Estoy nerviosa por este día. Lucy me avisa que Anthony, ha llegado y yo siento que mis piernas tiemblan, mi estómago se revuelve y mi corazón se acelera. Cuando voy bajando las escaleras, él me espera al pie de ellas. Al verme me sonríe y ese solo gesto me hace sonreír de felicidad. A ver que me mira con admiración.
Al llegar a él, me dice por primera vez en la vida que me veo hermosa. Yo pregunto incrédula si es verdad, porque creo que tal vez escuché mal, pero él me lo confirma y me dice que siempre lo he sido, estoy que no lo creo. Se está portando tan galante, tan atento.
En el coche no sé qué hacer, me siento muy, pero muy nerviosa, pregunto a dónde iremos y solo me dice que será una sorpresa. Siento miedo por todas estas emociones, me da miedo que mi corazón no lo soporte y reviente. Solo observo por la ventana, veo cómo nos vamos alejando de la ciudad, puedo sentir su mirada.
—Listo, hemos llegado —Escucho su voz y me giro para salir del coche.
—Pero este es el parque donde jugábamos —digo con sorpresa. No imaginé venir aquí, es un parque que está a las afueras de la ciudad. Nos gustaba venir aquí, ya que casi nadie viene.
—Sí, y cómo ves, sigue hermoso y solitario —Me da la mano para poder bajar del coche y veo feliz el lugar. Es un bello parque lleno de flores. De niños pasamos grandiosos momentos aquí.
—¿Seguirán nuestros columpios? —le preguntó sonriente. Mi padre mandó poner un par de columpios para nosotros, ya que sabía que nos gustaba jugar aquí.
—Lamentablemente no, hace muchos años que no venimos, pero ven —me dice para que lo siga y voy con él. Lucy, solo nos sigue a distancia.
—Los de nosotros ya estaban un poco desgastados, pero mandé instalar estos. —Me muestra unos hechos con madera y un par de cuerdas gruesas, las cuales cuelgan de los grandes árboles que rodean el parque.
—¡Qué hermoso! —Digo emocionada.
—¿Quieres subir? —Asiento emocionada con la cabeza. Me subo y él me ayuda a impulsarme. Se siente tan bien, siempre me ha gustado la sensación de la brisa en mi rostro cuando me elevo, es como si pudiera volar.
Cuando ya he tomado un poco de vuelo, él sube al de a un lado y estamos ahí como cuando niños, elevando nuestros cuerpos, sintiéndonos libres, habían olvidado esta sensación de libertad, de tranquilidad y de disfrute. Me olvido de todo y solo disfruto. De frente hay un lago bellísimo. Pasamos un momento ahí y después paramos y bajamos.
—¿Disfrutaste? ¿Te gustó?
—Claro que sí, me encantó, fue como volver a ser niños, por un momento me olvidé de todo y me sentí tranquila y feliz.
—Eso es lo que quería, verte tranquila y feliz.
—Gracias, estar aquí me ha traído muchos recuerdos.
—Sabía que te gustaría.
—Me conoces muy bien, sabes que preferiría un lugar así que un lugar que sea sensación.
—¿Tienes hambre? —Asiento.
—Bien vamos —Vamos de nuevo al coche, me siento tranquila, estará en ese lugar fue como recuperar un poco de la tranquilidad que había perdido, él no dicho nada, pero aun así creo que estar en ese lugar que siempre ha sido nuestro lugar fue mágico, no hubo necesidad de nada, más que estar ahí con él para sentirme feliz.
Avanzamos, él solo me sonríe y yo a él. Ya no hay esa tensión, es como antes, con naturalidad, con confianza.
—¿Tu casa? —Digo una vez que se detiene el coche.
—Sí, ¿por qué te sorprende? Has venido muchas veces —dice con naturalidad.
—Sí, pero antes no…
—No era tu pretendiente, lo sé, es por eso que Elizabeth, nos espera, estará como tu chaperón.
—¿Elizabeth?
—Si le pedí a tu hermana que fuera tu chaperón, pensé en enviarte algún lugar, pero pensé que tal vez te gustaría comer le pescado con verduras que la abuela me enseño a preparar.
—¿Lo preparaste tu?
—Si, se que hace años que no lo hago, pero hoy es un día especial y a ti te encanta —Y si, su abuela lo preparaba riquísimo y le enseño a él hacerlo, se que no es propio de un caballero, pero su abuela tenia ideas muy libres y decía que teniendo manos cualquiera puede cocinar.
Pasamos su cas es muy bella, y hace mucho que no vengo, desde que crecimos y el asumió el titulo para ser exactos de eso hace ya tres años. Desde ese momento el asumió su responsabilidad como Duque y dejamos de hacer muchas cosas.
—Hermana, ¿Por qué no me avisaste? —Reprocho a Elizabeth, una vez que entramos a la casa, ella esperaba en el salón con un libro en las manos como siempre.
—Anthony, me dijo que quería darte una sorpresa, si te decía tal vez decías algo o hacías algún berrinche y por nada iba a perder la oportunidad de probar de nuevo ese pescado con verduras —Todo mundo me habal como si fuera yo aun un aniña que hace berrinche —Yo comeré en la terraza —Elizabeth, dice una vez que Anthony entra y sale.
Sigue siendo tan informal, se le solicitó su presencia como chaperón, es para que esté cerca y no estemos solos, pero ella simplemente se sale.
—¿Y te molesta estar a solas conmigo?
—No, no es eso.
—Te pongo nerviosa —se acerca y me dice casi al oído.
—¡Sí! ¡No!
—¿No? ¿O sí?
—No, no tengo por qué ponerme nerviosa —Me alejo, porque estoy qué tiemblo. Sentir su respiración tan cerca me hizo sentir una sensación extraña por todo el cuerpo.
Tomamos asiento y él personalmente me sirve, no hay nadie más, él me atiende con esmero y la comida está riquísima, justo como lo recordaba, como su abuela lo preparaba y, aunque es algo extraño verlo a él tendiéndome, se siente bien. Me hace sentir consentida, querida.
—¿Te gustó?
—Estuvo riquísimo, extrañaba tanto comer esto, pensé que nunca lo volvería a comer.
—Pues de ahora en adelanto te lo prepararé cada vez que lo desees. Quiero darte todo lo que desees y sobre todo eso que te haga feliz, que te haga tener esa bella sonrisa en tu rostro. Y antes de que digas algo o te niegues, quiero explicarte lo del baile. Yo no te bote, esa jamás fue mi intención. Yo estaba feliz de estar a tu lado y solo deseaba estar así el resto de la noche, estaba tan feliz que olvidé que les había prometido ese baile. Sabes que hay muchos rumores de su familia y por ello no han tenido visitas ni propuestas en esta temporada, solo quiero ayudar y funciono. Rachel, ya ha recibido la vista de un par de caballeros —Me dice y explica lo del baile.
—Entonces, ¿todo esto es real? Tú me estás pretendiendo. ¿Por qué en verdad lo deseas? ¿No es un juego? ¿O una competencia con el Marqués?
—Tú me conoces, sabes que con cosas así yo jamás jugaría. Esto es lo que quiero, lo que deseo. Sé que estás confundida, molesta y entiendo el porqué. Por eso te pido que me des la oportunidad de demostrar que todo lo que hago y digo es real, que mi único objetivo es hacerte feliz —Siento que no puedo respirar, esto es lo que tanto soñé, él de verdad quiere estar conmigo, no ha dicho que me quiere, pero sí que desea hacerme feliz —Solo di que si me darás esa oportunidad.
—Sí, yo quiero darte esa oportunidad —digo de inmediato y él me sonríe.
—Gracias, te demostraré que ya no soy ese niño molesto que disfrutaba con hacerte enojar, ahora soy un hombre que solo desea hacerte feliz y ver ese rostro siempre sonriente. Nos acercamos y yo siento un deseo inmenso de volverlo a besar, aunque no es debido, aunque esté prohibido. Quiero y necesito besarlo.
—Ya es tarde, Amber, es hora de regresar a casa —Elizabeth aparece, como siempre en el momento más inoportuno, él y yo nos separamos nerviosos, o bueno, eso creo yo, siento que él también estaba esperando ese beso —¿pasa algo?
—No, no pasa nada, vamos —digo con nerviosismo—, me siento descubierta por mi hermana.
—Esperen, yo las llevo, no permitiré que regresen solas —Anthony, nos lleva, todos vamos en silencio, Elizabeth, solo nos observa con una mirada acusadora y la vez creó que burlona.
—Amber, ¿puedo visitarte mañana para tomar el té?
—Sí, te espero —ambos sonreímos como tontos y Elizabeth, casi suelta una risa sonora, entrando la mataré, juro que la mataré.
Él se despide y se va. Elizabeth, sabe que, aunque sea una princesa, esté casada y sea madre, eso no la salvará de mí. Casi entra corriendo, yo voy detrás de ella, pero al entrar en casa, ambas nos quedamos sorprendidas al ver lo que nos espera. El salón está lleno de rosas rojas y blancas. Todo el salón está rodeado.
—¿Qué es esto?
—Son todos arreglos para la señorita Amber. Aquí tiene la nota que llegó con ellos —la tomo y abro.
“Ahora, si no habrá un rincón donde puedas botarlas, más bien ahora, a cada rincón que vayas, ellas estarán ahí recordándote mi presencia.”
Atte.: Anthony Duque de Edimburgo.
Pd. Espero que sepas el significado de ellas, y así te queden más claras mis intenciones.
—Amber quien mando esto realmente te ama, aunque creo que a mi padre no le hará muy feliz —Elizabeth dice, pero no soy capaz de responder, me quedo embelesada admirando todas estas bellas flores y llevando a mi pecho esa nota que ahora lo es todo para mí, es su confesión, esa confesión que he soñado por años.