Unos brazos fuertes la levantaron.
Sitio como esos poderosos desconocidos le secaban el cuerpo y la envolvían en mantas. La estaban depositando sobre una especie de camilla y le daban un vigoroso masaje en los brazos, piernas y pies. Una nueva inyección en el brazo.
-Adrenalina- dijo alguien.
Rachel noto que la droga le recorría las venas como una fuente de vida, dándole vigor a los músculos. Aunque todavia la embargaba un vació helado y tenso, como si tuviera la piel de un tambor en las entrañas, sintió que la sangre volvía lentamente a recorrerle las extremidades.
>.
Intento enfocar la vista. Tolland y Corky estaban acostados junto a ella, tiritando envueltos en mantas mientras los hombres le masajeaban el cuerpo y les ponían también inyecciones, Rachel no tenia la menor duda de que aquel misterioso grupo de hombres les habia salvado la vida. Muchos estaban empapados. Al parecer se habian metido en las duchas totalmente vestidos para ayudar. Quienes eran y como habian llegado a ella y a sus compañeros a tiempo era algo que ni siquiera intentaba imaginar. En ese momento, no le importaba. >.
-¿Donde...estamos? - logro preguntar. El simple esfuerzo que supuso intentar hablar le provoco un espantoso dolor de cabeza.
El hombre que le estaba dando un masaje en la cabeza respondió.
-Esta en el centro medico de un submarino de clase Los Ángeles...
-¡Oficial en cubierta! -grito una voz.
Rachel noto una repentina conmoción a su alrededor e intento incorporarse. Uno de los hombres de azul la ayudo, levantándose y envolviéndola en las mantas. Rachel se froto los ojos y vio que alguien entraba a grandes zancadas en la habitacion.
El recién llegado era un fornido afroamericano. Guapo e investido de autoridad. Llevaba un uniforme de color caqui.
-Descansen -declaro, moviéndose hacia Rachel, deteniéndose junto a ella y mirándola de arriba con los ojos negros de mirada intensa-. Harold Brown -dijo con voz profunda y dominante-. Capitán del Charlotte, submarino de Estados Unidos. ¿Y usted es?
> Estaba segura de que no reconocía a aquel hombre, aunque, en cuanto sus ojos descendieron desde su rostro hasta la insignia que llevaba en el pecho, vio el conocido emblema del águila agarrando un ancla y rodeada por palabras >.
Entonces se acordó de por que le sonaba el nombre Charlotte.
-Bienvenida a bordo señorita Sexton -dijo el capitán -. Ha resumido usted un buen numero de los informes de reconocimiento de este barco. Se quien es usted.
-Pero ¿que hace el Charlotte en estas aguas? -tartamudeo Rachel.
El rostro del capitán se endurecido ligeramente.
-Francamente, señorita Sexton, iba a hacerle la misma pregunta.
Tolland se incorporo despacio, abriendo la boca para hablar. Rachel le hizo callar sacudiendo con firmeza la cabeza. >. No le cabria la menor duda de que lo primero de lo que Tolland y Corky deseaban hablar era del meteorito y del ataque, pero sin duda esa no era una cuestión para discutir delante de la tripulación de un submarino de la Marina. En el mundo de la inteligencia, por muy grave que fuera la crisis, imperaba la discreción. La situación del meteorito seguía siendo un secreto.
-Necesito hablar con William Pickering, director de la ONR-le dijo al capitán -. En privado y de inmediato.
El capitán arqueo las cejas, al parecer poco acostumbraba a acatar ordenes en su propio barco.
-Tengo informacion secreta que necesito compartir con él.
El capitán observo a Rachel durante un largo instante.
-Primero sera mejor que recupere la temperatura corporal y luego le pondré en contacto con el director de la ONR.
-Es urgente señor. Yo...- Rachel se callo de golpe. Sus ojos acaban de ver un reloj situado en la pared encima del botiquín.
Las 19:51.
Rachel parpadeo sin apartar la mirada del reloj.
-¿Ese reloj...va bien?
-Esta usted en un barco de la Marina, señora. Nuestros relojes son exactos.
-¿E indica la hora de la costa Este?
-Las 19:51. Nuestra base esta en Norfolk.
>, pensó Rachel, perpleja. > Tenia la impresión de que habian pasado horas desde que habia perdido la conciencia. ¿Si ni siquiera eran las ocho? > Inmediatamente bajo de la cama, envolviéndose en la manta. Notaba las piernas temblorosas.
-Necesito hablar con el Presidente ahora mismo.
El capitán parecía confuso.
-¿El Presidente de que?
-¡De Estados Unidos!
-Creía que quería hablar con Willians Pickering.
-No tengo tiempo. Necesito al Presidente.
El capitán no se movió. Su enorme cuerpo le impedía el paso.
-Tengo entendido que el presidente esta a punto de dar una importante rueda de prensa en directo. Dudo que acepte llamadas personales.
Rachel se incorporo todo lo que pudo sobre sus débiles piernas y clavo los ojos en el capitán.
-Señor, no estoy autorizada para explicarle la situación, pero el Presidente esta a punto de cometer un error terrible. Dispongo de informacion que él necesita conocer desesperadamente. Ahora. Tiene que creerme.
El capitán la miro fijamente durante un largo instante. Ceñudo, volvió a mirar el reloj.
¿Nueve minutos? No puedo conseguirle una conexión protegida con la Casa Blanca en ese tiempo. Lo único que podría ofrecerle es un radiófono. Desprotegido. Y tendríamos que ponernos en profundidad de antena, lo que nos llevaría unos...
-¡Hágalo! ¡Ahora!