—Tu familia opina diferente.
—Pues quédate con ellos, pero mantente alejado de mí —Digo sin más y me alejo de él, me voy con el abuelo, sé que estando con él no se atreverá a acercarse de nuevo.
Pensaba irme a encerrar a mi habitación, pero no soy yo la que debería irse. Es él, yo estoy con mi familia, es el cumpleaños de la abuela y no es justo que no esté a su lado solo por un tonto engreído.
Paso la mayor parte del tiempo con mi abuelo y el tío Harold, él me hace reír mucho y aunque mi mayor problema está frente a mí disfrutando como si nada con mis hermanos y primos, yo hago lo mismo, me muestro feliz y sonriente, que la verdad es que con las historias del tío es difícil no hacerlo y agradezco doblemente su visita.
Al ir cayendo la noche, entramos a la casa y los caballeros se van al salón de mi padre para seguir hablando de cosas de hombres y las mujeres vamos al salón de mi madre donde tomamos el té y pastelillos. Yo me siento aburrida con las pláticas de mujeres casadas, de sus infortunios, con el servicio, con las cosas de la casa; en fin, opto por salir de ahí e ir a la biblioteca, tal vez un buen libro me ayude a encontrar la paz.
La biblioteca está al final del pasillo y paso justo donde está ese hermoso arreglo, esas rosas rojas que hace unos días hubieran sido mi mayor felicidad, pero que ahora me duelen, me duele, porque no creo que haya sinceridad, no creo que sean de amor verdadero, no puede alguien decir que te ama y al mismo tiempo lastimarte. Y vamos, ni siquiera es lo que lo esté diciendo: eso es solo lo que dijo el ama de llaves, tal vez el tonto ni siquiera sabe lo que significan y solo es parte de su juego de disculpas.
Decido que mejor alejarme de ahí es tan doloroso. Camino en sentido contrario y tomo un pasillo que lleva a la cocina y al final de ahí está el jardín trasero. Paso por la cocina y veo que hay restos de la comida, hay tarta y una botella de vino. Como un pedazo de tarta, y sin pensar tomo la botella y la llevo conmigo.
Me siento en una banca del jardín, observo cómo va anocheciendo y disfruto de la brisa. Veo la botella, jamás he probado esto, no lo tengo permitido, pero cuando William, estaba por perder a Alice, decía que solo esto le calmaba un poco el dolor. Tal vez me ayude a calmar el mío, así que sin más le doy un sorbo grande.
Ay, tiene un sabor amargo y raspa, pero al final es dulce, tal vez si ayude, así que doy otro sorbo, el cual ya no me raspa tanto y así voy dando uno más y otro. No paro hasta que veo que no queda nada, intento ponerme de pie, pero el piso se mueve.
—Pero ¿qué has hecho? —Siento que alguien me sostiene, giro mi rostro para ver que es el tonto de nuevo.
—Suéltame.
—Si te suelto, irás directo al piso. ¿Por qué has bebido? ¿Te tomaste tú sola toda esa botella?
—Sí, yo solita, sabe deliciosa y William, tenía razón si cura el dolor.
—Sabes que esto ha sido una impudencia, no debiste hacerlo si alguien te ve así.
—Todos están ocupados, nadie me verá y este es mi jardín, nadie tiene permitido entrar, ni tú, así que vete.
—No pienso irme y menos dejarte así. Estás actuando como una niña, una niña que se pone a hacer travesuras.
—¿Eso soy para ti? ¿Una niña? Claro por eso me botaste, porque para ti sigo siendo una niña, una niña con la que puedes jugar —Me giro para verlo de frente, lo tomo de su saco con mis manos —Pero te voy a demostrar que ya no lo soy, ya no soy esa niña —Sin más lo beso, lo beso con tanta intensidad, puedo sentir como él me corresponde y la vida se me va en ese beso. Y tal cual lo digo, se me fue la vida en ese beso, ya que es lo último que recuerdo.
Abro mis ojos y me encuentro en mi cama, no sé cómo llegué aquí, quién me puso mi camisón, nada, ¡dios, no recuerdo nada! Bueno, sí, el beso, pero ¿será que solo fue un sueño? ¿De veras lo besé? ¡Ay no! Si eso pasó, Dios no, sería un escándalo mi deshonra. No sé qué fue real y que no, tal vez imagine todo, solo fue por el vino. Sí, seguro, eso debió ser, ¿o no?
Ahora la tonta soy yo. ¿Cómo pude hacer semejante tontería? ¿Qué pensará de mí? Bueno, en caso de que eso haya sido cierto, porque no sé si tal vez todo lo soñé y solo fue mi imaginación.
No, puede ser todo lo que una botella de vino puede ocasionar; ya sé por qué nos lo prohíben. Definitivamente, no es una bebida para una mujer. Bueno, creo que no es recomendable para nadie y menos estando uno con el corazón herido. ¿Y si le dije algo más? ¿Cómo es que veré a ese tonto de nuevo? Se va a burlar de mí si dije algo imprudente. Bien, creo que lo mejor será hacerme la que no recuerda nada. ¡Ay, no, pero ¿así cómo sabré lo que en verdad pasó?
Si fue verdad, tendré que casarme con él, pero así no, no por mi tontería, no por mis tontos deseos de niña, no eso no, no quiero un matrimonio por compromiso, sino uno por amor, o bueno, por lo menos con él, no quiero que sea algo forzado.