El viaje hacia el primer fragmento llevó a Eryndor más allá de los límites del bosque de Eldros, hacia territorios desconocidos. Siguiendo las instrucciones del pergamino, se dirigió hacia el este, hacia las tierras montañosas donde se encontraba el Lago Sombrío, un lugar que, según las leyendas, era el hogar de criaturas antiguas y peligrosas.
El paisaje cambió rápidamente a medida que se alejaba de Lirwen. Las verdes colinas y los campos dorados fueron reemplazados por terrenos rocosos y senderos serpenteantes que subían y bajaban por las montañas. El aire se volvía más frío a cada paso, y una niebla persistente comenzaba a envolver el camino, dificultando su avance.
El Lago Sombrío era conocido por su oscuridad perpetua. Incluso durante el día, la luz del sol apenas penetraba la densa niebla que lo cubría. La leyenda decía que el lago había sido maldecido por un antiguo espíritu después de una gran traición, y desde entonces, ningún mortal que se adentrara en sus aguas había regresado. Eryndor sabía que este era el lugar que debía buscar, pues el fragmento del Tejedor estaba oculto en las profundidades del lago, protegido por un guardián ancestral.
Tras varios días de arduo viaje, finalmente llegó a la orilla del Lago Sombrío. La visión era tan imponente como desoladora: un vasto cuerpo de agua negra, rodeado por árboles altos y desnudos, cuyas ramas parecían manos esqueléticas extendidas hacia el cielo. La niebla era tan espesa que apenas podía ver a unos pocos metros por delante, y el silencio era tan profundo que el crujido de las hojas bajo sus pies sonaba ensordecedor.
Eryndor se detuvo en la orilla, mirando el agua inmóvil. Sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío. Había algo en ese lugar, una presencia oscura que lo observaba desde las profundidades, esperando. Sabía que no podía retroceder ahora; tenía que enfrentarse al guardián y recuperar el fragmento.
Antes de aventurarse en el agua, decidió rodear el lago para buscar alguna señal del guardián o una forma de invocarlo. Mientras caminaba, sus pensamientos volvían a las palabras de Lyara sobre el amuleto. Lo aferró con fuerza, sintiendo su cálida energía, y se prometió a sí mismo que no permitiría que el miedo lo dominara.
Casi al final de su recorrido, encontró una pequeña cueva en la ladera de una colina que se alzaba sobre el lago. La entrada estaba parcialmente oculta por la niebla, y Eryndor casi la pasó por alto. Sin embargo, algo en su interior le decía que esa cueva era importante. Se acercó con cautela, asegurándose de que su espada estuviera lista.
La cueva era más profunda de lo que parecía desde fuera. Una vez dentro, la niebla desapareció, reemplazada por un aire pesado y húmedo. Eryndor avanzó lentamente, su respiración resonando en las paredes de piedra. Después de unos minutos, llegó a una cámara amplia iluminada por una luz tenue que provenía de un estanque en el centro. El agua del estanque brillaba con un resplandor azul pálido, y en su centro flotaba un objeto oscuro y anguloso, cubierto de runas: el fragmento del Tejedor.
Antes de que pudiera acercarse, una figura emergió del agua. Era alta, casi el doble que un hombre, y su cuerpo parecía estar formado por la misma sustancia oscura que el agua del lago. Sus ojos brillaban con un intenso resplandor azul, y en su mano derecha sostenía una lanza larga y afilada.
—¿Quién osa perturbar el descanso del Lago Sombrío? —rugió la criatura, su voz resonando como un trueno en la cámara.
Eryndor se detuvo en seco, tratando de mantener la calma. Sabía que el guardián no era un simple oponente, y que enfrentarlo con fuerza bruta no sería suficiente.
—No busco el mal ni la destrucción —respondió Eryndor con voz firme—. Estoy aquí por el fragmento. El destino del mundo depende de ello.
La criatura inclinó la cabeza ligeramente, como si considerara sus palabras. —Ese fragmento es una fuente de gran poder, uno que no debería estar en manos de ningún mortal. ¿Por qué habría de entregártelo?
Eryndor sintió que el amuleto alrededor de su cuello pulsaba con fuerza, llenándolo de una extraña claridad. Supo que, para convencer al guardián, tenía que demostrar que su causa era justa.
—El fragmento pertenece al Tejedor —dijo—. Y mientras permanezca entero, su poder seguirá creciendo, amenazando con romper el ciclo de reencarnación y sumir al mundo en la oscuridad. No lo busco para mí, sino para destruirlo y proteger a los inocentes.
El guardián guardó silencio por un momento, luego avanzó hacia la orilla del estanque. Su tamaño imponente no había disminuido, pero su actitud parecía menos hostil.
—He vigilado este fragmento durante siglos —dijo el guardián, su voz más suave ahora—. He visto a muchos intentar reclamarlo para sus propios fines, pero tú eres diferente, joven guerrero. Tus intenciones son puras, y el destino te ha traído hasta aquí por una razón.
El guardián alzó su lanza y la clavó en el suelo junto al estanque. El resplandor del agua se intensificó, y el fragmento flotó lentamente hacia la orilla, deteniéndose justo a los pies de Eryndor.
—Toma el fragmento, pero ten cuidado —advirtió el guardián—. Destruirlo no será una tarea fácil, y los otros fragmentos están aún más protegidos. Debes estar preparado para enfrentarte a desafíos mayores de los que has conocido hasta ahora.
Eryndor recogió el fragmento con reverencia, sintiendo el poder oscuro que emanaba de él. Era una pieza pequeña, pero su peso parecía inmenso. Lo guardó en su bolsa, sintiendo que acababa de dar un paso crucial en su misión.
—Gracias por tu confianza —dijo Eryndor, inclinando la cabeza en señal de respeto—. No la desperdiciaré.
El guardián asintió, y su forma comenzó a desvanecerse lentamente en el aire, como si estuviera hecho de la misma niebla que rodeaba el lago.
—El destino del mundo está ahora en tus manos, Eryndor. Que los antiguos te guíen en tu camino.
Con esas últimas palabras, el guardián desapareció, dejando a Eryndor solo en la cueva. Sabía que su viaje estaba lejos de haber terminado, pero ahora tenía el primer fragmento, y con él, una nueva esperanza de que podría derrotar al Tejedor y romper el ciclo.
Mientras salía de la cueva y se preparaba para dejar atrás el Lago Sombrío, Eryndor miró el oscuro horizonte y sintió una extraña mezcla de alivio y preocupación. El primer paso estaba dado, pero la verdadera lucha acababa de comenzar.