Capítulo 4

2163 Palabras
Salgo de la oficina de mi nuevo jefe y me topo con Maria apenas llego al gran salón, parece de esos que se ven en las películas. - ¿Cómo te fue pequeña? - me pregunta apenas me ve y yo le sonrió ampliamente dándole la respuesta que espera. - ¡Muy bien! Tengo trabajo...- suelto y me pongo a dar saltitos de alegría como una niña chiquita. Ella me abraza de manera cálida y muy cariñosa. - Maravilloso pequeña, ahora vamos, que te indicare cual es tu habitación y todo lo que tendrás que hacer ahora que trabajaras aquí - suelta igual de emocionada que yo. Pienso en todo lo que se viene y es imposible no emocionarme, menos, cuando pienso en el dinero que ganaré a partir de ahora. Tengo que llamar a mis padres apenas tenga un tiempo libre para darles la buena noticia. Se que por una parte se pondrán triste por que no volveré y nos veremos una vez al año con suerte pero donde podré ayudarlos económicamente pero por otra parte, se que estarán muy felices por saber que tendré un trabaje estable y honesto. Por sobre todo lo último, ya que por sus cabezas pasaban muchas sobre lo que podía ver y vivir en la gran ciudad. Las viejas chismosas del pueblo les dijeron cada cosa, que ya me imagino todo lo que deben de haber pensado. Obviamente haré cosas que no son de su agrado, por que tampoco soy una santa paloma pero me cuidaré, como siempre lo he hecho. Además, mientras no sepan que hago en mis tiempos libres, todo bien. Maria me toma de la mano y me lleva a una parte de la gran mansión donde al parecer están las habitaciones de las personas del servicio, de las que trabajan aquí. Me topo con una chica que se ve muy amable, nos saludamos brevemente para luego seguir hasta un cuarto que al parecer, ahora es el mio. - Aquí vivirás y dormirás, este espacio es completamente tuyo, así que lo puedes decorar de la manera que más te acomode - me dice y analizó la habitación. No es enorme o LA gran habitación, pero es suficiente para mi y mis cosas, no tengo mucho así que esta más que perfecto. Lo bueno es que tiene una hermosa ventana que da en dirección al jardín y que me permitirá todas las mañanas escuchar el canto de las aves al despertar, situación que me recordara a casa, por que es justo lo que tenia con mis padres. - El señor Santorini me indicó que comenzaré el día de mañana a trabajar - le digo a Maria cuando me siento en la cama y veo que el colchón es bastante cómodo. Muchísimo más cómodo del que tenia en el pueblo, aquí si que dormiré como reina. - Lo imagine, aunque él algo ya me había comentado. La idea es que vayas al hotel en búsqueda de tus cosas para que te puedas instalar hoy mismo sin problema - asiento más que feliz ante lo que dice, ya que es lo mismo que tenía en mente. - Si, además que ahora que se que tengo trabajo, debo comprar algunas cosas que me hacen falta. No quería gastar mi dinero hasta no estar segura - le digo y ella asiente de acuerdo. - Entonces ve y cuando ya estés lista, te digo todo lo que deberás hacer a partir de mañana - dice sin eliminar la sonrisa de su rostro. Maria no es vieja, debe tener un par de años más que mis padres y la manera en que me trata, me da a entender que es muy maternal y que contaré con ella para lo que sea. - Perfecto, iré enseguida entonces - comento poniéndome de pie para comenzar con mi día y no se me haga tarde. Estoy demasiado ilusionada y emocionada con lo que se me viene de ahora en adelante. Salimos ambas de la habitación conversando algunas cosas cuando nos topamos de frente con el tonto de la cafetería. Este hombre ya parece un mal resfriado, llega cuando menos se le quiere. Es guapo, no lo negaré pero su cara de mujeriego me hace encender todas las alarma y querer correr en dirección contrario siempre que lo vea. Y mas ahora, que tiene una sonrisa en el rostro que demuestra lo guapo que es y gran parte de su personalidad, sobre la que ya me hago una idea, debe ser un polla suelta. ¿Cómo una persona con él, puede ser amigo de un hombre como el que ahora es mi jefe? No lo entiendo, son como el agua y el aceite y solo estar con ellos por unos minutos me di más que cuenta de eso. - Bella Maria, Sebastián te necesita en su oficina. Me pidió que viniera por ti - suelta el idiota con esa voz que me llega a una parte de mi cuerpo que no debería y mas cuando lo hace sin dejar de sonreír y verme como lo hace ahora mismo. ¿Qué tanto me ve? ¿Por qué tiene que sonreír todo el tiempo? Bufo y ruedo los ojos, cuando su sonrisa se agranda todavía más al ver como me cruzó de brazos mostrando rechazo ante el, aunque mi cuerpo no esté muy de acuerdo. - Iré enseguida entonces. No la molestes - lo amenaza antes de dejarnos solos. - Por supuesto que no - le responde él, cosa que ni el mismo se cree, menos por la manera en que me ve. Yo simplemente me quedo de pie observando como este hombre que altera mis hormonas, neuronas y el condenado genio, se acerca un par de pasos a mi. ¿Qué pretende? No caeré ante sus encantos, si es eso lo que espera de mi. - ¿Lo puedo ayudar en algo señor Lucas? - decidió ser la primera en hablar para que deje de verme de la manera en que lo hace y me deje sola o salir de aquí. - Hmmm si, que edad tienes? - pregunta sacándome de onda haciendo que frunza el ceño en su dirección. ¿Para que desea saber eso? Quizás para saber si eres legal o no... - Veinte años y usted? - respondo por educacional y me atrevo a preguntar, cosa que ni se por que lo hago. Que me interesa a mi saber la edad de este tipo, no me puedo acercar a él por varios mlricos, y por que me traerá problemas pero no, yo voy y le pregunto aquello. Si seré idiota. El pato Lucas se acerca un paso más a mi quitando un poco su sonrisa dándome una mirada que no sabría descifrar pero que remueve un par de cosas en mi. - Interesante - suelta tocándose los labios mientras ve los míos. - ¿Señor? - le digo con voz firme, aunque por dentro siento que voy a desfallecer en cualquier momento debido a su hipnótica mirada y el olor intoxicante que desprende. Es olor a hombre, a caballero, a s*x symbol. Joder, necesito sacarme las ganas que traigo desde hace meses y mis manos ya no serán suficientes. El espécimen que tenemos enfrente puede ayudar en eso... Niego mentalmente, no, no puedo caer ante los encantos del idiota este. Vuelvo a mi presente y me doy cuenta que estamos mucho más cerca de lo que pensaba. ¿Cuándo se acerco a mi? ¿O yo lo hice? El señor Lucas esta tan cerca mío que solo centímetros nos distancia de que nuestros labios se rocen y sucumban, en lo que al parecer, ambos queremos. - Eres muy hermosa - suelta con la voz ronca, dejando de ver mis labios para ver mi escote, escucho como jadea cuando ve mis tetas y aquello me hace salir de mi burbuja, de golpe. ¡Hombres! Son tan básicos que solo se fijan en el físico de la mujer y este idiota que tengo en frente, no es diferente a los muchos otros que hay en el mundo. Ruedo los ojos y pongo mis manos en su pecho para alejarlo, y no pasa desapercibido para ninguno de los dos, la corriente que nos recorre cuando lo toco. - Tengo cosas que hacer señor, así que si me disculpa, me tengo que ir - suelto amable pero con la voz tensa. Lo aguanto y no lo mando a volar solo por que es el mejor amigo de mi jefe, de lo contrario, ya lo habría golpeado en las bolas, por su descarada coquetería. - ¿Vas al centro? - pregunta sin importarle la distancia que deseo ejercer entre nosotros. ¿Qué no me escucha? - Así es, debo ir por mis cosas, asi que...- le digo y hago el amago de pasar por su lado, pero su mano en mi codo me hace detenerme y querer darle un guantazo en la cara. - Te llevo, yo también voy hacia allá - me dice volviendo a sonreír de oreja a oreja. - No es necesario señor, yo puedo ir sola - le digo tratando de sonar amable. - No es ninguna molestia, de hecho Sebastián me pidió que lo hiciera - dice y maldigo por lo bajo. Si mi jefe lo hizo o no, no tengo como saberlo y rechazar la oferta, ya que en definitiva estaría rechazando al señor Santorini. Lo analizó, pienso por varios segundos, mientras él me ve expectante y siempre sonriente. Maldigo mentalmente por lo que haré. Quisiera borrarle la sonrisa de un golpe. - Bien, agradezco su ayuda, señor Lucas - le digo con los dientes apretados y aparentando una sonrisa de cordialidad que no poseo. - ¡Maravilloso! Y no me digas así, solo dime por mi nombre, Lucas, ya que suena hermoso saliendo de tus labios - suelta dando nuevamente un paso en mi dirección pero reacciono rápidamente y me alejo varios pasos de él. - Mejor vamos, que el tiempo es oro - contesto dándole la espalda y caminando lejos de él con el corazón en la boca. ¡Santa virgencita de los musculotes! No me desampares, ahora que esta hija tanto te necesita. Camino sin ver hacia atrás, no se si me sigue pero por los pasos que siento puedo suponer que si pero me detengo de golpe cuando pienso en algo. Y mierda...no debería haber hecho eso. Siento como un bulto se pega a mi trasero y como unas manos me sujetan fuerte de la cintura, además de un ronco gruñido en mi oído. Mierda, me detuve por que le estaba dando una amplia imagen de mi trasero y no quería hacerlo, pero ahora...ay mi dios, todo es peor. ¡No pienses en lo que estás sintiendo Lorena! No pienses en aquello y alejate, hazlo por tu bien y el de lo que tienes entre las personas. Controla tus pezones para que no te delaten y tragate ese jadeo que se desea escapar de tus labios. Pero el sentir como sus labios se acercan a mi cuello dejando escapar su caliente y sensual aliento, me hacen cerrar los ojos de manera súper inconsciente. ¡Soy más fuerte que esto! Si, lo soy, soy más...fuer... ¡Jodida mierda! - Hermosa - suelta y mi burbuja se revienta antes de ceder. Me alejo de él como si fuera todas las plagas del mundo. - Se-señor, vaya a delante...por fa-favor - le pido lo mejor que puedo evitando ver en dirección a él, así que evito su mirada, cuerpo y todo. Veo de reojo como se acerca a mi, pero antes de hacer algo... - Lorena, todavía no sales? - me dice Maria y yo me giro en su dirección con el corazón saltando en mi pecho y la respiración agitada, como si hubiera corrido un maldito maratón. ¡Gracias señor! - Ahora...v-voy - suelto mirando de manera inconsciente al idiota este que sonríe cuando me ve. - Yo...- va a decir algo el pato descarado cuando es interrumpido. - Lucas, todavía no te vas? Mejor, Samuel me llamó para saber de ti, así que vamos, que nos espera - suelta mi jefe hacia su mejor amigo. El pato descarado gruñe en respuesta por que no le gustó para nada el cambio de planes. Yo suelto un suspiro de relajo al ver que ya no lo tendré más enfrente. - Ya tenía planes, iba a llevar a la señorita Lorena a la ciudad por sus cosas - suelta el idiota viéndome y esperando no se que cosa de mi parte. - No, no se preocupe. Pudo ir sola, que tengan buen día - digo rápidamente y salgo a la velocidad de la luz de la presencia de todos. Apenas estoy afuera de la propiedad comienzo a caminar mientras busco de algún taxi, cosa que sucede un par de minutos después. Diosito, librame de la tentación, por sobre todo una que lleva por nombre...Lucas. No me dejes caer ante él, amén.
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