Pensé que acabaría muy cansada por tanto baile y que me dormiría de inmediato, pero no fue así. Pasé toda la noche pensando en ese tonto, sus gestos, sus caras de molestia y las cosas que me dice. ¿De verdad no le interesaré como él a mí? ¿Será que me ve solo como su amiga? ¿Cómo la niña con la que siempre jugaba? ¿Le gustará Harper? Digo que es tan chocante, pero sé reconocer que es muy hermosa también y con ella bailo mucho.
No me di cuenta en qué momento me dormí, pero debió ser muy tarde y eso ocasiono que ahora me esté costando tanto abrir mis ojos.
—Amber, vamos, despierta ya. Tanto estuviste diciendo sobre este día y ahora no quieres salir de la cama —Mi madre entra y jala mi pierna por debajo de las mantas.
—Madre, solo un momento más, por favor.
—Amber, ya te dejé mucho tiempo, pronto estarán tocando la puerta una parvada de jóvenes, debes atenderlos.
Escucharle eso me hizo regresar a la realidad y me levanté de prisa. Mi madre me ayudó a alistarme y ponerme hermosa. Me sentía nerviosa y ansiosa, espero que sea él, el primero en el salón.
—Señorita Amber, han llegado dos caballeros, ya esperan en el salón —El ama de llaves, me dice con emoción.
—Bien, vamos, Amber, por favor, compórtate, sé amable con todos —Mi madre me dice como si fuera yo una niña chiquita que no supiera comportarse.
—No te preocupes, madre, ya no soy una niña y sé comportarme —A veces soy un poco rebelde, lo reconozco, pero solo con mi familia.
Me observo al espejo antes de bajar y me gusta lo que veo, solo espero que, a Anthony, le gusta cómo me he arreglado hoy. Sé que seguramente más caballeros interesantes pueden venir, pero a mí solo me interesa él. Claro, nadie lo sabe, pero en realidad soñé en este momento solo para por fin poder estar con él, dejar la fachada de amiga y que me vea como la mujer que sueña con ser su esposa.
Me paro frente a la puerta del salón y respiro profundo. Mis piernas tiemblan, es tan extraño, lo veo casi todos los días desde que tengo memoria, no sé por qué hoy me siento así. Abro la puerta y mis ojos se abren con sorpresa al ver quienes están esperándome en el salón.
—¡William!, padre, abuelo, ¿Maximiliano! —Digo con sorpresa e incredulidad, ya que los primeros a los que veo son a mi hermano, a mi padre, mi abuelo y hasta Maximiliano — Evans y Thomas, ¿ustedes qué hacen aquí también?
—¿Olvidaste, querida hermana, que ya es tradición que los hombres de la familia estemos presentes ante la visita de los pretendientes? —Thomas responde.
—¿Y desde cuándo es esa tradición?
—Lo hicimos con Elizabeth y no podemos dar preferencias, así que ahora te toca a ti —William, me dice sonriente como si esto fuera muy agradable. Pasé a los hombres de la familia y al fondo veo dos siluetas bastante atractivas. Una muy buena vista confieso.
—Marqués, qué gusto tenerlo aquí —saludó con una reverencia al Marqués.
—¡Anthony! —Digo su nombre con una sonrisa, él me devuelve la sonrisa y yo siento que mi corazón se acelera.
—Anthony, está aquí porque le pedimos que también estuviera presente. Él es como de la familia, es como otro hermano más y debe estar presente —Evans, me dice— y yo solo lo observo interrogante.
—¿Por eso estás aquí?
—Claro, ¿por qué más? Eres como mi hermanita, tenía que estar presente —dice como si nada— y yo por dentro siento que algo se ha roto, no sé si es mi corazón o mis ilusiones.
—Señorita Amber, déjeme decirle que hoy se ve especialmente hermosa —El Marqués, nos interrumpe diciendo y sonriéndome como siempre tan dulcemente.
—Es usted muy amable, Marqués, agradezco su cumplido.
—Solo digo la verdad, pero gusta acompañarme, quisiera mostrarle un par de versos que he escrito.
—Claro, tomemos asiento —le digo y voy con él a tomar asiento, dejando a Anthony, ahí de pie y solo.
El Marqués me recita un par de versos muy hermosos, dice que él los escribió y creo que tiene talento. En cada uno de ellos demuestra que es un hombre bondadoso. Su sonrisa limpia, su mirada dulce y profunda me dejan ver que es un buen hombre.
Estamos un par de minutos ahí, conversando bajo la atenta mirada de todos, en especial la de él, que nos mira de una manera tan profundo que cualquier podría pensar que es una mirada de hombre celoso, pero que hoy me ha dejado claro que, si es de celos, pero de celos de hermano, de un hermano celos y nada más.
Pronto llegaron un par de caballeros más y así transcurrió el resto de la mañana con caballeros yendo y viniendo. Justo como lo desee, un salón lleno de flores, obsequios y caballeros elegantes e importantes haciendo fila para conversar conmigo, aunque la mayoría salía casi huyendo al ver a los hombres de mi familia vigilando.
El único que permaneció firme y no se fue, fue el Marqués, quien no se fue y dejó claro a todo el mundo que su interés por mí está más que declarado y que será difícil compitan con él.
Claro, también Anthony, permaneció aquí, claro que en su papel de un hermano más, de un simple vigilante y nada más.
El marqués se despide y me invita a que mañana demos un paseo, no puedo negarme, aunque en realidad no me sienta de ánimos, pero creo que será lo mejor, se ha portado tan lindo, tan caballeroso, que creo será lo mejor, tal vez deba inclinarme por disfrutar más de sus galanteos y olvidarme de mis tontas ilusiones, esas que no tiene sentido de ser y las cuales no debería de seguir alimentando.
—¿Entonces saldrás mañana con él? ¿Ya te decidiste por él? —Anthony, se acerca a mí después de que el Marqués se fue y mi padre, abuelo, William y Max se han ido del salón y los tontos de Evans y Thomas, toman su cometa para ir a volarlo al jardín.
—Eso no creo que sea de tu interés.
—¿Quién dice que no lo es?
—Yo, y ya déjate del papel de hermano mayor que no te queda, para eso ya tengo, un príncipe como cuñado, a mi padre, abuelo y tres hermanos. Deja de fingir que te importo o que eres un hermano celoso. A quien elija es asunto mío. Ya terminó tu juego, ahora ya puedes irte, que quiero descansar.
—¡No! Yo aún no he terminado —se acerca aún más a mí, me toma de los brazos, quedando tan cerca su rostro y el mío.
—Amber, cariño ¡Ho, Anthony! No sabía que estabas aquí —mi madre entra y se sorprende al verlo —. Pensé que ya todos los caballeros se habían ido como vi a salir a tu padre y hermanos —Pero me da gusto que estés aquí, Anthony, ¿ya te ofrecieron algo?
—No, madre, él no está aquí por esas razones y ya se iba.
—Sería mucho pedirle una taza de té y un poco de su tarta de manzana, ya sabe que me encanta y vi que hoy prepararon —dice sin más y mi madre se queda un momento en silencio sin comprender lo que pasa.
—Claro, ya mismo pido que te sirvan. Toma, asiento, ya vuelvo. —Mi madre dice un tanto confundida y se va.
—Toma asiento —me dice en voz demandante.
—No quiero, tú puedes esperar tu tarta aquí solo, total ya eres como de la familia, hoy actuaste con un hermano más, bueno, pues como ellos espera tu tarta aquí solo —Digo y doy media vuelta para salir de ahí, muero por él, pero hoy fue muy claro y cruel, rompió mis ilusiones y no dejaré que sus tontos juegos de hermano mandón me confundan y dañen más.