Para cuando regresamos nuevamente a la realidad, nuestros cuerpos otra vez se encontraban exhaustos. Esos viajes, a parte de un gran esfuerzo mental, el estado físico se veía seriamente afectado.
Dalia había llevado nuestros cuerpos inconscientes hasta el interior de la cabaña. Era un riesgo quedarnos en la entrada y que alguno de los cazadores del día de ayer nos viera y decidiera atacarnos.
Al estar en el interior, cuando despertamos, los ojos no quedaron cegados ante la fuerte luz del día, por lo que nuestra vista se recuperó rápido. Estábamos en perfecto estado, a no ser por la respiración.
A nuestros pulmones les costaba llenarse de aire. Inhalar, exhalar; algo tan natural para el ser humano se había convertido en la tarea más difícil de realizar. El pecho se inflaba hasta más no poder, sin embargo, el aire que tomaba era muy poco.
Dalia estaba en estado de shock. No entendía porque nosotros nos habíamos desmayado tan de repente y al despertar, el organismo de ambas estaba en un estado de agitación tan impresionante. Pero, lo que a mí, entre tantas cosas que me han causado curiosidad, es porque ella no había con nosotras. Si es una bruja, al igual que nosotras.
Se moría por preguntarnos que nos había sucedido al entrar a la cabaña, sin embargo, se guardó todas sus preguntas para el instante que nosotras volviéramos a estar en todas nuestras capacidades; mientras tanto, Dalia nos ayudaba a regular nuestra respiración y calmar nuestro sistema nervioso.
No me pregunten a mí de donde Dalia tenía conocimientos acerca de medicina. Era cierto que ella la mayor parte de tiempo se la pasaba metida en el refugio; después de todo, todas aquí éramos un paquete lleno de sorpresas.
Y entre tanto movimiento, me pregunto como estará Artemiss. No le dijimos a donde iríamos o que estaríamos haciendo. Nos debió de haber estado preguntando desesperadamente a cada habitante.
Ay no…
¡Tendríamos que regresar rápido!, antes de que los ciudadanos levanten alguna sospecha sobre nosotras o que esa información llegue a algún infiltrado de los cazadores y se revele nuestra identidad.
En ese caso, estaríamos completamente perdidas. Los ojos estarían sobre nosotras.
Pero, Artemiss no es así de descuidada. Seguramente ella habrá continuado con el parte de nuestro plan sin nosotras. O eso espero.
- Saray –pronuncio Alice, una vez su respiración se había regulado-. En el viaje me preguntaste que soy…
A duras penas podía volver a hablar, así que tan solo me limite a asentar con la cabeza. Alice aprovecho la oportunidad para ser ella quien me besara a mí. De esta forma no tendría ningún efecto revelador el beso, pero eso no era lo que ella buscando, para cuando acabo, nos lo conto todo.
- Yo tengo la misma habilidad tuya, Saray –nos revelo-. El cuervo me permite ver a mi abuelo, pero esto solo lo puedo realizar cada cierto tiempo, no de forma ilimitada como tú o haces, Saray. Mi abuelo no era una especie de brujo, por lo que el efecto es menos duradero.
“Entre más tiempo lo haga, el cuervo va perdiendo su energía vital y luego que se agote, desaparecerá para siempre. Realmente no quiero eso, es lo último que me queda de mi familia.
El mismo sentimiento que tengo hacía Don Gato.
- Las primeras veces, que no tenía conocimiento de este poder. Mi abuelo fue quien decidió presentarse ante mí. Él hizo parte de los cazadores… pero, siempre estuvo de nuestro lado, fue un infiltrado todo ese tiempo.
“Nunca me ha contado toda la historia; así que les contaré lo que sé. Y Saray, estas habilidades que tengo para cazar y luchar, me las enseño mi abuelo, cuando el cuervo tenía el cien por ciento de su vitalidad; ahora ya está casi vació.
“Mi abuelo fue un cazador de alto rango, por lo que siempre estaba cerca de las grandes cabezas, los peces gordos; de esa gente con corbata y zapatos lustrados.
“Eso era en su juventud. Un día, tuvo la gran oportunidad de conocer a la verdadera descendiente de Alice, de su sangre, de su familia.
“Nos contaba que era una mujer tan hermosa y esplendorosa. Con su magia, ella decidía si cambiarse el cabello de su piel, su mirada, todo. Pero, como era de esperarse, el potencial de su magia se había debilitado con el paso de las generaciones.
“Conocía a la reina. Ya sabes, Alice, la encargada de entregarle a su primogénito varón y luego su reencarnación, la nueva Alice. Pero algo salió mal para ese entonces y no fue ningún primogénito. Nació una hermosa niña.
- ¡¿Una niña?! –cuestiono Dalia-. ¡Entonces la maldición ya ha terminado!, ¿no?
- No es así. La maldición ya habría sido destruida en ese caso.
- ¿Entonces que paso? –cuestiono Dalia, serena.
- Déjame continuar, no seas impaciente –menciono Alice-. El día que debía nacer el primogénito que continuaría con el mandato de este miserable pueblo, nació una pequeña, hermosa y fuerte mujer.
“Ese mismo día fue cuando la madre de Saray comenzó con su hechizo. De alguna u otra forma, tu madre tenía conocimiento de esto, quizás ya sean más conjeturas mías, pero probablemente tu madre, tu abuela y Alice se conocían.
- Eso explicaría porque mi abuela conocía este lugar y como hacerlo revelar.
- El nacimiento de la primogénita y el embarazo de tu madre sucedieron al mismo tiempo –anunció Alice-. Obviamente que naciera una mujer no fue del gusto de los grandes y altos mandos, así que la obligaron a encerrarla con su hija, hasta que muriera y reencarnara una nueva Alice en forma de castigo.
“Habían perdido la compostura, por lo que en estos momentos, ellos se encuentran en una especie de crisis al tener un sucesor para la próxima generación.
“Aparte de las pocas mujeres que hay también.
“Cuando descubrieron la primogénita, quien tomó el mando de encerrarla fue mi abuelo. Después de ahí, no conozco nada más.
- Y no podemos simplemente matarlos –anoto Dalia-. Si no terminamos ese hechizo, todo se saldrá de control y ellos terminaran ganando.
- Pero debemos regresar. Ellos me han citado para que sea su comida, no puedo pasar mucho tiempo por fuera en estos momentos y quizás ahí descubra algo que pueda funcionarnos.
La cabaña seguía igual de abandonada, pero algo me hacía sentir como si quisiera volver a ser habitada, pero esta vez vivir una historia que mereciera la pena ser contada. Sin tanta sangre, sin pactos, una vida como en un jardín de margaritas.
Tan blanco como la nieve que cae en navidad.
- Aquí podríamos hacer el refugio, digo, nadie más que nosotras conoce este lugar.
- ¿y cómo haríamos para entrar? –pregunta Dalia. Hasta el momento eres tú la única que puede acceder a este sitio.
- Alice también puede.
- ¿y en el momento que ustedes dos falten?, ¿cómo accederíamos a él? –cuestiono Dalia.
- Dalia tiene razón –apunto Alice-. Aún no es momento de usar este lugar.
Pero volverá a ser un lugar que será habitado nuevamente, entre todas nosotras. Suena como una buena idea.
La madera rechinante de la cabaña nos decía adiós, con cierta esperanza de volvernos a reencontrar. Afuera, volvía a sentir el calor. Pero, era el calor de un atardecer, de aquella estrella que nos decía por última vez adiós, resistiéndose a abandonar el claro del cielo.
¿Esta noche nos acompañaría la luz de la luna?
O no somos dignas de recibir su compañía en esta noche. Dependiendo de la fase de la luna donde hayas nacido, así mismo se clasificará tu poder.
Dalia había nacido en el cuarto menguante, decidió confesármelo sin habérselo pedido. Dos candidatas menos, ella, la naciente bajo la bendición del fuego y la herencia de mi abuela, era necesaria para completar este puzle. No podía si quiera hacerme a la idea de contar con la primogénita de Alice, su sucesora, no sabía si continuaría con vida.
Hasta el momento no conocía nada de ella. Tampoco de las otras chicas. No tenía mucha sobre la información actual.
Pero unos aires de esperanza llegaron hasta mí. Era mi madre, podía sentirla. Me hacía sentir segura, que realmente lo conseguiría y esperaba hacerlo.
El camino de regreso fue mucho más tranquilo, que nuestro estruendoso viaje hacía la cabaña. Ya tenía trazada la ruta para llegar hasta ella, será nuestro escondite si en algún momento todo llega a salirse de nuestras manos.
No había rastro de la luna en cuanto el sol quedo oculto en el horizonte. Debíamos de estar en la menguante cóncava, por lo que faltaba poco para la luna nueva, cuando el poder de todas estaba al máximo.
Todo era un estruendo para cuando llegamos al gran y aclamado pueblo. Tan ni siquiera estar tan adentro del pueblo, se podía escuchar a la muchedumbre reunida en la plaza principal.
Era la primera vez, después de mucho tiempo, que estos hombres se habían enfurecido. Se escuchaban gritos, alegatos, podía percibir demasiados estruendos.
Y podría ser una oportunidad para que acabase en una riña entre ellos. Pero cuando llegamos hasta el centro del pueblo, escondidas entre las sombras de las casas… ahí estaba ella.
- Entonces dinos, niña. ¿Qué hacías en el campo de calabazas?
Por fin la había encontrado, algo me decía que era ella. Pero, ¿qué significaba todo este alboroto?
Al frente mío, también entre las sombras, estaba Artemiss, sus ojos de preocupación indicaban que la situación era demasiado seria. Y sí que lo eran, no podía permitir que ella muriera.
Lo tenían todo preparado, la estaca, la leña, los cazadores al fondo. Iban a quemarla.
- ¡Respóndenos!
Entre lo multitud lo vi a él y para mi mala suerte, nuestros ojos se encontraron, para sonreírme de una manera escalofriante. Pude leer sus labios.
“Será su fin y el tuyo también”
- ¡¿Dónde están las demás niñas?!, ¿Ah?, ¿Por qué no están aquí?
Si planeaba quemarnos a todas, indicaría el fin,
Pero no creo que su plan sea ese.
Ellos están desesperados en estos momentos por encontrar a la primogénita de Alice, no se podían permitir el lujo de irnos matando.
- ¡Quiero que me traigan a todas las niñas de este pueblo!
¡¿Qué?!
Pensé más que esto sería como una trampa para atraernos. Y verdaderamente lo hizo. Un dedo apunto hacía nosotras.
- Ahí está –susurro, pero fue perfecto para que todos escucharan.