- ¡Quiero que las atrapen! –anuncio, quien en ese momento desconocía, el líder de todo el pueblo.
Era un anuncio público; como cualquier otro para los simples ciudadanos, pero para nosotras fue más una declaración de guerra. Nuevamente brujas contra cazadores y los mandatarios de alto poder quienes tenían el verdadero conocimiento sobre nosotras.
Si se llega a anunciar públicamente que nosotras somos brujas, será el momento que todo el pueblo se nos tire encima y ahí sí que verdaderamente sería un trágico final, pero nada a lo que ya hemos estado acostumbradas.
El hombre, o más bien; el joven volvía a tomar la palabra.
- ¡Quiero que me las traigan aquí viva!, pero no tienen que tratarlas con amabilidad. Lo importante es que sigan viviendo o tengan un leve, pero suficiente respiro para que soporten lo que se viene.
Esto era algo realmente malo. Mi grupo podría escapar, aunque con dificultades y unos pocos rasguños, de los cazadores, sin embargo, ¿qué había de las chicas que no tenían nada de conocimiento acerca de la situación?
El entre cejo cruzado, las arrugas marcadas y el rostro petrificado de Artemiss me indicaba que las demás chicas estaban en problemas. Tenía a unas chicas nuevas con ella, pero eran muy pocas con la comparación de las jóvenes que habitan en este lugar.
No sabían lo que estas personas tramaban. No obstante, todas nosotras si sentíamos miedo hacía estos repugnantes seres, pero dudo muchísimo que muchas de ellas conozcan acerca de la brujería.
- Chicas, nosotros conocemos todo acerca de ustedes, señoritas bru...
- ¡Todas!
- ¡Las!
- ¡Niñas!
- ¡Corran!
- ¡De!
- ¡Este!
- ¡Lugar!
¡Los cuervos habían aparecido de nuevo en la oscuridad de la noche!, disimulando muy bien su plumaje con el cielo azul oscuro. En el medio de todos ellos sobrevolaba uno que se me hacía demasiado habitual. EL abuelo. Era el cuervo de Alice.
Para cuando regrese a verla, no hizo falta nada; con su mirada me lo había explicado todo. Era una chica demasiado sutil, muy anticipada a los movimientos y para cuando me percate, Dalia no estaba con nosotras.
En la esquina opuesta en donde se encontraba Artemiss; Dalia había reunido otro grupo de chicas. Por sus rostros, parecían comprender la situación y al parecer algunas de ellas conocían un poco sus habilidades acerca de la brujería.
Una lanza atravesó el cuervo que sobrevolaba en el medio de los demás compañeros, quien evidentemente era el líder. No les importaba tomar la vida de uno de los animales más venerados por nosotras, quería desatar nuestra furia.
El golpe del cadáver del cuervo se desplomo sobre el tejado de la casa de Artemiss, pasaríamos un buen tiempo sin el abuelo de Alice quien nos informaría desde los cielos, pero todavía teníamos otro infiltrado entre ellos.
Los cazadores posaron sus miradas sobre nosotras. Tenían a la vista a cada chica que vivía en el pueblo, algunas de ellas seguían desprotegidas, sin tener conocimiento acerca de lo que esos seres eran, pero por su instinto natural, emprendieron la huida cuanto antes, fueron ellas por las que los cazadores fueron de primeras.
Mientras tanto, el grupo de Artemiss y el de Dalia, se escabullían entre las sombras, tratando de mantener el anonimato. Sin embargo, algunos cazadores también fueron tras ellas.
El punto bueno, por tratar de ver algo positivo en el asunto, es que nosotras éramos más. EL cuerpo funcional de los cazadores se había ido desintegrando poco a poco y sus habilidades no estaban tan pulidas como en antaño; sus movimientos no eran tan mortíferos como aquellos.
Sam volvía a posar su mirada amenazadora sobre mí, para saborear su lengua sobre sus labios, para luego cubrir su rostro con una de las túnicas de cuero. ¡Era también un cazador!
De pronto, Alice tocaba mi hombro.
- Escúchame muy bien, Saray. Solo tenemos una oportunidad para hacer esto, ¿bien?, nosotras dos seremos la distracción, mientras conseguimos tiempo y el grupo de Dalia y Artemiss pueden escapar.
- Debemos de salvar a la chica que tienen ellos ahí.
- Sería arriesgarnos demasiado, Saray. Estaríamos en frente de ellos, completamente vulnerables.
- ¡Pero siento que es ella quien recibió la bendición de mi abuela!
- Si es ella o no, ya tendremos tiempo para descubrirlo.
Termino diciéndome sus palabras de la forma más apresurada, mientras veíamos como se abalanzaban sobre nosotras varios cazadores con sus espadas desenvainadas.
Escalamos las paredes con rapidez, llegando hasta el techo.
- 3… 2… 1
Y de pronto detono una nube que contenía una sustancia negra, lo bastante densa para cegar la vista de todos aquellos que no habían visto el cuervo de Alice.
Todos sus movimientos en ella parecían tener un porque.
- Déjame decirte –se apresuró a murmurar Alice cuando pasaba por mi lado corriendo por el tejado-. Que esta vez es probable que tengamos que matarlos con nuestras propias manos.
Mientras pronunciaba aquellas palabras, pude ver como torcía el cuello de los tres cazadores que habían ido hacía nosotras con una facilidad que ella fácilmente podría convertirse en cazadora.
Era evidente que su abuelo había hecho parte de los cazadores élites.
- Y ten cuidado –anuncio de repente-. Las espadas de ellas están untadas con estramonio, así que el más mínimo rose y dile adiós a tu vida.
No era el momento de sentir miedo, nuestras vidas estaban en juego y no solo las nuestras, las de todas ellas también, incluidas nuestro futuro.
Tenía un intento. Solo podía hacerlo una vez. No existía una margen donde pudiera fallar.
Así que salto hacía el vacío mismo, con determinación, iba fija completamente a salvar a esa jovencita.
Cuando caigo el suelo, observo a dos cazadores forcejeando a una joven, la llevaban a rastras y en su rostro solo miedo podía ver.
La nube de humo negra, tan densa, iba disipándose, pero tenía mi oportunidad. Me acerco de frente a ellos, pero no tenía nada, algo para cortarlos o clavarles en su cuerpo.
Cuando estuve cerca de ellos, muerdo mi lenguaje. Había una posibilidad de que saliera mal al momento de morder mi lengua, sin embargo, logre aprenderme el lugar de memoria para hacerlo sin ningún error.
Por la sangre que brotaba de mi boca, conjure a un pequeño espíritu de sangre el cual tomo rápidamente la forma de una daga y su corazón quedo traspasado por mi sangre. No tenía escapatoria. No moriría, pero mi líquido rojo los induciría la locura hasta llevarlo al borde del suicidio.
De mí no brotaba la suficiente sangre para conjurar otro pequeño espíritu para que tomara la forma de otra daga, así que debía hacerlo con mis propias manos. Cuando su compañero de caza cayó al suelo, convulsionando por los indicios de locura, salte sobre él cuando se percató que habían sido atacados. Puso resistencia, pero lo conseguí, había logrado estrangularlo.
- ¡Corre!
En sus ojos solo había miedo. Ella también estaba cegada. Estaría tan confundida, solo espero que haya huido hacía una dirección que le otorgara la vida en vez de la muerte.
Alice también había acabado con la vida de otros dos cazadores más. A este ritmo, si los seguimos asesinando de esta forma, pronto no tendrán con alguna fuerza especial con la cual atacarnos, por lo que nosotras podríamos tomar la delantera.
Y ahí estaba él, quien había dado el anuncio de cazarnos y en su poder tenía a la chica.
Alice me miro con cara de preocupación, sin embargo, no quiso intervenir en mi camino, decidió que sería algo que yo haría por mi cuenta.
Mis pies corrieron impulsivamente hacía ellos, de frente, la neblina ya estaba casi completamente disipada, por lo que me verían llegar, sin embargo, eso no era lo importante para mí.
En cuanto se percataron que iba hacía ellos, dos cazadores realizaron una formación de defensa frente al joven, no querían dejarme pasar y tarde un momento en percatarme sobre lo que sucedía.
No cabía duda, era él, el primogénito de Alice. El sucesor de todo el poder.
Esas poses de aquellos cazadores eran diferentes, personas que tenían una habilidad especial, un rango más poderoso.
Desenvainaron sus espadas sin que me diera cuenta y quien tuviese los reflejos algo tardíos, habría sido rebanada en cuestión de milisegundos. Los movimientos de sus cuerpos viajaban más rápido que la propia percepción humana.
Saltando por en medio de las espadas, había conseguido hacerme un hueco. Ese era el marguen de erros por el cual había estado esperando. Sobrepase su barrera de defensa y ahora lo tenía frente a mí.
A su lado había dos cazadores más, uno de ellos tenía que ser Sam, sin duda.
De mi bolsillo saque el arma más letal que poseía en ese preciso instante. La última uña con la que me había quedado de Ameli y con una fuerte presión en mis dedos, la lance apuntando justo a su yugular, sin embargo, un destello de una espada siendo desenvainada rápidamente, corto justo la uña por la mitad, frenando su paso.
- Tenga cuidado, su majestad. Esta chica conoce quien es usted.
Esa voz no podría olvidarla, ni siquiera estando muerta y esa sonrisa que en antaño me producía escalofríos, era fácilmente reconocible. Sam. Un cazador de élite.
Caí arrodillada al frente de ellos, pero rápidamente me puse de pie. No tenía más elementos para combatir y menos frente a esa clase de cazadores, pero al menos no iba a caer sin dar una buena pelea.
A pesar de haber esquivado esas dos espadas, habían conseguido rasgar mi ropa, para mi suerte, sin haber llegado a tocar mi ropa, por lo que no moriría aún por el veneno.
- Te la presento, Johann. Ella es Saray, nieta de la segunda bruja más podera que ha existido en este pueblo e hija de la tercera bruja más poderosa, la señorita…
- ¡Ni si quiera te atrevas a pronunciar el nombre de la mujer que reforzó la maldición que tenemos encima!
- ¿Tanto miedo te produce mi madre?
Lo estaba provocando sin darme cuenta, pero mi objetivo seguía siendo otro. ¿Cómo pretendía llegar hasta ella?
- Es por fin un gran gusto conocerte, Saray –anuncio jovial-. Sam me ha platicado mucho acerca de mí.
No tenía tiempo para chácharas, desconocía si las demás chicas encontraron el camino al bosque para poder escapar y no escuchaba las quejas de Alice para conocer su situación en estos momentos.
La brisa del viento me hizo sentir el movimiento de los cazadores que tenía a mis espaldas, querían rebanar mi cuerpo a la mitad ahora que conocía mi verdadera identidad, por lo que si me asesinaban, implicaría una ganancia para ellos.
- En la luna creciente de una menguante cóncava, que sea tu luz la que forme una barrera entre mí y los cazadores que empuñan una espada.
La ofrenda era sencilla.
Después de conjurar el hechizo, que no tenía la esperanza que saliera bien en realidad, no pude sostener por mucho tiempo mi cuerpo. La cantidad de sangre que emanaba por mi boca era suficiente como para dejarme tirada en el suelo.
Aún no controlaba la bendición bajo un eclipse lunar y ellos podrían ver que no representaría una amenaza para ellos como realmente me suponía.
Lograba mantenerme en pie por pequeñas fracciones de tiempo.
- ¿Esto es lo único que puede hacer la bruja que nació bajo la bendición de un eclipse? – se burló-. ¿Una simple barrera?, esto es algo penoso de ver, después de habernos enfrentado a tu madre, esto no es nada.
Tras de ellos se acercaba una sombra de lo más sigilosa posible. Mantener ese estado era de lo más difícil, un hechizo que te requería de una gran condición físico y la ofrenda es la movilidad de tu cuerpo por unos cuantos días.
Evidentemente no iba a dejarla sola. Cuando estuvo lo suficientemente cerca de la chica, recite mi segundo conjuro.
- Entre el cielo y la tierra, las nubes están en medio de nosotros. Ocúltanos o prívanos de la luz de las estrellas porque no somos dignas de ellas.
Mi cuerpo comenzaba a curtirse en heridas, una tras otra, para las nubes iban volviéndose tan densas, que el aire para respirar iba volviéndose denso, la visibilidad entre nosotros se hacía más nula y las sogas que ataban el cuerpo de la chica caídas en el suelo estaban.
No sabía por cuanto tiempo podría mantener más Alice su forma de sombra y gracias a mi primer hechizo, podía pasar a través de Sam, quien tenía desenvaina su espada, para llegar hasta la chica.
Cuando pase por al frente de Johann, su cara de horror se hizo notoria. Todos se habían confiado que tras después del primer hechizo que había lanzado, ya no sería capaz de moverme de nuevo, por lo que igualmente desenvaino su espada.
Sus movimientos eran limpios, pero el miedo era palpable.
En cuando alzo su espada sobre mí para dejarla caer, una barrera se interpuso entre nosotros. Le guiñe el ojo al ver su tremenda frustración y tome fuertemente de la mano a la chica para salir corriendo del lugar.
Alice me seguía el ritmo todavía, ¿Por cuánto tiempo más va a aguantar su estado así?
Los cazadores querían seguir nuestro rastro, pero su líder, Johann negó la orden. Lo alcanzaba a escuchar, era Sam quien estaba hablando.
- Se lo dije, no había que subestimarla, pero una vez más, no me hace caso.
Guardaba su lustrosa espada entre su cintura y dejaba ver su rostro, sereno ante la noche.
- ¡La próxima vez que nos veamos, me las pagaras, maldita bruja! –anuncio Johann.
- El show que montaron esas dos en un instante fue sorprendente –menciono Sam quitándose la túnica-. Esto se pondrá demasiado divertido.
El cuervo, el abuelo de Alice llegaba hasta nosotros como un ave que nunca había sentido una espada traspasar su cuerpo.
- Cazadores, ya no los siguen.
Y tras su anuncio, Alice volvió a su estado normal, con su cuerpo desplomándose hacía el suelo. Antes de que eso pasara, la recibí en mis brazos. Había caído completamente inconsciente. Aquel conjuro requería de mucha destreza para poder dominarlo.
Sus ojos habían quedado en blanco. Tardaría unos cuantos días en recuperarse, pero espero que no le tomaran demasiados, en pocos días, ella había terminado siendo una pieza clave en el equipo.
La cargue sobre mi espalda, mientras continuábamos corriendo. Tampoco soltaba la mano de la otra chica.
El camino era largo y mis esfuerzas se iban agotando, cada vez sentía más pesado el cuerpo de mi compañera.
- ¿cómo te llamas?
Ante un viaje tan largo y en cuanto menos tiempo perdamos, sería lo mejor. Debía sacarme de mis dudas lo más pronto posible.
De pronto, una encrucijada embargo mi corazón. ¿Las demás chicas habían conseguido escapar?, Alice había hecho todo lo que tenía a su alcance para protegerlas a todas, mientras tanto yo la abandone en eso. Me centre únicamente en esta chica, deje toda la responsabilidad sobre sus hombros.
Si ellas me consideraban una líder, eso definitivamente no es lo que haría una.
- Me llamo Rose –admitió la chica tras un largo rato.
Su voz era tímida y avergonzada.
- Es un gusto Rose, yo me llamo Saray.
Trataba de sonar lo más amable y apacible posible.
- Lo sé. Te conozco. Ciertamente he tenido algunos sueños sobre ti.
- ¿Sueños acerca de mí?, ¿Cómo cuáles?
- Unos donde nos logras sacar de este infierno –confeso tímida-. Eres hija de una de las más grandes brujas que ha existido en este planeta.
Y vaya… al final que yo pensaba que pasaría desapercibida entre las muchachas, pero después de todo, termine siendo la más llamativa.
Al menos eso me funcionaba para generar unos lazos de confianza ante las demás chicas.
En la entrada del bosque hacía la cabaña, decidí tomar un pequeño respiro. El cuerpo de Alice se había vuelto más pesado y a pesar de todo, me sentía algo cansada.
Serían pasadas más de la media noche, mucho más. Estaría a punto de amanecer y ya comenzaba a sentir el cansancio en el cuerpo y el hambre en el estómago.
Y simplemente decidí descansar reclinándome sobre uno de los grandes troncos que se formaron para crear este grandioso bosque. El frío se hacía eminente, pero de aquella forma acogía mi acongojaba alma.
Sin más rodeos y ella reclinada igual en un gran tronco, decidí preguntarle.
- ¿cuál es tu bendición?
Y simplemente para ir a la más fija, decidí besarla.
Para cuando nuestros labios se encontraron, sentía como todo su cuerpo temblaba. ¿De la emoción?, ¿del miedo?, ¿de la incertidumbre?
Mi mente iba recorriendo un camino a través de su memoria. Todos eran recuerdos sombríos, momentos grises sin ningún tipo de color. Muchos hombres habían abusado de ella, pero esa fue la única forma que tuvimos para sobrevivir en este pueblo.
No me sorprendería que a raíz de ello se había vuelto más recelosa con la gente algo tímida y callada.
Las lágrimas rodaban sobre sus mejillas, tampoco era de mi agrado estrujar entre las memorias de las personas para obtener una respuesta verdadera y sincera, sin embargo, no tenía tiempo para titubear y mi alma no podía flaquear en momentos como este.
Me tomo por sorpresa cuando el beso se convirtió en uno cálido, acogiéndome de tal forma que a mí termino por transmitirme esa seguridad que probablemente ella sintió cuando la tome de la mano para escapar.
Cuando nos separamos, su mirada estaba llena de lágrimas. Sus ojos se habían empañado por completo, pero ahí estaba ella, dispuesta a contarme la verdad.
Frente a un amanecer, podía ver como la esperanza resplandecía frente a mí. Su cabello iba tornándose anaranjado, brillando en conjunto con el sol y una sonrisa que delataba toda la verdad.
Ambas; juntas, ya teníamos dos partes de tres del puzle para acabar con este sufrimiento.
Por fin algo que empezaba a marchar a nuestro favor.
- Es gracias a tu abuela que hoy puedo estar con vida –confeso al final con una sonrisa.