Sin represalias 16

3527 Palabras

Antonio sintió un hormigueo recorriéndole la espalda. El murmullo que recorría la urbanización —ese cotilleo sobre el encuentro furtivo de dos vecinos en la habitación de Paco y Fina— había actuado en él como un resorte. La idea del riesgo, de la intimidad robada en medio del caos de "Mr. Punch", le había encendido la sangre de una forma que no esperaba. Sin decir palabra, Antonio buscó la mano de Berta. Sus dedos se entrelazaron con firmeza, casi con urgencia. Ella lo miró sorprendida, pero se dejó guiar mientras él la sacaba de la fuente. Una vez que el seto alto de los jardines comunes les sirvió de escudo, ocultándolos de la vista de los vecinos y del bullicio de la plaza, Antonio se detuvo en seco. La miró con una intensidad oscura, recorriendo con la vista su rostro hasta detenerse

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