Día 15: después de la tormenta, siguen más estruendos.

2668 Palabras
-         Espera… Alice también… -         Cuando ella despierte de su estado de inconciencia, todos los recuerdos sobre ti le llegaran del golpe, será como una descarga de emociones para ella. Ciertamente me incomodaba la idea que alguien más, aparte de Don gato, conociera por completo mi historia; cada detalle, cada motivo, cada instante, cada secreto. Todas las cosas que siempre he mantenido ocultas ante los ojos de los demás se le serán reveladas. -         ¿Cómo fue que mi abuela logro crear este conjuro? -         No es momento para charlas, Saray. Ya tendrás tiempo de preguntarme todo lo que quieras, incluso tu madre está ansiosa por hablar contigo, pero ahora tienes que concentrarte en revelar esa casa; los cazadores no demoraran en pasar por aquí. ¿mi madre?, ¿ansiosa por hablar conmigo?, no, concentra tu mente en el momento presente, Saray. No sé que tanto mi cuerpo resistiría nuevamente perder algo más de sangre. Ya me encontraba lo suficientemente mareada, como para poder perder el conocimiento de vez en cuanto, sin embargo, Don Gato me insto a hacerlo. -         Estarás bien. –Me aseguro Don Gato. Volví a halar la parte de mi dedo donde estaba rota. Mi dedo colgaba como un collar, inerte, mientras se recuperaría. Por un momento pensé que bueno serían tener esos vendajes que fabrico Alice para mi abuela y mi madre, pero no lo estaban y sería un hechizo que se perdió en las memorias del tiempo. Un chorro de sangre volvió a caer sobre la fértil tierra, esta vez iluminadas por la bendición del sol, tornándose de un color dorado. Ya es la ocasión. -         Y entre sombras tenues, árboles silenciosos, pájaros fisgones y un sol que lo oculta todo, pero al mismo tiempo nos revela sus secretos, aparecerá frente a nosotros lo que nuestros ojos quieren ver. Las hojas de aquellos seres tan magníficos, que con su magia nos proporciona la posibilidad de seguir con vida, iban cayendo hasta ser detenidas a cierta altura. Parecía el nivel del tejado de una casa, sería ese el lugar donde se encontraría lo que hemos estado buscando. Cuando todos los árboles se quedaron sin una sola hoja con la cual cubrirnos del sol, sus rayos de luz revelaron el lugar mágico que se ocultaba entre los ojos de las personas. De pronto, el suelo donde nos encontrábamos comenzó a llenar nuestros pies de nievo. No caía del cielo, no existía una nube que las trajera con ella, aparecieron sin más, sin percatarnos hasta que la nieve cubrió hasta nuestros tobillos. ¡Alice! Su cuerpo entero había sido cubierto por esta nieve misteriosa. ¿Un cambio de temporada?, pero que se diera así es algo sorprendente, siempre se da el paso muy poco a poco. -         Hace mucho tiempo que no sucedía algo como. La voz de Don Gato era diferente a la habitual, no era el mismo ronroneo grave de todos los días, se había vuelto más tenue, más agudo. -         ¿Acaso no reconoces la voz de tu propia madre cuando te está hablando? Mi cuerpo quedaba paralizado al escuchar estas palabras. ¿Realmente se trataba de mi madre?, de la mujer que se atrevió a darme la vida para luego arrebatarme el derecho de su amor. -         La última vez que sucedió algo así fue cuando decidí quedar embarazada de ti. Los ojos de Don Gato esta vez reflejaban algo en su interior, alguna especie de anhelo, que de cierta forma se reflejaba en su voz, pero que tenía prohibido dejar ver la luz. -         Tu abuela decía que esto se podía representar como una señal de esperanza, era la primera vez que escuchaba a mi madre decir algo como eso. Sus palabras siempre fueron expresiones de que yo traería el mal augurio sobre nosotras. -         ¿estoy haciendo las cosas bien, mamá? Se sentía raro pronunciar esas palabras, no es como si estuviera tan habituada a decir este tipo de cosas, pero un silencio ciertamente pausado se marcó entre nosotras. -         Mira a todas esas chicas que has salvado. -         Pero eso ha sido algo de ahora. No sé si podré mantenerlas a salvo. -         Ese es el trabajo que una líder debe de asumir, ¿no crees? -         ¿cómo hiciste para liderarlas a todas ellas? -         A veces tuve que liberarme de mis propias emociones, al haber cargado con tanto durante mucho tiempo, también llegaba a explotar. -         ¿Qué se supone que debo hacer ahora, mamá? -         Tú eres parte del hechizo, Saray, ahora tienes a tu abuela contigo. -         ¿Pero qué tengo que hacer, madre? -         Sigue tu instinto, Saray, has lo que creas correcto. … No podía si quiera sacar algo de información de mi madre. Conocía la historia, los detalles del pasado que me llevaron hasta donde estoy ahora, pero que podrá ser del futuro, que realizare o como lo haré. ¿acaso podremos salir vivas de esto? -         Madre… ¿tú me quieres? La mirada de Don Gato se volvió tan profunda que me incomodó. Sus ojos parecían atraparme de tal manera que invadían mi espacio personal y en un solo parpadeo, tan minucioso y fugaz, volví a escuchar su voz. -         ¿Qué me estas viendo?, mejor sácame que he quedado enterrado en la nieve. Había regresado a la realidad.   Tome a Don Gato por su grueso cuerpo y lo deje sobre mis hombros. Con una estabilidad perfecta, consiguió pararse sobre sus cuatro patas para sacudirse toda la nieve que tenía encima. -         Se supone que debías de hacer aparecer la casa, no una nieve que casi me ahoga. Y sencillamente, explote en un ataque de risa. Quizás no tendría el amor o el apoyo de mi madre en la forma que me gustaría, pero ellas dos me dejaron este hermoso regalo. Un gato parlanchín que ha tenido su criterio propio frente a la vida y quien también, me ha entregado su amor en los momentos más difíciles. Tal vez podría empezar a pensar que mi madre realmente me amo. Las chicas que estaban guardando los puntos cardinales por un posible ataque del enemigo, quedaron absortas el verme y quizás se estarían preguntando, “¿se supone que está loca es quien nos dirige?”, pero pensar en aquello me hacía reír sin parar. -         Oye, pero alguien verdaderamente no va a poder respirar como siga cubierta de la nieve. ¡Era verdad!, ¡Alice seguía enterrada bajo la nieve!, si se entera de esto me llegaría a matar, pero no podía parar de reír. Don Gato bajo de mis hombros para escarbar entre la nieve y dejar su cuerpo al descubierto y al final no tuve más opción que agacharme para desenterrar su cuerpo. Pero apenas mis manos tocaron la fría nieve, sentí un corrientaso por todo mi cuerpo. Mi risa se detuvo y mis facciones se endurecieron como una piedra. No era momento para ponerme a reír como una pendeja. Desenterramos su cuerpo y rápidamente la cargue sobre mis hombros. Las chicas me ofrecieron su ayuda para cargar con ella, pero me negué rotundamente. No hacía falta, yo podía con ella. La casa se revelaría completamente ya cuando una de nuestras manos tocara el cerrojo de la puerta para abrirla. Era un lugar grande, sin duda cabríamos todas. En cuanto la enorme casa comenzó a ser revelada ante los ojos de todas, un grito de victoria se escuchó por todo el claro. Sonrisas por fin podía ver en sus rostros cansados por el sufrimiento. Esperaron hasta que entráramos con Alice. Todo dentro de la casa seguía exactamente igual, con un poco más de polvo, pero todo estaba como lo habíamos dejado. Sería mejor entrar cuanto antes y refugiarnos del frío. Cuando mi cuerpo estuvo adentro de la cabaña, el peso de Alice ya era insoportable para mí hasta que llegamos a desplomarnos. El techo me daba tantas vueltas que hasta nauseas llegaron a darme. -         Es mejor que descanses –anuncio Artemiss-. Ahora sí que has perdido demasiada sangre. Y sin llegar a refutar en sus palabras, mis ojos se sentían tan cansados que se cerraron de inmediato. Ese día no soñé nada, ni con nadie, quería sentar alguna especie de calma, pero también era imposible para mí. Solo quería dormir, no en paz, ni en tranquilidad, solo quería no sentir por primera vez. Dormí hasta el día siguiente. Mi cuerpo se sentía tan extremadamente pesado que no sentía la necesidad de levantarse. Levemente podía sentir el cálido cuerpo de Don Gato que decía descansar sobre mí. Sus pequeños ronroneos me aliviaban el alma, ciertamente me proporcionaban algo de calma. Sus pequeñas vibraciones en la panza me tranquilizaban, haciéndome caer en un sueño más profundo. Por primera vez agradecí no tener ningún tipo de sueño. No quería más respuestas, mucho menos tener nuevas preguntas a las cuales tener que encontrarles algún tipo de sentido, algunas veces era necesario no saber nada antes que conocerlo todo. Tanta información puede saturar tu cuerpo. Pero como todo debe legar a un final. Mi cuerpo decidió que ya era momento de levantarse, más que eso, era el llamado a la responsabilidad, como la líder de todo este quilombo, no podía dejarlas por mucho tiempo. Mis ojos se abrieron con una desorientación a tal nivel; no sabía que día sería, si era de día o el manto plateado ya se hallaba sobre nosotras. Estaba en la misma habitación que antes, donde me encontré con Ameli en el limbo. -         Casi que no despiertas. Don Gato seguía encima de mí, transmitiendo sus ronroneos por todo mi cuerpo. -         ¿Por cuánto tiempo dormí? -         Lo suficientemente como para que estés completamente desubicada. -         ¡¿Qué?! -         No te preocupes, las chicas han sabido llevar las cosas. Acaricie en silencio por un largo rato a Don Gato. Su pelaje era aseado y siempre permanecía bien aseado. En mi mano derecha tenía inyectadas dos agujas. Una contenía una especie de suero, supongo que esto fue lo que me mantuvo alimentada durante todo este tiempo, en el otro había sangre. -         ¿De dónde sacaron la sangre? -         Les explique que ahora Alice y tú compartían el mismo tipo de sangre, así que sacaron un poco para dártela a ti. Por muy bruja que seas, tu cuerpo sigue siendo humano y la recuperar muy lentamente. “La ofrenda de tus hechizos requieren un nivel muy alto de sangre, así que ten cuidado. -         ¿cómo fue que nací bajo un eclipse? -         ¿por qué preguntas eso? -         Bueno, es que hasta ahora… no ha vuelto a crearse otro eclipse. -         Ve con las otras chicas, Saray. Te prometo que luego te contaré sobre eso. Y corto la conversación enroscándose sobre su peludo cuerpo y cayendo nuevamente en un sueño.    Debía ver como seguían las demás, por lo que me levante rápidamente de la cama. El suero ya no sería necesario, por lo que retire la aguja con cuidado. Mi cuerpo se sentía sensible ante cualquier estímulo, por lo que haberme retirado ese pedazo de metal fue lo que más me ha dolido. Traje conmigo la sangre, pues todavía no había terminado de realizarse toda la transfusión. En cuanto salí del cuarto, las luces del pasillo encandilaron mis ojos. Sería de noche, deduje. Tomo unos cuantos segundos que mi vista se acostumbrara nuevamente a la luz. Todo estaba en silencio. No veía a ninguna chica por ningún lado por lo que me alarme un poco. Fui abriendo las puertas de cada una de las habitaciones y no había nadie, hasta que abrí el cuarto de Alice y ahí estaba ella. Inconsciente sobre una cama, con un suero inyectado a su mano. Me acerque hasta ella y le acaricie su cabello. Dormía de una manera tan despreocupada y su cabello, tan despeinado que podía ya notar que sería su toque característico. -         Tienes que despertar pronto, Alice. Vamos a necesitarte. Todo en ella se veía tan indefenso, hasta sus labios. ¿Entonces ahora nosotros tenemos una especie de vínculo más especial? Y sin aguantarme más, decidí besar esos labios de ella. Me pregunto que pensará de mí cuando se despierte y descubra toda mi verdad. Me retire de la habitación con cierta precaución de no irla a despertar, como si mis pasos lo fueran hacer. Ella seguramente sabía que yo estuve ahí a su lado, sus sentidos a pesar de estar inconsciente, permanecían alertar. Era la primera persona por quien yo sentía una admiración tan enorme. Reanude mi búsqueda por las chicas en toda la inmensa casa. Los pasos que daba poco a poco iba recobrando la firmeza y mi semblante podía sentir como regresaba a mí. Del segundo piso parecía como si se hubiesen esfumado por completo. No había rastro de ellas, ni de su ropa, ni de sus objetos personales, no tenía nada. Hasta que un sonido produjo un eco por todo el lugar. Eran unas especies de cucharas que raspaban unos platos. Se notaba que había hambre en la mesa y de pronto los murmuros explotaron en todos los rincones de la casa. Baje las escaleras con cierto cuidado, ahora ya no me sentía tan ansiosa por descubrir donde estaba o si se encontraban bien, eventualmente el ánimo de todas ellas volvía a recuperarse.    -         ¡La jefa ha despertado! –anuncio Dorotea al percatarse de mis movimientos en mi pasillo. Extrañamente, era quien más refinados tenía los sentidos de todas las chicas, me atrevería a decir que incluso más que la propia Alice. -         Hola… Mi voz todavía se escuchaba cansada, pero decidí ocultarlo con una sonrisa de amabilidad. Seguían ahí confiando en mí, después de todo. Dos chicas se acercaron para ayudarme a caminar y dirigirme hasta la mesa. Jenna y Mary, hermanas gemelas, por lo que su bendición lunar sería una cualidad muy peculiar entre todas aquí. Seguramente en la cocina estaría Ameli… nos estaría cocinando su estofado favorito… pero sin dejar de lado su esfuerzo, la comida de Dalia olía muy delicioso. -         Me muero por comer lo que estas cocinando. -         ¡A la orden! Artemiss, al parecer, ya nunca más pensaba dirigirme si quiera la mirada. Solo respiré profundo y me decidí por probar la comida que me había servido Dalia. -         Buen provecho. Durante toda la comida decidí conocer el nombre de las chicas y indagar un poco sobre sus historias, no muy profundo, pero si lo suficiente para entrar en confianza con ellas y dejaran de tratarme o de una manera tímida o muy rígida. Dalia aprovecho para ponerme al corriente de todo lo que sucedió mientras estuve dormida. -         Dorotea es la encargada de la vigilancia a largas distancias, ya podrás haber notado sus reflejos. -         Sí, son mejores que los de Alice. Ambas asentimos. Las demás chicas morían de curiosidad por saber quien era esta misteriosa chica. -         Dorotea descubrió algo, en lo que tú estabas en lo cierto. La noche de ayer vio a un grupo de cazadores dirigirse hacia la dirección de la cabaña. -         Uno de ellos iba con una sonrisa que me causo tantos escalofríos, era tan aterrador –confeso Dorotea. Seguramente sería Sam. -         Ellos… aunque no tienen distinciones en su uniforme, son la especie de cazadores élites y sus habilidades son muy diferentes a los demás. -         Logramos escapar justo a tiempo –anotó Jenna. -         Y la casa esta completamente oculta frente a los ojos de los cazadores. Hemos ganado un tiempo; mientras las entrenamos a ellas e ideamos un plan para acabar con todo esto de una buena vez por todas. Solo espero que esta ventaja que tenemos no se vea opacada por alguna de las chicas que ellos capturaron, existía la posibilidad que entre ellas estuviese la primogénita de Alice, pero también podía ver la suerte que entre nosotras estuviese ella. Si es que existía en realidad; no sé porque tenía la vaga idea de que la primogénita ya se había encontrado con la muerte. 
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