Alexis Mis manos temblaban, pero no de nerviosismo. Era furia pura. Furia contenida que me hervía en la sangre. Laureano se paseaba por el salón como si fuera su jodido despacho, lanzando frases envenenadas mientras yo trataba de mantener la calma. Aunque, para ser sincero, nunca se me dio bien fingir tranquilidad. —En ese vídeo pareces un violento —espetó sin rodeos—. ¿Sabes lo fácil que es para los medios sacar de contexto una escena? Ya logré evitar que se filtre la denuncia que ese imbécil quiso hacerte. El padre del chico que le diste una paliza. —Le faltó el respeto a Kira. —Mis palabras salieron en un gruñido. Lo recordaba bien. Ese cretino la había acorralado en la universidad, con esa arrogancia de quien cree que puede maltratar a una mujer. Ni siquiera lo pensé. Fue instinto.

