Sonriente, se mira en el espejo y comienza a contemplarse. Se mira la espalda descubierta, ese vestido le queda divino. Se pone un collar con unos pendientes y se echa un poco de su delicioso perfume. Sí, el que solo usa para ocasiones especiales. Y hoy la es. Rodrigo se ha portado divino con ella últimamente, siente que es el indicado. Los rumores de su posado eran ciertos… tal vez, pero ahora es un muchacho distinto. Un poco de Carolina Herrera en el cuello, detrás de las orejas, tras los codos y rodillas como le enseñó su abuela y por último por adentro del vestido, porque uno nunca sabe ¿no? Aspira el aroma de la fragancia, delicioso. Se da una cepillada en el cabello, se acomoda el cerquillo, pero no encuentra como acomodarlo bien. Lucha un poco y se rinde, se colocará unos ganchitos para ocultarlo. Jamás debió hacerse cerquillo sola, no le quedaba mal, pero eso de estar peinándolo con secadora y todo el rollo no va con ella, Camila es una chica practica. Se sonríe una vez más a ella misma y ya esta. ¡Lista!
Rodrigo le dijo que si el atleta al que le iba ganaba irían a celebrarlo a un bar, ellos dos, a solas. Quizás una cosa terminaría llevando a la otra, pero que más daba, Rodrigo era el indicado, ella feliz de tener algo serio con él. Sale del baño ya lista, se había dado una ducha rápida antes de salir. Rodrigo la esperaba en la sala, el ya había llegado presentable para ver el partido.
—¡Que guapa! —exclama Rodrigo mientras la contempla con una gran sonrisa. Ese vestido resalta bien sus trabajadas pantorrillas. Camila es su alumna preferida, de todas, la más aplicada.
—¿Te gusta el vestido?
—Sí, pero más quién lo lleva —le dice haciéndola sonrojar.
—Ya basta, sabes que esos comentarios me ponen así.
—¿Así como? —le pregunta tomándola de la cintura y acercándola a él. Camila suelta un gemido, eso no se lo esperaba. Rodrigo la provoca y mucho, de hecho, cada vez más. Ayer después de ese partido de basquetball al que han ido por invitación se han besado por primera vez, ella a terminado en casa de Rodrigo, le ha declarado lo que siente. Ella al comienzo no podía creerlo, de hecho hasta ahora no lo procesa bien. Al comienzo se negó, se negó el tener algo con su entrenador, y más después de todo su historial, pero el deseo que le tiene es muy fuerte. En el amor o juegas y lo intentas o pierdes sin haber hecho nada, así es. Más vale lamentarse de hacer algo que de no hacerlo ¿no?
—Rodri…
—Lo siento, lo siento, vamos ya… Te prometí que si ganaba mi apuesta te llevaría por unos mojitos, cumpliré mi palabra… Ya después podemos continuar —le susurra en la oreja.
Camila sonríe y abre la puerta de su casa para ya ir rumbo al bar. Le ha provocado bailar, no sabe si Rodrigo es buen bailarín o qué, espera que sí, tiene pinta de que sí. Y si no lo es, ella le enseñará. Deciden ir a Mistic, parece que allí irá un dj latino invitado, amigo de Rodrigo. Camila no entiende como es que tiene tantos contactos.
Caminan con las manos entrelazadas por las calles de la ciudad, la discoteca resulta no estar tan cerca por lo que terminan subiéndose a un taxi. Rodrigo la mira de reojo, sabe que hoy caerá. Aunque bueno eso de decir que caerá no le gusta del todo, la quiere, se ha ganado su cariño y desde que tuvieron ese beso el día de ayer no ha dejado de pensar en nadie más que ella. Sé que un día no es nada, pero para Rodrigo lo es, tiene montones de chicas detrás a toda hora, pero por primera vez, hay una que no sale de su cabeza.
—Espero tu amigo dj sea bueno, nos está haciendo hacer el verdadero trip.
—Oye, oye, tú eras la que quería ir al bar, no yo…
—Sí, pero pudimos ir al de la vuelta de mi casa, no sé.
—Ya verás que este estará bueno, ¿no te gusta la música latina?
—Me encanta, ¿tú bailas?
—¿Qué crees?
—Pues no lo sé, jamás te he visto bailar, solo correr y trotar…
—Ja, ja, ya verás, amo la salsa.
Camila sonrio, ella también la amaba. Hoy pintaba que sería una buena noche entonces.