Los días habían pasado con cierta calma tenue. Los nervios en los cuerpos de las muchachas comenzaban a mermar y la situación, ciertamente, ahora estaba bajo control.
Varios grupos de búsqueda de cazadores han estado merodeando en la zona, pero ninguno ha encontrado este lugar con éxito. LA única persona que conocía de su existencia, ya había sido asesinado hace mucho.
Era hora de comenzar a idear un plan de ataque, para la tristeza de muchos, la calma era algo que debía de desaparecer tarde o temprano.
Don Gato desde el primer día se encargo personalmente del entramiento de la chica que heredo la bendición de mi abuela, decía constantemente que ella alcanzaría un gran potencial y por eso quería ser él el encargado de sacarlo.
Parecía como una abuela refunfuñando por algo que se siente orgullosa. Quizás y hasta en cierto punto, se sentirá alegre de que por fin la hayamos encontrado.
El entrenamiento de las demás chicas estuvo bajo el cargo de Dalia, era la más experimentada de las tres que podía hacerse cargo, mientras a mí, decidí estudiar los libros de hechicería que habían por la casa, de pronto me encontraba algo que me sirviera.
En otras noticias y algo que me tenía demasiado preocupada, era Alice. Llevaba tres días inconsciente y no respondía a ningún estímulo.