Día 14: Una nueva aurora

3210 Palabras
-         Nunca olvidare ese olor. La primera sensación que tuve al primer segundo de nacer. Era el olor de la madera siendo quemada con una brutalidad arrasadora, que no perdonaría nada a su paso. “Sin embargo, a mí me abrazo con sus brasas. Mis primeras imágenes después de nacer eran de un completo caos. “Cuerpos de hombres siendo quemados por la ira de un fuego que nació del odio; sus gritos de desesperación y sus ojos de frustración e ira hacía las brujas. “Mi madre había sido reducida a las cenizas puras. Su cuerpo lleno de belleza se había esfumado y no quedaba más que un recuerdo en la memoria de las personas que llagaron a conocerla. Una vida efímera sobre este mundo. “Cuando las llamas se fueron acercando hacía mi dócil cuerpo, las cenizas de mi madre se levantaron contra el pronóstico del viento, formando un circulo a mi alrededor y las nubes se despejaron justo arriba de mi cabeza. Todo permanecía nublado en el cielo, excepto ese pedazo. “Era una poderosa e inmensa estrella. Ocultaba todas las sombras que se generaban sobre mí y opaco el calor de las llamas, para apoderarse sobre mí. “Pude escuchar la voz de una mujer joven. Seguramente sería mi abuela. -         Y menciono algo sobre un conjuro. -         ¿Qué te dijo? -         La muerte adora más un nacimiento que una muerte, pero en este pueblo, ni la una ni la otra eran unas bendiciones para ella. Todo terminaría con la sangre que se derramo en un inicio. Rápidamente llegaron a mí los recuerdos del único padre que tuvieron aquel niño y aquella niña. -         Seguramente estaría hablando de Johann. -         Eso es todo lo que sé, no recuerdo si me habrá dicho alguna otra cosa. -         No te preocupes, con lo que me acabas de decir ya es más que suficiente para continuar con esta guerra. No había más tiempo que perder. Cada vez estábamos mucho más cerca de poder terminar el conjuro que inicio mi madre o por lo menos, ahora todas las preguntas comenzaban a tener un orden dentro de mi mente. Con el sol recién nacido de una mañana esplendorosa, calentando nuestras espaldas; continuamos el viaje hasta la cabaña. -         ¿sabes usar algo de magia? -         Lastimosamente no –confeso con un trago de amargura-. La señora que me hablo aquella vez, no lo volvió hacer, pero sé que tengo esas habilidades como ustedes, pero nunca he tenido alguna especie de guía. -         Eso es una pena… pero, probablemente conozco de alguien que te pueda ayudar. Don gato era el indicado para esta situación. Nadie mejor que él conocía todos los hechizos de mi abuela, sus trucos bajo la manga, sus secretos mejor guardados y un buen guía en estos casos. Ni siquiera a mí me ha querido enseñar sobre los dos poderosos hechizos que llego a crear mi abuela. Siempre fue muy reacio con su respuesta. “Se los enseñare a la chica que haya heredado la bendición de tu abuela, porque solo ella tendrá el cuerpo de soportarlos” En fin, un gato con muchos misterios para la vida tan corta que ha tenido. Me pregunto dónde se habrá metido ese pequeño, no apareció durante la batalla, solo espero que este bien, porque su llegan a atraparlo… aunque dudo mucho que ellos conozcan su verdadera identidad. Es un simple gato. Continuamos el resto del camino en silencio. Debía pensar bien en mis movimientos, el cuerpo de Alice al estar inconsciente se volvía más pesado y por consiguiente, requería de un gran esfuerzo para moverme. Al final de esta larga jornada, tendría unos pulmones perfectamente entrenados y un estado físico capaz de soportar ese estilo de hechizos como el que uso para rescatarnos. En lo más inmerso del bosque, podía ver un grupo de chicas reunidas entre los árboles, con sus sentidos más alertas, contaba un total de doce mujeres, con las brujas más poderosas al frente de la formación o es podía deducir yo, entre ellas se encontraba Dalia. No se perdería de nada si de acción se trataría. Casi en las últimas filas estaba Artemiss atendiendo a las chicas más heridas y ofreciéndoles indicaciones a quienes se hallaban perdidas en todo ese ajetreo. Sus cabezas estarían hechas un caos, me imagino. Entre las chicas del medio, me alegro ver a la persona que había salvado de esos dos cazadores. Lo había conseguido. Me imaginaba que todas las demás mujeres que estaban ahí, consiguieron librarse de las garras de los cazadores gracias a Alice. -         Mira lo que conseguiste. Su cuerpo, aunque inconsciente, sabía que en su mente me estaba escuchando. Sin embargo, cuando despertara se lo agradecería. La primera persona en captar nuestros movimientos fue una chica que llevaba el cabello corto, en el idioma de ellos; un corte de hombres. Bla, bla, bla. Sus ojos inspiraban desconfianza sobre nosotras, bien ahí. En estos momentos no podíamos fiarnos de casi nadie. Con una voz entrecortada, anuncio nuestra llegada al grupo de las chicas, de una forma que las alerto a todas. -         ¡chicas!, prepárense. Tenemos compañía. Todas irguieron sus espaldas de inmediato, tomando una posición de combate, otras se escondieron entre los árboles; siendo algo más sigilosas, mientras que las de más atrás iban preparando un conjuro, podía ver como movían sus labios. Pero dieron la alerta de alto y todas quedaron expectantes. Dalia salía de entre los árboles con las manos hacía arriba para mostrar que podían confiar en nosotras. De cierta forma, quizás ellas no reconocían que éramos mujeres, pero la primera en vislumbrarnos fue Dalia. Haber estado todo este tiempo con Alice nos estaba sirviendo. -         No se preocupen, chicas –informo Dalia, de una forma tranquilizadora-. ¡Ha llegado nuestra líder! -         ¡¿Líder?!, ¿acaba de llamarme líder en frente de todas? Es cierto que en la mayoría de los casos he tomado la iniciativa o ideado el plan, pero eso no me llevaba a tal grado de responsabilidad. Quien merecía ese cargo es Alice, pero en todo caso, si se lo propusiéramos, ella se negaría diciendo que la verdadera líder soy yo. Todas las chicas empezaban a relajar sus hombros, a estar algo menos feroces ante nosotras y rápidamente nos recibieron con unas palabras amables. -         Ha llegado Saray –anunciaban todas. -         Bienvenida, jefa. Y me preguntaba, ¿en qué momento me había ganado la confianza de todas estas chicas?, era la primera vez que me veían para que confiaran tan devotamente hacía mí… no obstante, me alegraba saber que podía contar con ellas desde un principio y de una forma tan sincera. Sin llegarlo a imaginar, este bosque comenzaba a tomar vida, a llenarse de flores blancas y risas coladas por ahí. Artemiss con el grupo de chicas que había conformado para atender a las demás, recibieron el cuerpo de Alice. Pude sentir como un gran peso se liberaba de mis espaldas. Quise reír en ese momento pensando que quizás Alice se ofendería por ello. -         Ella está bien. Solo quedo inconsciente, quizás un suero le venga bien. Pero no tenemos nada de eso, ni siquiera comida, si entrabamos en la cabaña no tendríamos nada más que un lugar para resguardarnos y pensándolo mejor; los cazadores de elite conocían de este lugar, solo sería cuestión de tiempo que decidieran buscarnos en este sitio. No estábamos a salvo todavía, pero no podía alarmarlas de aquella manera. -         Oye. Oye. ¡OYE! –grito Artemiss al lado de mi oreja para sacarme de mi ensimismamiento-. Por lo menos déjame revisarte, te ves algo pálida, ¿has perdido mucha sangre? -         Un poco… quizás, sí, bastante, pero estoy bien. -         Tienes que comer lo más pronto posible –anuncio Artemiss-. O quedaras como ella. -         Está bien, ya solucionaremos eso, sigue revisándome. Mientras revisaba el estado de mi cuerpo, llame la atención de una de las niñas que estaba revisando cerca de nosotras, como protegiéndonos por si caía sobre nosotras alguna especie de ataque de los cazadores. La reconocía, Dalia había estado con ella en el momento del escape, la misma chica que nos había visto llegar. Ahora que la tenía más de cerca, podía detallar su rostro, portaba con elegancia una cicatriz en la comisura de sus labios.   -         Oye, tú, ¿podrías llamar a Dalia?, por favor. -         Claro y solo para tu información; me llamo Dorotea. -         Un gusto conocerte, Dorotea. -         Ahora sí, ya regreso, voy a buscar a Dalia. -         Todas las chicas son demasiado amables –confeso Artemiss. -         Me alegra saber eso. A lo lejos podía ver como Dalia les explicaba a las demás chicas como utilizar unos hechizos básicos a las chicas que no tenían un conocimiento acerca de esto. Tardarían un tiempo en acostumbrarse, pero mientras se sepan las bases, pueden utilizar cualquier conjuro, no importa cual fuera. Dalia se acercó rápidamente luego de ver mi cara tan pálida, la expresión en sus ojos cambio drásticamente y al ver a Alice tendida en el suelo se alarmo un poco más. -         ¿Qué ha pasado?, ¡¿estás bien?!, ¡¿Alice está bien?! Sus facciones, como siempre, inamovibles de su rostro. -         Alice utilizo un hechizo de sombra para ayudar a escapar a la chica que esta aquí a mi lado, luego les contare quien es ella. A simple vista, esto no parece tan grave, pero realmente lo es. -         Necesitaremos insumos para mantener el cuerpo de Alice mientras se despierta –acoto Dalia. -         Y no solo eso. Artemiss solo nos escuchaba hablar. Aunque conocía de toda la situación, sobre la gente de clase alta, todavía desconocía el resto de mi historia; acerca de mi madre y quien soy. Le contamos sobre la brujería, cuando ella no tenía si quiera idea de como era aquello, lo asimilo muy bien. Pero ahora había nueva información que debía de digerir para poder seguir liderando a las chicas y saber como conformar un buen equipo. -         No podemos quedarnos en este bosque, Dalia. Hay muchas que debo contarte, pero lo más importante ahora es que hay cazadores de élite entre ellos y seguramente conozcan de este lugar y como revelarlo. En estos momentos es peligroso quedarnos aquí, es una falsa calma. -         Tienes razón- zanjó. No podría decir que su expresión cambio, porque no se notaba, pero seguramente ahora su sistema nervioso comenzaba a ponerse algo tembloroso-. Debemos salir de aquí cuanto antes. -         ¿Sabes como llegar hasta la casa de Alice?, ahí tendremos suministros y ninguno de los cazadores conoce de ese lugar. -         Puedo guiarte hasta allá, pero hay un problema. -         Me imagino que solo Alice puede hacer revelar el lugar… -         Así es. La protección con la que escondieron esa casa fue por sangre… -         La persona que oculto la cabaña fue inteligente. Fue previsora, pero ahora tenemos que movernos hasta allá, entre más rápido, mejor. -         Recibido, jefa. – Y tras de eso me dedica una sonrisa de complicidad. La voz de Dalia convocó rápidamente a todas las chicas que estaban en el bosque. Doce mujeres en total; contando a Alice, a Rose y a mí, somos quince en total. Lastimosamente tres chicas no lograron escapar de las garras de los cazadores, lo que me mantenía serena era que no las asesinarían, pero probablemente si… Mi cuerpo se llenó de escalofríos en aquel momento. -         ¿estás bien? –pregunto Artemiss. -         Lo estoy. Tengo muchas cosas que contarte, Artemiss. Todo esta sucediendo tan rápido que apenas y tengo tiempo yo de digerir todo esto. -         No tienes porque preocuparte. Yo creo y confió en ti, Saray. Se marcó una pausa entre nosotras. Podía sentir como el viento entre el bosque nos susurraban cosas. -         Sé que Dalia y tú asesinaron a Ameli para ofrecerla como ofrenda –zanjo Artemiss-. Pero no te preocupes, Saray, no te culpo de nada, ni te tengo odio. Sé que todo lo estás haciendo por nuestro bien… -         Lo siento… -         No tienes que disculparte –acoto Artemiss-. Conozco los precios de ser una bruja. Pero justamente tenía que ser Ameli, justo mi amiga más cercana… cuando comenzaba a sentirme querida por las tres… por las cuatro, aunque Dalia nunca fue de muchas palabras en esos momentos, ahora también está más cambiada. Derramaba sus lágrimas, aquellas que estuvo reteniendo por tanto tiempo para dejarlas salir frente a mí. Mi corazón, por primera vez en mucho tiempo se acongojaba. -         Puedes odiarme, Artemiss, no te culpare por eso. -          Y te odio, Saray. Pero ahora no puedo interponer mis sentimientos, sería un simple capricho mío. -          Ya estamos listas para partir, jefa. Estamos a tus órdenes –nos interrumpió Dalia con severidad. -         Bien, partiremos de inmediato. Tome el cuerpo de Alice para cargarlo nuevamente, sin embargo, mi fuerza no me volvió a dar. Mis brazos no fueron capaces de levantar su peso. Dalia se ofreció a llevarla por mí. -         Tienes que descansar, se nota que has perdido demasiada sangre. Y con nosotras dos liderando la marcha, el grupo de chica seguía nuestros pasos. -         Se enteró que nosotros sacrificamos a Ameli, ¿cierto? -         Así es. -         Lo siento. Sé lo cercanas que estaban volviéndose ustedes dos. -         No te preocupes, ahora no tengo tiempo para lamentaciones, esta es la vida que tengo que llevar en estos momentos. -         Es por eso que eres la líder. Si te dejaras influenciar por tus emociones, seguramente ya habríamos perdido todas las batallas. Desearía que de vez en cuando mis emociones se apoderaran sobre mí y dejarlas salir. No quisiera reprimirlas por siempre, pero en el momento que explote, será contra ellos, no contra mí o mis compañeras. -         Esta muchacha pesa –anuncio con un tono burlón Dalia. -         Alice se va a enojar contigo cuando se despierte. Y tras haber salido del bosque y caminado unos cuantos kilómetros más al occidente, encontramos con un fresco y hermoso claro. Los rayos de luz se colaban entre las ramas de los árboles y reflejaban un verde claro muy esperanzador.   Todas se quedaron con caras de expectación frente al claro. Ninguna se atrevió a decir ni una sola palabra, pero permanecían serenas. -         Necesito que estén atentas en dirección de todos los puntos cardinales, mientras descubrimos como revelar la casa que tenemos frente a nosotros. -         ¿Hay una casa justo al frente de nosotros? –pregunto una chica con los ojos demasiado curiosos. -         Así es y aquí podremos vivir por un tiempo. -         ¿Si paso a través del claro, no me chocare con la casa? –pregunto otra muchacha, animada. -         Inténtelo. Y ambas chicas corrieron en dirección recta, sin toparse con ningún obstáculo. -         Se los dije. Y todas rieron. Cuando escuchaba la risa de alguien, podía sentir como la paz se apoderaba de mi cuerpo y toda la carga sobre mis hombros por un momento se liberará de mí, pero rápidamente regresaba a mi realidad. -         Ahora bien, deja a Alice en el suelo. Cuando todas las chicas tomaron su posición para defendernos, en el centro del claro solo quedábamos nosotras cuatro. Alice, Dalia, Artemiss y yo. Esto se suponía que el hechizo era por medio de un conjuro de sangre… por lo que esta forma debería de servir. Mordí con suma fuerza la mano de Alice, desgarrando algunos de sus tendones y venas, para formar una tira de sangre que caía sobre la tierra, pero no sentía ninguna conexión para realizar el hechizo. Era más que evidente que no funcionaría, no fue con mi sangre con la que fue hecho este conjuro. Debía de pensar en otra cosa, habría algo más que podría funcionar. -         Vas a necesitar algo afilado. Ese tono de voz tan sabelotodo nunca podría olvidarlo. Se trataba de Don gato. -         Estaba esperando a tu regreso. -         Lo sé, no puedes vivir sin mí. -         Es eso cierto. -         Ya ves como son tan necesario en tu vida. -         Y es por eso que eres mi familia, -         Pero ahora hablando en serio, Saray, te he traído esto. Y de sus entrañas estaba vomitando un color morado, en cuanto veía la luz del sol comenzaba a brillar. Algo morado, cuando lo pude ver con claridad, entendí de que se trataba. La navaja mariposa de mi abuela. Un utensilio de magia tan poderoso como ningún otro. -         ¿Puedo utilizar la navaja de mi abuela? -         Este conjuro no lo harás tú, Lo realizara la heredera directa de tu abuela, Rose. -         Para ser un gato, conoces de muchas cosas. -         Lo sé todo, nena. Y mientras hablábamos, llamaba con la cola a la tímida chica quien rápido se acercó hasta nosotras, Don Gato subió hasta su hombro y le susurro unas palabras al oído. La muchacha estaba confundida y entre una mezcla de miedo y nervios, la voz de Don Gato logro tranquilizarla hasta que entendió a la perfección lo que debía de hacer. Su mano temblorosa tomo la navaja mariposa de mi abuela, la empuñaba con cierto miedo, pero una vez que fue agarrada con las manos indicada, brillaba verdaderamente a la luz del sol. Tomo prestado mi brazo y con un corte brusco y tosco, rajo todo mi antebrazo de inicio hasta el fin. Desangrándome rápidamente, tomo mi vena e hizo el mismo proceso con Alice. Corto todo su antebrazo y desgarro de ella la vena y realizo un nudo entre ambas por medio de la tira encargada de transportar nuestra sangre. Perdía sangre a niveles estratosféricos, por lo que comenzaba a perder rápidamente la consciencia. No podía ni siquiera escuchar con claridad las palabras que estaba pronunciando, solo podía sentir el charco de sangre que se formaba a mi alrededor. De pronto, algo tiro de mi cabeza. Una fuerte jaqueca se apodero de mí, quien instintivamente me hizo tirar del brazo para desatar del nudo, sin embargo, la chica me tomo con fuerza para que no me moviera. ¿qué estaba viendo? ¿acaso estos son todos los recuerdos de Alice?, ¿todo lo que conocía? Estrujaba mucho más profundo en sus recuerdos, veía con claridad toda su vida pasar. Nunca me estuvo mintiendo. Conocía su historia como si la hubiese vivido yo. Para cuando recobre la consciencia, mi brazo había sido vendado y la eminente hemorragia fue detenida. Seguro esto fue una maniobra de Don Gato, pero estaba equivocada, al verlo directamente, con sus ojos me dijo que todo fue obra de la chica. ¿Acaso es este el inmenso poder de mi abuela que le fue otorgado por el sol? No podía hablar. -         Don Gato, ¿por qué pude ver los recuerdos de Alice? -         Lo que acaba de pasar fue uno de los hechizos creados por tu abuela. Básicamente fue una especie de transfusión de sangre, pero más a fondo de eso, acaban de compartir sus bendiciones. Básicamente ahora tienes una conexión más íntima con ella. “Tenía una gran posibilidad de salir, esto solo funciona con personas que son compatibles entre sí en todos los aspectos de la vida. “Ahora revela la casa. Tienes su sangre, su bendición, sus recuerdos y con ello sus conjuros. 
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