudará con lo de Rodrigo…
—Espera, ¿sabe que eres un ángel? —ahora cuestionó Andrew, su hermano de verdad que no paraba de regarla más y más.
—Le iba a borrar la memoria, ¡lo juro! Pero esa tonta pócima no funciona, igual ella no cree que sea un ángel…
—Stephan, si papá se entera… no te castigará, te eliminará del universo…
—No se enterará, en serio, ya te dije que Mia no me cree siquiera.
—Estas en graves problemas… —Andrew resopla y añade —te tendré que dar una gota de mi regalo… pero ahora sí será la última vez que te salvo de apuros.
—¿Tú regalo?
—Sí, las gotas borra memoria que me dio papá hoy…
—Oh, te dije que no funcionan… probé unas que yo tenía y nada…
—Tal vez no eran reales, pero esta me las ha dado papá directamente, tú sabes, no hay manera de que fallen.
—Bueno, puede que tengas razón, ¿Cuántas gotas tienes?
—Solo 4, así que solo te daré una…
—¿Y las demás para que las quieres?
—Pues para una verdadera emergencia, no debería estar desperdiciándolas en ti, pero que me queda… eres mi hermano.
—Yo también te quiero grandulón —le sonrió Stephan.
—Bien, nos vemos ¿en donde?
—Mejor te acompañamos a la casa de tu amiga y pasamos por ti después, no vaya a ser que nos perdamos en esta ciudad, ni si quiera tenemos celulares para rastrearnos.
—¿No te parecen una maravilla esas cosas? ¡Quiero uno!
—Deberíamos convencer a papá… son muy prácticos.
—¡Y que lo digas!
Y así los tres ángeles caminaron por la enorme ciudad de Nueva York, Andrew y Daria decidieron ir a un espectáculo de un reconocido circo, creían que eso ya no existía, pero al ver un cartel gigantesco promocionando el show no dudaron en ir, Stephan por su parte, no dejaba de pensar en donde podría ubicar a Rodrigo, de hoy no se le podía pasar.