Un rostro muy familiar

4804 Palabras
    Desperté por el sonido de la bocina del transporte escolar, la reconocería a kilómetros de distancia. Aún cuando pocas veces usé el transporte escolar, recordaba su sonido, cada mañana, era la señal que indicaba que tenía diez minutos para terminar mi desayuno.     Observé las vetas de la madera del techo y conté una a una las manchas ovaladas que se hacían en la madera. No quería moverme, quería quedarme ahí congelada en el tiempo sin pensar en nada más, contaba las manchas para no pensar, para no dejar que los recuerdos inundaran mi mente y me paralizaran.     Mi   estómago comenzó a rugir con fuerza, no podía seguir ignorándolo. Miré el reloj en mi móvil y era casi medio día. La última vez que comí algo, fue antes de conducir hasta aquí. Estaba castigando a mi cuerpo sin razón, no era justo.     Tomé una ducha y conduje hasta el supermercado. Estar allí me recordó los viernes después del instituto, veníamos aquí para equiparnos para la noche de películas. Cada uno tenía derecho a elegir una película, y la tercera la escogíamos al azar de una selección variada. Él casi siempre ganaba, casi siempre hacía trampa, de eso estoy completamente segura.         Entré sintiendo que regresaba en el tiempo diez años atrás, porque ese fue el último tiempo en el que fuimos solo nosotros, antes que la universidad nos distanciara y la dosis de realidad llegara.     Cogí un carrito de compras y comencé a pasear por los pasillos. Era increíble que estando aquí toda mi vena culinaria desapareciera. Veía los productos en los estantes y eran sólo eso, productos. Ya no eran los ingredientes de una mezcla perfecta para deleitar a los comensales, una obra de arte aún sin completar.     Escogí lo más sencillo de preparar, sintiendo que si Lucy me viera, estaría avergonzada de mí; yo misma lo estaría, si no tuviera la mente y todo mi ser embotado, inundado de pasado, casi sin poder respirar.     Los macarrones con queso me sonrieron cuando le añadí unos cuantos compañeros, seguido de cereal azucarado, pan para tostadas, algo de queso, huevos y yogurt. No necesitaba nada más para un par de días.     —Un par de días… —repetí en voz alta sin poderlo creer. Se suponía que no sería más de una noche cuando llegué a casa. A casa de mi madre y ahora compro comida para un par de días. Este lugar estaba confundiéndome más de la cuenta.     —¡Sabía que eras tú! —su voz me tomó por sorpresa al tiempo que sentía su mano sobre mi hombro.     Giré y me encontré con su rostro sonriente. Lucía igual que hace años, se veía de la misma forma. Esos ojos azules vibrantes capaces de derretir cualquier glaciar, su brillante sonrisa con el toque justo de inocencia. Eran tan parecidos si los veías en la calle, cuando los detallabas, no podrían ser más diferentes.     —¡Tú! —Lo abracé con entusiasmo, fueron demasiados años sin verle. Sabía que eso era mi culpa.     —En definitiva los milagros existen. No pensé que volvería a verte, extraña —lo dijo con cierto tono de queja en su voz.     —Lo sé. Estuve muy ocupada…     —No necesitas mentirme. A mi no. —negó con una sonrisa en una fina línea.     —Yo…     —Felicitaciones, tú mamá me dijo que estabas comprometida. —Sostuvo mis manos y sus ojos buscaron un anillo que no consiguieron—. Veo que ahora son modernos...     —Terminamos. —Solté sus manos, asiéndome con fuerza al carrito de compras.     —Lo siento... ¿Qué pasó? ¿Te engañó? Si es así, es un imbécil. Puedo ir a Nueva York y tener una conversación con él..     —Tranquilo. —Lo detuve al ver su exaltación—. Sólo no funcionó. —Hice una pausa recordando los motivos. La verdad, él era perfecto, un caballero, se preocupaba por mí, cuidaba los detalles y a pesar de que casi nunca tenía tiempo y olvidaba las fechas especiales, él lo entendía—. No fue su culpa, él.. no hizo nada mal..     La expresión en su rostro se dulcificó, pude leer la compasión en su mirada y no conseguía entender el por qué.     —Por supuesto, que no lo hizo. Su único error es que no era él.      No lo entendí al principio, hasta que enarcó su ceja y sonrió negando con la cabeza.     —Nunca estuvimos involucrados de esa manera y tú más que nadie lo sabes     —Créeme que justo por eso lo sé mejor que nadie. Él fue la razón por la que terminamos, nunca voy a olvidarlo. —Se rió acariciando su mejilla como si de pronto el recuerdo de un golpe se sintiera en su piel.     —Eso no es del todo cierto... solo... Siempre tuvo que competir contigo, por todo y yo durante mucho tiempo, fui esa persona por la que  nunca tuvo que competir por su atención... hasta ese momento.     Hubo un silencio incómodo entre ambos, no había mucho que decir. En algunos momentos me pregunté cómo sería mi vida de continuar mi relación con Aaron. Si él lo hubiese tolerado y no hubiese tenido que elegir.     —Lo importante es que estás aquí —dijo él con una sonrisa genuina.     —Si, estoy empacando las cosas de mi habitación. Nunca pensé que tendría que despedirme de esa casa.     —Me resultó difícil de creer cuando mi madre me dijo. Es una gran casa.     —Si, lo es. Mis hermanas hicieron su vida en Los Angeles, yo estoy en Nueva York. Así que lo mejor para ella estar cerca de las niñas —dije haciendo referencia a mis sobrinas.     —Si, supongo que de eso se trata la vida.     —Si y hablando de eso, también supe que vas a casarte. Felicitaciones —le dije palmeando su espalda.     —Si, perdiste tu oportunidad, De la Rosa —se burló— Ella es maravillosa. Nunca creí que encontraría a alguien que compaginara tanto conmigo, somos similares y muy diferentes a la vez. —Su rostro se iluminaba mientras hablaba de ella, me pregunté si así me vi alguna vez hablando de James.     —Les deseo lo mejor, de verdad.     —Espero que vengas a la boda, ni creas que podrás librarte. Es más, me gustaría que la conocieras esta noche, tenemos una reunión en casa de  Steve Mcwayer, deberías venir. No... —se corrigió— Tienes qué venir.     —Tengo mucho que empacar... —comencé a excusarme. No quería enfrentarme a la posibilidad.     —No necesitas hacer esto.. Él no vendrá, al menos no hasta Navidad. Así que no tienes de qué preocuparte.     —No estoy preocupada... —negué colocando mi cabello detrás de mis orejas. Vi su mirada hacerse más afilada mientras reprimía una risa.     —Creo que nunca pensé en verte con el cabello tan corto. —Sus ojos se detuvieron en mi cabello y mi mano se congeló a medio camino en mi pecho. Tenía tantos años llevando el cabello de esta forma que los recuerdos de mi cabello de otra forma eran muy borrosos.     —Si... lo usó de esta forma desde hace tantos años que no puedo imaginarme de otra forma.     —Podría apostar que lo cortaste hace unos —movió sus manos como calculando— seis años ¿estoy en lo correcto? —Su mirada me atravesó llevándome de forma involuntaria a ese día.         Mi mente sin querer se fue a otro lugar, uno varios años atrás.    Llevaba un mes sin vida, trabajaba sin cesar en un restaurante y en mis días libres no salía de la cama. Había un profundo agujero donde días antes estuvo mi corazón. Nunca me sentí de esa forma, como si una parte vital de mi hubiese sido arrancada a la fuerza.     Un día mientras hacía las compras, que para ese entonces sólo consistía en helado, macarrones en caja, pan y cereal, me encontré con Lucy, fuimos juntas al mismo instituto donde cursamos estudios culinarios. Ese día se convirtió en mi mejor amiga.     —¿Qué te pasó? ¡Luces terrible! —exclamó sorprendida tan pronto me vio. La expresión de incredulidad en su mirada fue la bofetada fría que necesitaba, ella sirvió de espejo para que me diera cuenta la miseria en la que estaba sumida.     —Sólo es un mal día. Fue un gusto verte, Lucy. —Intenté esquivarla en el pasillo,  ella me cortó el paso con el entrecejo fruncido.     —¡Un mal mes, diría yo! ¡No me importa cómo se llama, ningún maldito merece tanta atención y mucho menos vale tanto para que verte como la mierda!     —¡Lucy! —exclamé disgustada, ella era afilada como una hojilla y transparente como el cristal, no tenía pelos en la lengua y carecía de filtro la mayor parte del tiempo. Se parecía mucho a él, incluso en las palabrotas.     —¡No me vengas con Lucy! —me remedó —¡En este preciso momento vamos a cambiar todo esto!     —Me señaló con una mueca de desagrado. Observó mi canasta negando con la cabeza como signo de desaprobación por mis compras.     —Voy a tolerar esto, porque un día más es todo lo que le concederás. —Revisó mis compras de forma despectiva—. Vas a atiborrarte de helado y toda esa comida, que no debería llamarse comida en absoluto; vas a llorar si quieres hacerlo y será todo, porque lo vas a sacar de tu sistema hoy. Mañana tú y yo iremos a un lugar que te hará sentir mejor. —Me prometió.     Y tuvo razón. Me hizo sentir de maravilla.     Tal como ella me ordenó, lloré todo lo que aún me faltaba por llorar, que no era mucho, creo que las lágrimas se me acabaron ese día.  Me atesté de comida chatarra y me dormí viendo nuestra película favorita, El Señor de los Anillos, la trilogía entera.      Al día siguiente, Lucy vino a verme con el desayuno. El entrecejo fruncido, la nariz levantada y los labios en una fila línea, se unieron en un profundo gesto de desagrado al ver el caos de mi apartamento. Hizo una llamada mientras comíamos y antes de marcharnos dos mujeres limpiaban mi apartamento. Nunca lo vi tan limpio como al volver esa tarde.     Lucy me llevó a un spa, estuvimos toda la mañana y parte de la tarde en ese lugar, los cuidados que recibí ahí alejaron por completo el malestar en el que vivía, recordándome lo mucho que me olvidé de mí. Ese día fue un nuevo despertar, uno que requirió un cambio drástico que me alejó de la que fui junto a él. Aquel cambio era casi como volver a nacer, estuvo conmigo casi mi vida entera, era como cortar una parte de mi ser y por muy doloroso que resultó, fue lo que hice, arrancar de raíz la parte de mi que dejó cuando se fue, cuando me abandonó. Y una forma de empezar de cero a reconstruirme, fue olvidarme de mi larga y rebelde cabellera rubia que él siempre adoró. ***     —Veo que dí en el blanco, te fuiste una eternidad. —Aaron chasqueó los dedos observándome fijamente, haciendo que regresara a la realidad.     —Estoy bien. —Sacudí la cabeza, liberándome de esos recuerdos. Regresar a Rochester me estaba afectando mucho más de lo que esperé. Debía irme cuanto antes.     —Deberías repertirlo más veces, a ver si comienzas a creerlo.     —Debo irme, Aaron. Fue un gusto verte. —Intenté alejarme y él me cercó.     —No puedes rechazar mi invitación después de alejarte tantos años y castigarnos por algo que hizo mi hermano. —Su expresión era seria y determinada, no permitiría que me fuera de ahí.     —¡Está bien! —accedí resignada— Pero, ¡tú mismo te asegurarás de que todo esté en cajas y dentro de mi auto! —Lo apunté con mi dedo— ¿Entendido?     —Lo prometo. —Levantó su mano derecha con solemne seriedad que después de un minuto se disolvió con una de sus contagiosas sonrisas.     Olvidé lo contagiosa que era la luz de Aaron. Él era un chico carismático, encantador y amable., muy dedicado a sus estudios y determinado con sus metas, buen deportista y amigo. Y tanta luz solía opacar muchas veces el hermoso brillo de él, es por esa razón que durante años no pudo soportarlo.     —¿Eso será todo lo que comprarás? —Observó mi carrito de compras con cierta sorpresa—. Creí que eras algo como una chef innovadora. —Levantó la caja de macarrones con queso confundido.     —Te sorprendería las variadas e innovadoras formas que existen de cocinar macarrones con queso. —Le arrebaté la caja conteniendo las ganas de reír.        —Puedo hacerme una idea. Agregar el agua caliente o a punto de ebullición —se burló—¿Eso será todo? —preguntó de nuevo.     —Si, será todo.     —Te acompaño a la caja. ¿Viniste en auto?     —Si, ¿por qué?     —Te seguiré a casa, para asegurarme que no vayas a escapar de regreso a Nueva York y después iremos a esa fiesta.     —Creí que dijiste que se trataba de una reunión.     —Fiesta, reunión,  a mi edad una reunión es lo más cercano que estaré a lo que un adolescente considera una fiesta. Déjame soñar. —Se encogió de hombros conduciendo el carrito de compras hasta la caja.     —¿No confías en mí? —pregunté con fingida indignación.     Se acercó a mí colocando su rostro a unos centímetros del mío, antes aquella cercanía paralizaría mi respiración haciendo a mi corazón latir desbocado. Ahora, él representaba un antiguo amor y un viejo amigo que volvía a ver después de un largo tiempo. Gestos como estos no causaban más que risa y diversión, lo mismo que para él.     —Ni un poco —respondió sonriendo a lo que ambos estallamos en sonoras carcajadas, tanto que las personas detrás de nosotros nos miraban como si de pronto perdimos la cordura. Sin saber que cuando se trataba de Rochester mi cordura siempre se tomó extensas vacaciones.     Ver a Aaron por mi espejo retrovisor era un poco extraño, quizás hasta hilarante, si me detenía a pensar, era casi como regresar a la secundaria mientras yo suspiraba por él y aun después de terminar, él continuaba siguiéndome en los pasillos, porque mi motivo para terminar, le parecía insuficiente y sin sentido, mientras que para mí tenía todo el sentido del mundo.     Tal y como lo advirtió, me acompañó a casa y después nos marchamos a la reunión en su camioneta. De esa forma disminuían mis posibilidades de fuga. Me pregunté una vez durante ese trayecto en auto, ¿qué tan diferentes habrían sido las cosas en mi vida si lo nuestro nunca hubiese terminado? ¿Estaríamos de todas formas en este punto? ¿Era mi situación actual uno de esos eventos inevitables que sin importar las vueltas que da la vida terminas en el mismo lugar? Me encontraba desvariando en mi mente en ese mundo alterno de posibilidades infinitas que nunca sucedieron, cuando la camioneta se detuvo y llegamos a nuestro destino.     —¡Hemos llegado! —anunció satisfecho.     Al bajar del auto me quedé atónita al reconocer esa casa. No recordaba el nombre del anfitrión de esa noche, aunque esa casa sin lugar a dudas la recordaba. Sonreí ante el sentido del humor del destino. Aaron se giró para ver qué tanto me demoraba, y al ver que me reía fue como si eso fuese el disparador para sus recuerdos.     —Esta noche promete. —Sonrió—. Vamos, estoy seguro que más de uno se sorprenderá de verte. Se sentía extraño estar en el mismo lugar donde todo inició una vez entre nosotros, si cerraba los ojos podía recordarlo como si sucediese ayer:     —Deberías beber más despacio —escuché su voz aterciopelada. Di un brinco por la sorpresa derramando parte de la cerveza sobre mis pantalones.     —¡Demonios! —Dejé el vaso en la mesa buscando con qué secarme—. Por poco me matas del susto.     —Violeta maldiciendo. Pasas demasiado tiempo con Lucas. —Aaron avanzó sonriendo—. Déjame. —Levantó una toalla de papel ayudándome a secar la humedad. Tenerlo tan cerca hizo que mi corazón latiera muy fuerte y la sangre bullera a mi rostro. Levantó la mirada y sus ojos azules se pasearon por mi rostro.     —Gracias... —murmuré apartándome. Era como si tuviese que contener la respiración cerca de él.     —¿Dónde está mi hermano? Creí que eran algo así como siameses —preguntó apoyando los brazos sobre la mesa para soportar su peso.     —Debe estar por ahí con alguna de sus admiradoras. —Miré hacia la sala donde la fiesta continuaba—. Le pedí que fuera con sus amigos, porque si lo tenía cerca no podría conseguir una cita. Las personas seguirían pensando que Luke y yo somos algo más que amigos.     —Es una pena —dijo él.     —¿Qué cosa? —pregunté confundida acerca de lo que se refería.     —Qué decidiera separarse de ti esta noche. De esa forma tendré más competencia. —Volvió a mirarme y esta vez su mirada era seria. Nunca antes me miró de esa forma, como si me mirara por primera vez. Se acercó y retiró mi cabello colocándolo detrás de mi hombro, después dejó caer su mano y rozó la piel desnuda de mi brazo, causando un placentero cosquilleo que me hizo suspirar.     Sus últimas palabras resonaban en mi cabeza como si fuesen producto de mi imaginación. Había dicho que tendría más competencia. ¿Acaso se refería a lo que yo creía? No tenía sentido.     —No entiendo… —negué entre balbuceos. No quería hacerme ilusiones por haber entendido algo que no era.     Él se rio soltando una sonora carcajada que me hizo sonreír.     —No puedo creer que tenga que convencer a una chica que me interesa. —Sus labios se curvaron en una tímida sonrisa y extendió su mano sobre la mía. La piel ardía en ese lugar donde me tocaba.     —¿Yo…te.. intereso? —pregunté de forma entrecortada. Esto solo ocurriría en mis mejores sueños—¿por qué? —La pregunta salió antes de poder detenerla.     —Eres dulce, amable, hermosa —Sonrió de nuevo mordiéndose el labio— y veo la forma tan feroz en la que defiendes a mi hermano, que te preocupas por él. Tiene mucha suerte de tenerte. —Suspiró volviendo a apoyarse en la mesa mirando al frente.     —Creo que yo soy la que tiene suerte de tenerlo en mi vida. Él me empuja a vencer mis miedos.     —Él es la mejor versión de si mismo cuando estás cerca. —dijo él y esa frase me molesta. La tendencia de su familia a subestimarlo.     —Te equivocas. Él siempre es su mejor versión. Sólo que ustedes están demasiado ocupados para notarlo. Sólo ven sus errores. Eres igual a tus padres. —Dejé el vaso en la mesa y salgo de ahí molesta con él. Aaron es un chico increíble, pero no voy a tolerar que intente hablar mal de su hermano.     Lo escuché llamarme cuando salí de la casa. No sabía por qué la necesidad de irme. Sentí su mano en mi brazo que me detenía y tuve girarme para encararlo.      —Sé que debes odiarme —dijo él y yo fruncí el ceño mirando su mano que aún me retenía, al ver mi expresión me soltó suspirando. —No intentaba hablar mal de él, menos a ti que eres su mejor amiga —dijo respondiendo a mis pensamientos— Sé que Luke me detesta y lo entiendo. No fui un buen hermano mayor cuando éramos niños, al darme cuenta ya él era un adolescente, no me escucharía.     —¿Tienes una idea de lo que es para un niño crecer pensando que nada de lo que haces es suficiente bueno? —Di un paso al frente— ¿Sintiendo que tus padres no te aman? ¿Qué nada de lo que hagas será suficiente? —Él permaneció en silencio cabizbajo—. Por supuesto que no —Me reí con ironía—. Eres el hijo estrella. Luke se esforzó por sobresalir, por ser como tú, nunca lo notaron. ¿Sabes lo triste que es que un niño de diez años se rinda?      —¿Se rinda? —Levantó la mirada confundido y una arruga se marcó entre sus cejas.     —Luke siempre fue un friki de los números. Es fácil para él. Tiene una mente brillante, para él no es necesario anotar las cosas, hacer resúmenes y pasar horas estudiando, porque tiene una enorme capacidad de retención. ¿Sabes cuál es el problema? —pregunté y él negó con la cabeza— Él no cree en sí mismo, en lo que es capaz de hacer si pone esfuerzo, así que no lo hace.     —No lo sabía...     —Claro que no lo sabías. ¿Por qué habrías de hacerlo? Si estás tan ocupado siendo el hijo perfecto que te es muy difícil notar a tu hermano.     Sabía que estaba siendo muy dura; era el momento de hacerlo saber. Me mantuve en silencio muchos años viendo como su familia lo lastimaba.     —Lo lamento mucho... —dijo después de un tiempo. Podía notar el arrepentimiento en su mirada y el dolor.     —No es a mi a quien debes pedirle disculpas.     —Él no escuchará.     —Hazlo que escuche. —Le dirigí una tenue sonrisa y su expresión se suavizó—. Las palabras no sirven con Luke, tienes que demostrarle que lo sientes. Y él no te detesta.     —¿No?     —No. Tal vez a tus padres, más a tu padre que a tu madre. A ti no te detesta, sabe que no es tu culpa ser tan perfecto. —Levanté uno de mis hombros mordiendo mi labio porque para mi era perfecto en muchas formas—. Es sólo que a él le gustaría ser tú. Eres su hermano mayor, te admira, eres su modelo a seguir; aunque no quiera admitirlo.     —Eso es difícil de creer cuando cada palabra que sale de su boca está cargada de resentimiento.     —Eso es sólo un caparazón. Cuesta mucho traspasarlo, cuando lo logras, no te arrepientes.     —Para ti parece haber sido muy sencillo.     —Bueno fui muy insistente en ese entonces. No le di alternativa. Él me necesitaba y yo a él.      —Eso se traduce en que eras una acosadora —bromeó él sonriendo.     —Me gusta pensar más en mi como perseverante.     —¿Estamos bien entonces? Ya no soy un imbécil para ti? —preguntó metiendo las manos en los bolsillos delanteros de sus vaqueros.     —Aún no estoy segura. Luke no es el único que no escucha las palabras.     —¿No? —pregunta con una sonrisa ladina.     —¿Qué puedo decir? —Levanté las manos con fingida inocencia—. Eso es ocurre cuando pasas demasiado tiempo con alguien.     —¿Te gustaría pasar parte de ese tiempo conmigo? —preguntó y yo me quedo con la boca abierta. Eso en definitiva no me lo esperaba.     —Yo… —No fui capaz de articular una frase coherente en estos momentos.     —¿Qué te parece si damos un paseo para empezar? —sugirió él.     —Le prometí a Luke que no me iría de la fiesta sin él.     —No iremos muy lejos. Sólo un par de calles. El cielo está impresionante. —Levantó la mirada señalando el cielo estrellado sobre nuestras cabezas. Tenía razón —. Regresaremos antes de que lo note.     —No lo sé..     —¿Crees que sería capaz de lastimarte? —pregunta con seriedad mirándome con fijeza. Trato buscar algún indicio que me haga rechazar su invitación, pero es Aaron, el hermano de Luke. Lo conocía desde que somos niños. Además del hecho que Luke enloquecería si se enterara, no creía que existiera peligro—. Sólo dame una oportunidad. —Me ofreció su mano rogándome con la mirada que aceptara.     —Una sola oportunidad, si la arruinas es tu problema. Estas fregado. ¿Esta claro? —Lo apunté con el dedo mostrándome lo más segura que pude en su presencia.     —Lo tengo muy claro. ¿Vamos?      —Una cosa más. —Me detuve.     —¿Qué?     —Luke no puede saberlo. —Lo miré con seriedad.     —¿Por qué? No creo que haya nada de malo en que te invite a salir.     —No podrías entenderlo —negué suspirando— Puede que no seas responsable de lo que tus padres hacen, ya tiene demasiado por lo que sentir que tiene que competir contigo. No quiero darle una nueva razón.     —No tiene por qué ser una competencia —dijo él soltando un suspiro mezclado con una especie de risa confusa.     —Quizás no para ti, lo será para él. Y me mataría ser la responsable o estar en una posición donde sienta que estoy forzada a elegir.     —Yo nunca te pondría a elegir.     —Puede que Luke si.. es más.. —reí negando con la cabeza— Lo conozco lo suficiente para estar seguro que lo haría. Y debes saber que si eso sucede, no será necesario meditar mi respuesta. Lo escogeré a él, siempre. No es algo que deba elegir.     —Guau.. —soltó un silbido— Creo que ahora me gustas más. Y te prometo que intentaré que sientas por mi al menos una décima parte —juntó su dedo y su pulgar dejando un pequeño espacio de separación— de lo que sientes por él.     —Lamento si es demasiado para una pre—cita.. —Coloqué detrás de mi hombro mi cabello desviando la mirada. Después que solté todo los reclamos no me quedaba tanta fuerza para enfrentarlo. Nunca me cohibí frente a los chicos,pero Aaron no era cualquiera, él era mi amor platónico desde que era una niña.     —Es justo. De esa forma se con seguridad dónde estoy parado y el largo camino que me queda por recorrer. —Entrelazó sus dedos con los míos antes que pudiera evitarlo y ese leve cosquilleo que sentí al inicio se extendió por todo mi cuerpo. Sentí un frío en mi estómago que me hizo difícil controlar.      Con la mano libre coloqué el resto de mi cabello detrás de mi espalda y deslizó el pulgar bordeando mi rostro, hasta detenerse en mis labios. Los rozó con delicadeza mientras sus ojos no dejaban de mirarlos, mi mirada también estaba en sus labios. El corazón me latía con fuerza y escuchaba como su respiración se hacía más pesada. No podía soportarlo más. Coloqué mi mano sobre su pecho y tomándolo de la camisa eliminé la distancia que nos separaba, juntando mis labios con los suyos.     Fue el mejor beso que tuve. Al inicio fueron solo sus labios sobre los míos,  como si fuese consciente de lo acaba de suceder, separó sus labios al tiempo que yo separé los míos aumentando la profundidad del beso. Sabía a una mezcla de menta y un poco de cerveza, como si no hubiese bebido más de un trago. Su mano se mantuvo sobre mi cuello mientras nos besábamos y fuimos forzados a separarnos para poder recuperar el aire.     Respiramos agitados, sus labios estaban algo rojos por el beso e imaginé que los míos debían lucir igual. No sabía como sentirme en este momento, qué decir o cómo actuar. Así que me mantuve en silencio.     —¿Damos un paseo? —preguntó dando un leve apretón en nuestras manos entrelazas. Yo asentí con lentitud y él se inclinó de nuevo dejando un corto beso en mis labios— En definitiva puedo acostumbrarme a esto.    Dimos un paseo por unos veinte minutos, las calles estaban desiertas y la brisa era tan fría que erizaba mi piel, cuando Aaron lo notó, pasó su brazo sobre mis hombros, atrayéndome a él para calentarme. Caminamos de esa forma el resto del trayecto mientras veíamos el cielo estrellado y con cada paso que dábamos de regreso a la fiesta, sentía una punzada de culpa en mi pecho que no era capaz de alejar.     El sonido de una bocina me despertó del sueño de los recuerdos, al estar en Rochester sería muy fácil perderme, tenía que cuidarme si no quería terminar con el corazón roto una vez más.     Le seguí adentro, esperando que fuese de esa forma que no terminara yo siendo la sorprendida, porque dos de nosotros en este lugar no se sentía como si algo bueno fuese a salir de todo esto.      Quizás mi intuición estaba equivocada, ojalá y si.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR