Me encerré en resto del día en mi habitación, aproveché que mi madre y Elizabeth, estaban ocupadas con los preparativos del festejo de la abuela. No me sentía con ánimos ni de salir al jardín.
Al día siguiente nos levantamos temprano para recibir a los abuelos, los festejos siempre los hacemos en casa de los abuelos, pero esta ocasión mi madre sugirió que fuera en nuestra casa, no quería que mi abuela estuviera batallando con los preparativos y creo que para evitar que el abuelo invitara como es costumbre a medio mundo aun cuando se supone es una celebración íntima, siempre tiene que invitar a sus amigos cercanos, pero siendo acá creo que se limitara y yo lo agradezco no tengo ganas de ver gente, bastante tendré con soportar a mis hermanos.
Tendríamos una comida en el jardín el día estaba hermoso y despejado, yo opté por usar un vestido en tonos pastel, algo elegante, pero casual, solo sería una comida en familia, no tenía que impresionar a nadie, solo quería disfrutar de una tarde con mis abuelos, quería regresar el tiempo y volver a sentirme niña, esa niña que cada que algo le dolía o se sentía triste por algún regaño se refugiaba en los brazos de los abuelos y el dolor pasaba al escuchar las fantásticas historias del abuelo y los regaños de la abuela al desmentirlo por su exageración en sus historias.
Mi familia va llegando y el tío Harold, hermano de la abuela, el tío Andrew, y mis primos Adam y Davis. Así como Elizabeth con Max y William con Alice, en fin, toda la familia. Todos sonrientes y felices, y aunque a mí me da gusto verlos así, yo no me siento bien, algo dentro de mí duele y por instantes quisiera salir corriendo y llorar, llorar mucho hasta acabar con todas mis lágrimas.
—¿Y cómo está la joya de la temporada? He escuchado que mi bella sobrina es la más codiciada. —El tío Harold, dice que ellos han llegado esta mañana de Francia, se han establecido ahí y vinieron para el cumpleaños de la abuela y a pasar la temporada en Londres —¿Cuántos pretendientes oficiales tengo que espantar?
—No te creas tío, no hay tantos como se piensa, creo que en estos tiempos le huyen a ser centro de la atención de su majestad y pretender a su elegido los pone justo ahí en su radar —Contesto al tío con un toque de diversión, él es muy divertido y yo solo quiero olvidar tal vez sus chistes me hagan alegrarme un poco.
—Bueno, es que ¿quién no teme a esa bruja? Y ahora que es una anciana más. Cuando tu abuela debutó, ella ya era reina, imagina la cantidad de años que tiene encima —el tío dice divertido.
—¡Harold! Por Dios, no puedes hacer esos comentarios —La tía Aline lo reprende.
—Pero si solo estamos la familia, además es cierto que todo mundo ya especula que a su majestad empieza a fallarle la cabeza, que ya no razona y que posiblemente pronto haya un nuevo rey.
—Pero, ¿quién ascendería al trono? El único hijo que tuvo su majestad murió muy joven. Creo que la única familia directa es tu cuñado, el Duque, ¿será que él o Andrew, tengan derecho al trono?
—No lo sé, no he analizado esa situación, pero me imagino que si no hay más hijos o familia, sí podría ser que mi cuñado o mi sobrino tengan derecho. —El tío dice, y eso sí, me pone a pensar, que si le pasa algo a la bruja, mi familia ascienda al trono sería muy estresante.
—Pues yo creo que la bruja aún tiene mucha energía, por lo menos la tuvo para hacerme pasar el ridículo en mi primer baile —digo y la tía abre su boca en sorpresa por llamarle yo también bruja, mi tío solo sonríe.
—Relájate, mujer, nadie nos está escuchando y ya te dije: solo estará la familia, bueno, eso creo. ¿Quién es el caballero que acaba de llegar? Sé que lo conozco, pero no lo ubico. ¿Es Anthony? ¿El nuevo Duque Anthony? —Me giro solo para ver entrar a ese tonto con un ramo de flores que le entrega a la abuela. Viene tan sonriente.
—Sí, es él, no sé qué hace aquí, se supone que nadie extraño vendría —digo con molestia —. Los tíos solo me observan y me disculpo con ellos y me voy de ahí, ya que ese tonto venía en nuestra dirección y no quiero tenerlo cerca.
Me voy a un rincón del jardín mientras ese tonto saluda a todos los miembros de mi familia. Se queda conversando con mis primos y mis hermanos. No quiero verlo, así que doy media vuelta para ir a la casa.
—¿No me piensas saludar?
—No, y no entiendo qué haces aquí, ¿no sabes que esta es una reunión familiar?
—Sí, y justo por eso fui invitado, todo mundo me considera un m*****o más y seguramente pronto lo sea —Y aquí estamos de nuevo con sus insinuaciones sin sentido.
—No sabía que mis padres tuvieran planes de adoptar a alguien —se ríe.
—No, no lo están, pero sí tengo las intenciones de ser su hijo.
—Bien, pues que tengas suerte, con permiso.
—¿Me dejarás aquí botado como lo hiciste con las flores? —Abro mis ojos con sorpresa porque no sé cómo sabe que las mandé a un rincón. —Si esas que pusiste en el salón de fondo, llegué a buscarlas y las vi solas y abandonadas.
—Digamos que solo recibieron la misma atención que yo recibí en el baile —Ay, no, mi lengua siempre se va de más, ya no quiero reclamarle, no quiero que piense que me sigue afectando.
—Discúlpame, por favor, Amber, necesito que me escuches, explicarte por qué lo hice.
—Ya te dije que no me interesa y, si tienes algo de decencia, deberías irte. Ya no eres bienvenido en esta casa.