Capítulo 23

1437 Palabras
Toma su quiche de queso y se leva un gran bocado a la boca. Ha tenido que hacer el trabajo sola, porque Stephan la ha dejado plantada. En fin, se quedará sin quién lo ayude a encontrar al entrenador. Ha trabajado una túnica blanca, no le ha quedado del todo mal, pero sin duda el traje de mujer había quedado mil veces mejor. El timbre suena, no cree que sea él, ya es demasiado tarde, ya ha anochecido y le dijo muy claro que venga en la tarde, ya no tendría sentido que viniese, había quedado con Mathias en ir a un bar supuestamente, ya no había tiempo para la tarea. Mira por la cámara de afuera y si, era Stephan, le abre la reja de abajo para que subiese. —Pues creo que tardaste un poco —le dice Mia al verlo entrar a su planta. —Lo siento, lo siento, se me hizo tarde… Pero veo que ya empezaste —le dice Stephan mirando el maniquí. —Bueno, sí… ¿Qué opinas? —Mmm… —Se sincero de una vez, que no queda mucho tiempo para arreglarlo. —¿Por qué no? ¿Saldrás? —Sí, mi novio quiere ir a un bar… —Genial, nunca he ido a uno. —Stephan, tú no irás, iremos solos… —¿Por qué no puedo ir? —Bueno, de que puedes puedes, pero yo estaré con Mathias… no creo que quieras estar allí solo… —Iré con mis amigos entonces. —¿Qué amigos? —Suficientes preguntas, además, ¿no que me ayudarías en encontrar a Rodrigo? —Sí… es que llegaste muy tarde… —¿Entonces por qué yo tengo que ayudarte? Me voy, no puedo perder el tiempo… —¡No, no! —lo detiene tirando de su brazo —Me parece que Rodrigo irá al bar que te digo —miente, necesita que su trabajo quede bien y Stephan es el único que puede ayudarla en eso. —¿Segura? —Sí, hoy pasarán una carrera de atletismo, de seguro verá la carrera en el bar… —Bien, entonces manos a la obra de una vez.  Y así empezaron ambos a arreglar la túnica que Mia había confeccionado, Stephan le sugirió agregar detalles dorados, una correa y un morral, estos hacían juego y quedaban muy bien. Le tocó probársela y era perfecta, algo más pesada que su túnica original, pero eso era lo de menos, le quedaba genial. Tal vez le debería pedir a Mia que confeccionara una para su padre, sería un excelente regalo de cumpleaños. —Eres un genio, en serio, ¿y esta para que ángel será? —Yo diría que un ángel guardián, la túnica es algo pesada, si fuera para un cupido de preferencia una más delgada y liviana. —¿Te parece pesada? Es de lino… ¿Qué tela uso? —Emmm yo no sé de telas, ¿seda? —Mmm… seda podría ser, aunque gasa… ¡eso es! La tendré que cambiar a gasa… —Pero déjalo así, ya te dije que para ángel guardián es perfecta. —¿Seguro? —Sí, en serio. —Bien, ¿entonces eso es todo? —Creí que querías que te explique un poco sobre los ángeles para tu exposición. —Mierda, cierto. Ay no, no sé si habrá tiempo, aún no me he alistado para salir… —Mmm… ¿tienes una grabadora de voz? —¿Una grabadora de voz? —Sí, puedo grabarte unos audios diciéndote todo lo que debes decir… eso mientras te alistas… —¡Eres un genio! —Bien, pero a cambio un par de pastelillos, si no no hay trato. —No tengo pastelillos ahora… pero, me queda quiche ¿te gusta? —¿Quiche? ¿Qué es eso? —Tú solo prueba —Mia le tiende un platito con una porción de su reciente preparación. Le deja su celular con la nota de voz grabando y se va al baño a alistarse. ¿Un vestido de lentejuelas? No, demasiado llamativo, van a un bar, no a una discoteca, pantalones blancos y top n***o… puede ser, aunque ya la ha visto con ese outfit. Toma un pantalón de cuerina, se lo compró hace unos meses y nunca lo usó, le queda bastante apretado, si es que Mathias intenta quitárselo, en serio no podrá. Que va, hoy no pasará nada, aún no está lista para esas ligas. Se coloca el pantalón, haciendo fuerza para que entre en él, un top blanco, aretes de argolla dorados, un collar que haga juego y ya está, ahora solo falta peinarse y maquillarse un poco. Un poco de maquillaje nada más, tampoco demasiado. Sabe que a Mathias no le gustan las chicas muy pintadas y bueno ella tampoco es muy buena con el maquillaje que digamos. Hecha de menos a su mejor amiga, al irse de su ciudad ha tenido que dejar a todos atrás, pero lo valdrá a fin y a cabo, lo que importa es su futuro ¿no? Uno no puede dejar de hacer las cosas por apego a las personas, a fin y a cabo ¿Quién estará ahí siempre? Pues uno mismo, no hay más. Lo sabe, después del fuerte divorcio que llevaron sus padres, le ha costado mucho querer confiar en los hombres, después una vez ya se abrió a intentar algo con alguien, había sido demasiado tarde, ya había rechazado a muchos, probo una aplicación de citas, pero la borro enseguida, ahí nadie quería encontrar el amor, todos buscaban sexo casual y eso era lo que menos quería, se iba a dar por vencida, hasta que llegó a ese trabajo y conoció a Mathias. Mia suspira al recordarlo entrar a esa oficina con su traje, se veía tan lindo e inalcanzable, no puede creer que lo vaya a ver hoy mismo. No puede creer que se hayan besado y sobre todo, no puede creer que ahora sean algo más que amigos. Suspira una última vez pensando en Mathias antes de salir de la habitación, ya trae el cabello perfecto, el delineado casi casi perfecto también, pero sonríe, ha progresado muchísimo en eso. Nada como cuando Arantxa la maquillaba, su amiga era una experta en el maquillaje, la extraña. Quizá mañana le escriba para saber como está. Sonríe al ver a Stephan en la cocina, aún sigue grabando audios y audios sobre los ángeles, vaya que este chico debe leer bastante. Y sobre lo que dice que es un ángel, le causa gracia, tremendo viejo pensando en sonseras y cuentos. Mira su morral en la mesa y examina una flecha nuevamente, le fascinan, ¿Cuánto le habrá costado una de esas? Quiere que le regale una, sería una excelente decoración… —¡Mia! ¿Qué haces con eso? —grita él al verla jugando con sus cosas. —Nada, nada, solo miraba… —responde avergonzada, es que sí, ha hurgado en su morral sin querer queriendo. —No puedes jugar con eso, es peligroso —le arrancha las cosas, no vaya a ser que se auto fleche. —¿Y si me flechas? ¿Podría quedarme con una? —No te puedo flechar así porque sí, además tú ya estás flechada… —¿Y donde está mi flecha? —No lo sé, pregúntaselo al cupido que te la lanzó, no a mí… —Bueno, ¿terminaste con los audios? —Sí, intenté resumirlo todo, escucha bien y será mejor que lo apuntes… —Bien, bien, entonces… ¿ya te vas? —¿Me estás botando? —Es que si Mathias te ve acá de nuevo… no quiero que piense mal… igual te veré en el bar ¿no? —Hay un problema con eso, mis amigos me recogerían de tu puerta, para que no se perdieran… —¿En serio tienes amigos aquí? —Pues si… —Mmm… es que no quiero que Mathias se molesté… —Puedo quedarme escondido si eso quieres… no notará mi presencia. —Bien, le marcaré para que ya venga. Mia se fue un rato, en lo que Stephan terminaba de devorar el quiche, estaba realmente bueno. No era un platillo dulce, pero el queso era algo delicioso, se moría porque sus amigos probaran los manjares de La Tierra, es que había tanta variedad aquí abajo. Al rato Mia regreso con la mirada triste, desanimada, algo había pasado. Se desplomó en el sillón y se quedó pensativa mirando el techo. Stephan no sabía si debía decirle algo, no quería sacarla de quicio ni nada por el estilo, opto en guardar silencio, al menos hasta que ella quisiera decir algo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR