—Yo también espero que duremos… y que por ningún motivo me tiren flechas de desamor eh —rió señalando a los tres ángeles.
—Pues yo prometo que no lo haré, soy un ángel de la guarda después de todo, yo no lanzo flechas…
—¿Y tú Stephan?
—Pues no puedo prometer nada… yo no elijo a quién lanzarle… si papá lo ordena, pues tengo que…
—¿Y le harás eso a tu tan querida amiga? —le pregunta tomándose el pecho haciéndose la ofendida —¿Después de haberte alimentado tantas veces?
—Bueno, si es que me toca lanzarte una flecha, que lo dudo demasiado, lo pensaré un poco ¿si?
—Igual si te tocara, significaría que esa persona no es para ti… después te tocará la indicada, créeme, los planes de Dios, son perfectos —afirma Daria tomando la bolsa que trajeron de brownies, le apetece uno.
—Ey, ey, que haces.
—¿Pues si ya nos quedaremos a dormir aquí, que hay de malo en divertirnos un poco más?
—¿Quieres terminar como Andrew?
—Ey, ey, aún te escucho —respondió el mencionado, hablando por fin, después de horas. Mia soltó un suspiro de alivio, realmente temía porque le pasara algo.
—¿Ya ves? Esta bien, déjame disfrutar.
—Tiene razón Stephan, ahora tu pareces el aguafiestas, dame un poco a mi también —extiende la mano Mia recibiendo un poco de brownie.