Día 16: Algo más

2147 Palabras
No tenía en claro los pasos que ahora debía de seguir, en mis manos poseía bastante información; del principio de todos los tiempos, la historia de mi madre y mi abuela, pero… ¿ahora que debía hacer?, ¿cuál se supone que es el último elemento para acabar con todo esto? Alice en algún momento menciono que la primogénita de la verdadera Alice, Rose; quien es la heredera de la bendición de mi abuela y yo, seríamos capaces de frenar todo esto, sin embargo, sigo sin poder comprender de que forma ellas podrán ayudarme. O cual es el verdadero conjuro que se debe de terminar. La verdad es que, en estos momentos, poseo algo a mi favor. En cierta parte, es como si mi abuela y mi madre volvieran a estar en acción, con Rose en el campo y conmigo a la cabeza, es como si ellas dos volvieran a estar con vida. Pero, como debía de proceder, ¿cómo es la forma de acabar con este pueblo?; madre, por favor ilumina mi camino, porque en estos momentos está más nublado que cualquier otro momento en mi vida. Sé que todo acaba conmigo, pero lo único que he conseguido hacer es formar un completo nudo desde el instante que decidí involucrarme y ahora he arrastrado a más personas conmigo. ¿ellas estarán dispuestas a entregar su vida por esto? Se trata de nuestra liberación… Liberación… Tengo que analizar toda la información que ahora poseo, para así tomar un siguiente paso más favorable para nosotras. …  Era un día soleado. Las ramas de los gigantescos otorgadores de vida dejaban traspasar algunos rayos de sol, para hacernos sentir de vez en cuando que seguimos con vida en un mundo terrenal; un pequeño recordatorio que todavía sentimos. Toda mi vida he odiado el reflejo de las ventanas, a través de ellas nunca he logrado diferenciar entre lo que hay después de este pedazo de cristal y el propio reflejo de mi preocupación y desolación. En los momentos que llegaba a desconectarme de todo; podía ver como las chicas iban avanzando a un gran ritmo. Con Dalia a la cabeza, lograron cogerle la técnica muy fácilmente; sobre todo Dorotea, parecía una mujer prodigio en esto. Si tuviéramos tiempo de entrenarlas correctamente, no solo Dorotea, sino muchas de ellas lograrían alcanzar un potencial destructible, algo que hasta a mí me aterraba. ¿Hasta que punto yo podía llegar hacer daño con mi magia? Me gustaría poder decir lo mismo de Rose. A pesar de haber heredado la gran bendición de mi abuela, parecía no tener la misma habilidad que ella, ni la misma carisma o el propio carácter fuerte que se requiere para esto. Era la primera vez en mucho tiempo que le pelaje de Don Gato se desprendía de su cuerpo por la desesperación de estar entrenando a esa chica. -         ¡Es un suplicio! Me revelo la otra noche y no podía parar de reír por ver su cara de frustración. -         Lo conseguirás, eres un gran maestro. Trataba de calmarlos antes de que explotara de ira, al menos, mis carcajadas lo calmaban. Acomodaba su pelaje de cierta forma con su lengua para relajarse. -         Pero en este caso es diferente, Saray. Ella no esta tan segura de querer aprender acerca de este mundo, tú, por el contrario, estabas completamente decidida a hacerlo. Y ese hecho me aterraba, era la única ventaja que poseíamos sobre los cazadores y la organización. ¡¿Cómo es posible que no esta segura?!, cuando se trata de nuestra propia vida… No podemos confiar en que nos cubrirá las espaldas cuando no controla por completo todo su potencial, o liberará demasiado que hasta podría matarnos a nosotras, o no hacer nada y dejarnos vendidas. Sea cual fuera el caso; no podíamos contar con ella en el cien por ciento de los casos. Pero no era momento para preocuparme solo por eso, de ello ya se encargaría Don Gato; sabía que lo podría lograr, después de todo, tiene la guía de mi abuela y de mi madre. -         Se te notan las canas ya, eh. -         Cuidarte no ha sido tan fácil –resoplo-. Pero no me puedo quejar, todo este tiempo tu compañía ha sido demasiado grata para mí. -         Ya para, mejor continuemos en nuestras labores. No podía dejarle todo el peso a Dalia en el entrenamiento de las chicas, por lo que ambas, quienes éramos las más experimentadas en el momento, decidimos turnarnos en sus prácticas. Iba a buen ritmo, lo habíamos convertido en una especie de curso intensivo sobre la brujería. -         ¿cuál será el siguiente movimiento? –pregunto Dalia, serena, mientras veíamos como las chicas realizaban los ejercicios que les habíamos pedido. Al poco tiempo de entrenamiento, decidimos que Dorotea sería una tercera maestra, pero reclino ante la oferta. -         Me alegra saber que me consideran con un alto potencial, pero todavía tengo mucho por lo que aprender, así que, por lo tanto, desearía seguir entrenando con las chicas. Una decisión bastante sabía; lo que hizo que depositara más mi confianza sobre ella. Solté un largo suspiro de frustración tras oír la pregunta de mi amiga. -         El entrenamiento de Rose está yendo mal. Don Gato no consigue que controle toda su magia, o sale de una manera desorbitante o no logra hacer nada. Lo cierto es que, Don Gato percibe que no está completamente comprometida con esto. -         ¿así que no podemos confiar en ella en estos momentos? –pregunto, mientras sus facciones se volvían más duras. Al parecer muchas chicas no se llevarían bien con Rose si descubren esto, así que lo mejor será no seguir regando esta información. -         Por lo pronto, me temo que no… Pude entender toda la frustración de Dalia con solo escuchar su resoplido y era algo natural de esperarse, nosotras jugándonos la vida con esto, mientras que para ella todavía no es algo serio. Y pensándolo de manera objetiva, Alice y yo pudimos haber muerto con ese hechizo que realizo ella… si no hubiese sido por Don Gato, probablemente todo hubiese salido mal. Fui demasiado descuidada en aquel momento. -         Estamos perdiendo mucho tiempo estando aquí encerradas. -         Lo sé, pero al menos se me ha ocurrido una forma para tener una ventaja sobre los cazadores. -         No me esperaba menos de ti. Las chicas ya parecían exhaustas del entrenamiento, por lo que Dalia les dio la señal que descansaran. Incluso los rostros de todas ellas habían cambiado, ahora sus facciones se volvieron más fuertes, sería mucho más difícil penetrarlas. Su ceño fruncido infundía respeto hacía quienes le dirigiesen la mirada. -         Escoge a las cuatro chicas que veas más fuertes. Ten en cuenta que esto será una excursión larga, pero, sobre todo, a quienes estén preparadas para iniciar un combate si su vida o la de alguna de nosotras se encuentra en riesgo. -         ¿Qué tienes en mente? –quiso averiguar Dalia. -         Vamos a preparar esta tierra como un campo santo. -         ¿Qué quieres decir? -         Descubrí, entre los libros de brujería de Alice, un hechizo que prepara esta tierra donde estamos paradas para un levantamiento. Pero necesitamos un hueso especial… -         Comprendo lo que quieres hacer –anoto Dalia. -         También es necesario volver a esa cabaña, en los libros de brujería de la mamá de Alice hablan acerca de un tomo especial que quedo escondido en la cabaña, perteneciente a la Alice que asesino a su madre. -         O sea, ¿a la verdadera bruja? -         Así es. Es un tomo de su investigación acerca de la bendición del eclipse… tengo que encontrarlo. -         Deja que las chicas descansen un poco del entrenamiento y partiremos hacía la divertida excursión que has preparados para nosotras. Ambas simplemente reímos para calmar el estrés en nuestros cuerpos. -         Mientras tanto, iré a ver a Alice. -         ¿nada que despierta? –pregunto en un tono preocupada. Negué con la cabeza y entre a la casa. Su cuerpo continuaba postrado sobre la cama, sin ningún cambio o alguna mejora. No respondía ante los estímulos, ni a las palabras, a nada. Estabas en un coma vegetal. ¡¿Por qué no despiertas?!, maldición, te necesitamos más que antes, tienes que despertar cuanto antes… por favor dime que no hiciste algo que requería el sacrificio de todo tu cuerpo… por favor, ¡no era necesario llegar tan lejos, Alice! ¡Despiértate!, ¡no es momento para continuar durmiendo! Mis nervios creían exponencialmente sobre Alice, la tensión de saber que probablemente no iría a despertar, ese pensamiento en particular, era el que sin duda más me aterraba. No solo por el hecho de tener un vínculo especial con ella, sino porque no deseo perder a otra de mis chicas. No más. Ya había sacrificado el cuerpo de Ameli para salvar a las demás, no deseaba tener que usar a nadie más… Porque sí… Al final ellas en cierta parte era objetos. No me gustaba verlas de esa forma, pero si se requería de algún sacrificio humano… ellas… ¡Cálmate!, no es el momento para pensar de ese modo y más que ahora estas a punto de empezar otra misión donde probablemente puede que algunas no regresen con vida. Sus vidas estaban en las palmas de mis manos… Pero no podía pensar en ello ahora. El sonido de la puerta distrajo mis pensamientos. -         Puedes pasar. Mi voz sonada ahogada entre los pensamientos de una desesperación eminente y un colapso mental que aguantaba con todas mis fuerzas para mantenerme fuerte. -         Hola –mencionó Artemiss, seria. Otra persona más que había perdido, sin la necesidad de que esta muriese. ¿A cuántas he perdido ya? No mencione ni una sola palabra ante su saludo, seguía absorta contemplando, o más bien, esperando a que mi compañera despertara. -         Te he traído un té para que calmes tus nervios –anoto con cierta empatía. Mis ojos quedaron desorbitados ante su gesto. -         No me mires de esa forma –zanjo Artemiss-. Podré odiarte, pero sigues siendo la única que puede acabar con todo esto. Tu salud es importante. Dejo el té sobre la mesita de noche y sin mediar alguna otra palabra, camino hasta el marco de la puerta. -         Se nota lo mucho que la aprecias… espero que ella no muera… El peso de sus palabras detenía mi corazón… haber llegado a considerar a las demás chicas como simples objetos que podía sacrificar. Eres una estúpida, Saray. Además, Alice no las había salvado para que yo las utilizara como unos simples objetos, ella lo hizo porque yo quería que vivieran y fueran libres de una vez. No puedo desviarme de esos pensamientos, no puedo dejarme contagiar de la sustancia negra que se apodera del cuerpo de los hombres. -         Gracias. Mi voz era seca en ese momento. -         No hay de que –dijo ya afuera del pasillo. No me quedaba más que esperar a que ella regresara. Estará soñando con su madre, de seguro y por eso no ha querido estar con nosotras. -         Descansa el tiempo que sea necesario, pero regresa con nosotras, por favor. Los pasillos de la casa se sentían extremadamente amplios cuando no había otra chica caminando por ellos, cuando el único sonido que podías escuchar era el sonido de tus pasos, esa soledad a pesar de estar conviviendo con otras chicas era aterradora. Dalia apareció frente a mí, en su mirada me decía que las demás ya estaban listas para comenzar con la excursión. -         Decidí que nos acompañaría Dorotea. -         Es una elección bastante inteligente, esperaba que la escogieses. -         Jenna y Mary también nos acompañaran. Su magia compartida nos puede funcionar muy bien. -         Me gustaría ver eso en acción, bien, vamos a convocarlas a todas en el salón. No eran de desperdiciar el tiempo todas las chicas. Me sorprendió ver a Rose entre las primeras chicas en la reunión. La comenzamos cuando vi llegar a Don Gato en la punta de las escaleras. Dorotea y las hermanas gemelas estaban de nuestro lado mientras le explicaba mi plan a las demás muchachas. -         Ustedes seguirán resguardando este lugar, me gustaría llevarme más chicas porque siento que todas estan preparadas, pero no puedo arriesgarme a que nos atrapen a todas. -         ¡No te preocupes, Saray!, nosotras seguiremos entrenando fuertemente. -         El encargado de vuestro entrenamiento será Don Gato. Movía su cola de manera muy inquieta y en su mirada podía ver como quería matarme. No esperaba ese anuncio, pero ya no podía decir que no. -         También nos vendría bien que, quienes quisieran, aprendieran de las habilidades curativas de Artemiss , así que pueden conformar un grupo con ella quienes lo quieran hacer. Sin más que decir, partimos en estos momentos. Por primera vez, después de tantas noches, podía ver la luna tímidamente entre las nubes. 
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